Cómo cambiar tus hábitos mentales para tener una vida más fluida

Cuando quieras hacer algo y tu mente te diga: “no, es muy arriesgado, para qué intentarlo”, desafíate a ti misma.

Si estás leyendo este post, significa que estás dispuesta a enfrentarte a ti misma. Ojo, no es fácil; de hecho, una de las cosas más complejas para un ser humano es describirse a sí mismo, dejando de lado lo material o exterior.

Tenemos la pésima costumbre de pensar a través de un chip mental repleto de negatividad. Nos da miedo reconocer que somos optimistas, que amamos la vida y que estamos plenas, porque eso parecería injusto para otros que se sienten desdichados. ¿Cómo vas a demostrar tu alegría cuando hay tantas desgracias a tu alrededor?

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La verdad, es que asimilar las tragedias y los problemas de los demás como si fueran tuyos, sólo provoca que entres en ese mismo círculo, y al fin y al cabo, pasarás a formar parte de una masa de humanos pesimistas, cuando en realidad, quieres ser feliz.

Por eso es muy importante que observes cómo estás pensando. Cuando ocurre algo, tenga o no que ver contigo, ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza? ¿Tienes pensamientos neutros, o inmediatamente haces un juicio negativo?

Es imposible alcanzar tu máximo potencial cuando tu cerebro está en contra tuyo. Una parte de ti quiere hacerlo, pero otra, envía mensajes fatalistas, que te atrapan, no te dejan avanzar.

Cambiando el chip: cero negatividad

Considera que cambiar tus hábitos mentales implicará trabajo y esfuerzo. ¿Cuánto tiempo llevas reforzando los pensamientos negativos? Tendrás que instalar el chip de pensamiento positivo, y repetirte una y otra vez que la negatividad ya no es parte de ti. Háblate a ti misma, pero el diálogo ahora irá a tu favor.

Cuando quieras hacer algo y tu mente te diga: “no, es muy arriesgado, para qué intentarlo”, desafíate a ti misma. Comienza haciendo pequeños experimentos, un paso a la vez.

Cada día, propónte hacer algo que por lo general no haces porque crees que no eres capaz. Quizás no sea gran cosa, pero verás que poco a poco sentirás la diferencia y eso te dará el coraje para enfrentar las situaciones que generan cambios sustanciales en tu vida.

En vez de creer que eres la víctima, empodérate. Si vives culpando a los demás o a las “circunstancias de la vida” por las cosas malas que te pasan, nunca alcanzarás la plenitud.

¿Cómo vamos a ser felices, si los demás nos controlan? Esto no quiere decir que no sientas compasión por ti, que no seas capaz de perdonarte, sino que se trata de hacerte responsable de ti misma y si fallas, no definir tu propio valor como ser humano a partir de ese error.