Por qué no deberíamos subestimar el poder de los pensamientos

Todas las ideas que ponemos en nuestras cabezas tienen alguna influencia en nuestra realidad. Incluso, pueden determinar el tiempo que viviremos.

“La causalidad es una relación entre un evento y un segundo evento, en la cual el segundo evento se entiende como una consecuencia del primero“. Seguramente conocen o han escuchado hablar del concepto de causa-efecto.

Tal como dice su definición, se supone que una cosa puede determinar o influir directamente en otra. Apliquemos este concepto a los pensamientos y la realidad: ¿podemos decir que los pensamientos son la causa y la realidad el efecto?

Durante muchos años, diversos investigadores y especialistas han dedicado su tiempo a estudiar la conexión que existe entre lo que pensamos y lo que ocurre en realidad.

Libros como El Secreto de Rhonda Byrne o La Llave de Joe Vitale hablan justamente de este tema. En estos textos se usa el término de la “ley de atracción” para explicar cómo podemos determinar nuestra propia realidad, visualizándola o disponiéndonos a que sea de cierta forma.

En un artículo del portal de psicología Psychology Today se cita algunos estudios que han comprobado la capacidad que tenemos para moldear nuestra vida a través de los pensamientos.

Según el texto escrito por Juliana Breines, los pensamientos pueden influir en tres dimensiones de la vida de las personas: nuestro comportamiento, el comportamiento de los demás y la salud.

sunset4015411280.jpg

(cc) Unsplash / Pixabay

Por ejemplo, un estudio hecho por Sandra L. Murray (Universidad Estatal de New York en Buffalo) y John G. Holmes (Universidad de Waterloo) reveló que los pensamientos también pueden influir en las relaciones de pareja.

Los investigadores observaron que cuando uno de las dos personas idealiza al otro, las relaciones pueden ser mas duraderas.

Esto tiene que ver con que la idealización de una de las personas hace que el otro sienta más confianza en sí mismo, y producto de esta sensación de seguridad, la persona idealizada se comportará de forma más generosa.

Lo mismo ocurre cuando una de las personas en la pareja percibe al otro de forma hostil. Cuando uno de los dos siente o sospecha que su pareja se comporta de forma inadecuada, ese pensamiento puede influir en su propio comportamiento.

Otro ejemplo, es el efecto placebo. Se ha comprobado que las personas pueden mejorar o sentirse mejor sólo al creer que están tomando un medicamento que los hará mejorar, aunque ese medicamento no tenga ninguna sustancia que influya en eso.

Hay cosas de la vida que no podemos controlar, pero podemos poner toda nuestra intención para que sea lo mejor posible.