Cristián de la Fuente se confiesa: "Nunca he dejado de ser niño"

Cristián es un hombre que, contrario a lo que la mayoría pudiera pensar, le dedica bastante tiempo a leer, reflexionar y compartir lo que la vida le ha enseñado. Definitivamente es harto más que sólo un hombre guapo y exitoso: es un padre cálido, y una pareja cómplice. De paso en Chile para conducir “Cabaret Burlesque” en TVN, ha aprovechado esta experiencia para aprender lo sano que es despojarse, no sólo de la ropa

 

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Por Angélica Salas. Fotografía: Gonzalo Muñoz.

Esta es la primera entrevista que me toca sentada en el pasto, bajo la agradable sombra de un árbol. Nos reímos porque en Wikipedia se dice de él que se fue a preparar en artes marciales en Japón, lo que no es cierto. "Lo he borrado varias veces, pero alguien insiste en reponerlo. Sí es verdad que soy cinturón negro en Taekwondo y Aikido" aclara.

Me comenta que el fin de semana vio una linda película con su hijita de ocho años, Laura, y confiesa que su favorita es "El Rey León"…, claro que también "Scarface".

Estar conversando así con alguien como de la Fuente, que ha tenido un gran éxito en otras tierras y que, por ejemplo, no puede caminar solo por las calles de México –donde es famosísimo y el cariño popular es potente– es un pequeño lujito que valoramos.

Es que así es la cosa. La teleserie "Amor Bravío" que él protagoniza encarnando a "Daniel" (un chileno que recibe una gran herencia, hecho que le trajo amor y complicaciones a su vida), fue un exitazo en el país azteca y en el público latino de EE.UU. Basta darse una corta vueltecita por los sitios de noticias de magazine mexicanos para comprobarlo.

¿Cómo vives el éxito de "Amor Bravío"? Sabemos que allá no podrías jamás caminar solo por la calle…

La llegada que tiene una telenovela en México uno no lo siente hasta que es el protagonista de una exitosa en ese país. Es raro, nunca lo había experimentado. Cuando pegaste allá, lo hiciste en un país de 150 millones de personas. La gente adopta con mucho cariño a los extranjeros, así le ha pasado a Beto Cuevas, que es un rockstar, o a los jugadores de fútbol nuestros. El mexicano cuando te quiere, te quiere siempre, y te quiere bien. Todos los comentarios son buena onda y el  cariño es incondicional. Cuando para ellos eres bueno, eres el mejor. En Chile ese cariño no es incondicional…

Agarra su celular y revisa los tuits de la gente cuando él aparece en pantalla: "Que te vaya muy bien hoy, buen programa", desde Panamá… "Sin duda el mejor: Cristián", desde México, y el infaltable "a quién le hai' ganao'! Dedícate a otra cosa!", de Chile.

"Acá el 90% de la gente es buena onda, pero por detrás dice 'chuta, a este gallo no le puede ir bien, tiene pura buena suerte'. Nos cuesta estar contentos cuando al otro le va bien. Ahora, así quiero a Chile. Tengo dos caminos: dejar de ser chileno, que no es mi opción, o decir, OK, tiene esto que me molesta, pero tiene un millón de cosas que amo, y me voy a concentrar en eso. Yo también he caído en pensar mal, ¡si soy chileno!".

Movido por los afectos

De la Fuente es un tipo que guarda sus mejores tiempos para la familia, con la siempre bella Angélica Castro, su hija Laura y los amigos. Le gusta celebrar en privado y relajarse. Tiene tan claro que es el presente lo único que se tiene, que trata que cada día valga la pena, hacer cosas que signifiquen y que el tiempo no pase en vano.

Desde tus actuales 38 años, ¿de qué modo imaginas tus 40?

Me cuesta pensar en los 40, porque me cuesta aceptar que tengo 38. No porque no los quiera aceptar, sino porque no lo asimilo. Me veo y me sigo comportando como lo he hecho toda la vida. A veces miro a la Laura y digo '¡8 años! ¡Y es hija mía! Soy papá y debería vestirme como papá, y no lo hago'. Soy bastante distinto a como uno veía a los papás de antes, de casi 40 años. Creo que la crisis de esa edad le pasa a quienes se avejentan muy rápido y sienten que se perdieron una etapa, entonces cuando llegan se dan cuentan que quieren recuperar lo que perdieron. Sigo andando en moto, usando mis Converse y soy un partner de mi hija Laura. Nunca he dejado de ser niño.

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