La columna del Dr. Valdés: Por un futuro sin prótesis mamarias

Esta semana no te pierdas la columna del cirujano chileno Héctor Valdés sobre el futuro de los implantes mamarios.

Así será. Y no porque a las mujeres les deje de importar el tener un busto estéticamente proporcionado a su estatura y peso, o quieran dejar de lado su aspecto más sensual y femenino, que es como toda mujer quiere verse frente a los demás y sentirse en su intimidad.

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El busto representa la forma de ser y proyectarse de cada mujer, desde siempre. Hace 200 mil años, la lactancia cumplía un rol fundamental en la sobrevivencia de la especie y el busto, mientras más voluptuoso fuese, más bello. Era muy común que las clases nobles y altas pagaran a nodrizas para alimentar a sus hijos cuando la leche era escasa, y muchas mujeres lo hacían para no sentirse menos femeninas y evitar ser rechazadas por sus maridos. Fue así como el tamaño grande de los pechos poco a poco dejo de ser y asociarse como una fuente de alimento segura para la crianza e indispensable en toda mujer.

Las imágenes de la mujer del Imperio Egipcio ya ilustran una mujer estilizada, con un busto de tamaño medio y muy proporcionado. Definitivamente el patrón de belleza había cambiado radicalmente. De ahí en adelante, la función de soporte y nutrición pierde la exclusividad en la valoración del busto, y la estética y juventud se hacen importantes.

El cuidado de esta hermosa parte del cuerpo de la mujer es milenario. Aceites, barro, leche de burra y masajes para tonificarlas, mantenerlas en su lugar y para prevenir la aparición de estrías, son prácticas que se realizan desde la antigüedad.

Recién en la década del 40 del siglo pasado, el cine norteamericano creó una imagen de mujeres en las que se asociaba belleza, sensualidad y glamour con un busto importante. Rita Hayworth y Ava Gardner son grandes exponentes de esta época. Fue entonces cuando miles de mujeres estadounidenses de busto pequeño comenzaron a consultar buscando una solución o alternativa. Luego de muchas pruebas y ensayos se dio con un material bastante bueno, de consistencia similar al tejido mamario y que casi no presentaba rechazo.

Hoy existen más de 15 millones de prótesis en el mundo.

Pero claro, inocuas no son. Más allá de la bonita forma que con ellas se consigue, persiste una larga lista de problemas, como endurecimiento e irregularidad visible en la piel, entre otras. Por lo mismo debemos tener una razón coherente para colocarlas y que el implante no sea un mero capricho, por seguir cierto cánon de moda o por una portada de revista.
Mi recomendación en caso de necesidad –por algún complejo, baja autoestima, extirpación de la mama– es siempre de un tamaño moderado, que se vea natural, sobrio e idealmente parezca propio, que permita hacer deporte cómodamente y así una larga lista… Quien lo lleve tiene que sentirse a gusto y sin limitaciones. Se deben evitar los que se sienten al tacto, o los muy grandes y pesados, ya que se termina cayendo con los años. ¿Lo ideal? Que sea tan natural que al cabo de un tiempo se olvide quien lo lleva puesto.

¿Lo perfecto? Estamos trabajando en ello: conseguir trasplantar tejido adiposo de otra zona para dar el volumen deseado sin material externo. Aún hay elementos técnicos que resolver. Esta opción se usa actualmente para leves aumentos; el inconveniente es la absorción del volumen del tejido implantado. Para permanecer requiere una trama vascular que no alcanza a desarrollarse en un par de horas, que de vitalidad al tejido adiposo trasplantado. Pero estamos en esto. Y sí, en el futuro cada mujer podrá tener el tamaño de busto y forma con el que se sienta cómoda, sin implantes. Ese es el futuro.