Esto es lo que pasa en tu cuerpo cuando aprendes a nadar

Pensé que después de faltar unos días por mi enfermedad se me olvidaría todo. ¡No fue así!

Por María Briones

Como les conté la semana pasada, estuve muy enferma y falté por cinco días a mis clases de natación. Me desanimé mucho y pensé que todo lo que había avanzado se me iba a olvidar. Cuando regresé me di cuenta que no, me sentí más segura, mi cuerpo naturalmente pudo hacer los ejercicios y siento que los hice mejor. 

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Aprendí a flotar, y eso para mi fue un gran avance pero… ¿y luego? Cuando estaba en el agua quería moverme, quería avanzar y nadar en el mar o en donde estuviera pero no lo lograba. Era imposible y solo podía moverme como un perrito (ya saben, solo moviendo los brazos). Después de tres semanas, mi respiración es mejor y creo que entiendo más la técnica de las brazadas. A continuación les muestro un video donde por primera vez noto que me veo un poco más "experimentada".

Me causó gracia que un par de chicas principiantes, pensaran que era de nivel intermedio cuando me vieron 'nadando' (sentí bonito). Siento que aun me falta un camino largo por recorrer. Sé que tengo que mejorar mucho porque me canso y es porque aún no puedo nadar y sacar la cabeza para respirar y volver a tomar el camino. Pero creánme, cada pequeño paso que he dado para mi ha sido gigante.

LOS BENEFICIOS DE LA NATACIÓN PARA MI CUERPO
Mi cuerpo ha cambiado, no quiero decir que ya tengo un cuerpo atlético o fitness, me refiero a que el dolor de piernas y de espalda (ese que te da por todo el estrés de la ciudad) se ha ido. Eso me ha hecho tener más ganas de seguir nadando.

A veces parece que no haces mucho porque no ves sudor o porque, más que estar cansada, sientes relajación al estar en el agua, por eso le pregunté al instructor cuántas calorías se pueden quemar haciendo natación ¡y la respuesta fue genial! Media hora de natación hace que quemes 300 calorías, una hora 600. Nadar es el mejor ejercicio que puedo hacer en la vida.

ALGUIEN APRENDIÓ DE MI
Nunca pensé estar en una situación así. Gracias a mí, una chica que va al gimnasio aprendió a flotar boca arriba. ¡Me preguntó a mi cómo flotar! Lo mejor es que pude decirle cómo hacerlo. Ese fue otro logro. Sabía cómo se sentía y recordé el momento en que yo pude hacerlo. No sé, quizá algún día me convierta en maestra de natación, o mejor aún enseñarle a mis sobrinos o a mis futuros hijos (uno nunca sabe).