Así es como el yoga cambió mi vida sedentaria

El único 'ejercicio' que hacía era correr para alcanzar el camión, hasta que las clases de yoga se cruzaron en mi camino

Por Olivia O'Gam

Desde niña mi mamá siempre me motivó a hacer ejercicio y al crecer, y comenzar a vivir sola, seguí a mi propio ritmo. No importaba si era haciendo hula hop o unos minutos de sentadillas y abdominales, tenía mi rutina. Con el tiempo el trabajo se convirtió en mi prioridad. No está mal, amo lo que hago, pero en 2016 algo cambió. Comencé a cansarme por todo: ir a la tienda, subir escaleras e incluso caminar un poco más rápido. Cada día despertaba más cansada y, al salir del trabajo, lo único que quería era meterme a la cama. Era un hecho que si me invitaban al cine me quedaría dormida a los pocos minutos de iniciar la película. Ahora tengo una colección de memes en las que mis amigos se burlan de que estoy dormida en las mejores películas. 

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Nunca imaginé que tomaría clases de yoga, pero este 2017 acepté el #RetoEnergyFitness y voy 4 días a la semana al gimnasio. La primera semana estuve muy nerviosa, nunca había estado en un gimnasio y la palabra yoga me causaba ansiedad. No era flexible y ya podía imaginar las carcajadas de mis compañeros al verme torcida como araña intentando hacer las posturas. No ocurrió así, por el contrario, recibí mucho apoyo de mis compañeros y profesores; especialmente me tranquilizó lo que me dijo la instructora Claudia Guerrero en mi primera clase: "Nunca digas no soy flexible, no puedo hacer yoga. La única parte que necesitas flexible para entrenar es la mente". 

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 Formada para el gimnasio, cuando solo me formaba para subir al microbús

Ya más relajada, comencé a seguir todas las indicaciones de los profesores, pero empezó a angustiarme no poder hacer esos espectaculares parados de cabeza. Afortunadamente, el yoga me ayudó a enfrentar estos sentimientos y aceptar que hay cosas que no puedo hacer ahora, pero que quizá después sí. Todo tiene su tiempo y su momento, aunque para los que somos Virgo todo debe ocurrir en el momento, todo debe ser perfecto o está mal.

Como chica sedentaria que pasa laaaargas horas sentada y que solo corre para alcanzar el camión, puedo decir lo que una semana de yoga ha hecho por mi, y que seguro también puede hacer por ti:

 – Mejora tu sueño. Ahora ya no duermo muerta de cansancio, sino relajada y al despertar me siento con energía. Es más fácil dejar la cama.

– Te ayuda a lidiar con el estrés. ¿Nunca has sentido que cuando se cierra el elevador vas a acuchillar a alguien con un lápiz? Yo sí, el yoga me ha ayudado a deshacerme de la carga de estrés que me mantenía ansiosa y decaída. 

– Te enfrenta con tus miedos y te reta a superarlos. 'No puedo, sencillamente, no puedo'. Así pensaba antes de tomar clases de yoga. Creía que había cosas para las que claramente era hábil y otras para las que no y que no valía la pena hacer el esfuerzo. Ahora he aprendido a vencer mis miedos y saber que puedo hacer cualquier cosa siempre y cuando esté decidida.

Si están iniciando, como yo, apuesten por Hatha Yoga (posturas que logran un equilibrio entre cuerpo y mente liberando elementos espirituales). No se preocupen si no pueden hacer el parado de cabeza, los instructores tienen otras posturas para ustedes y siempre pueden reposar en la postura que yo llamo galleta de jengibre (Savasana). Es mi favorita. 

También entren a clase de Vinyasa Flow, un tipo de yoga que a través de la respiración desintoxica los órganos y músculos del cuerpo. No se aburrirán, se los aseguro. 

Mi mayor reto, por ahora, es Of The Wall, donde las posturas son invertidas (algunas de cabeza) y en las que te sostienes con un cinturón. Vencer el miedo a sujetar todo tu cuerpo de algo frágil, es mi objetivo. 

Como tip final: cuida mucho tu respiración, pon tu mente en blanco en las clases y deja de pensar si eres flexible o no y descubre cada día cómo se va transformando tu cuerpo.