¿Haces ejercicio y no ves los resultados?

Das tu máximo esfuerzo y no ves cambios. ¿Te suena a historia conocida?

Cuando partes una rutina de entrenamiento te encuentras llena de energía y motivación. Las primeras semanas y meses eran los más fáciles de llevar: te notabas más delgada y tu condición física mejoraba notablemente desde el momento en el que comenzaste a ejercitarte. Pero un buen día llegó el temido estancamiento y no pudiste seguir notando cambios. Si ésta es tu situación, te encuentras en el momento ideal para modificar tu plan de entrenamiento. Aquí te contamos cómo puedes hacerlo:

Dejar de hacer las mismas cosas

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Tal vez encontraste una actividad deportiva que te va bien: ciclismo, zumba, running, elíptica, o cualquiera otra. Si comienzas a realizarla con frecuencia, encontrarás que se te dará cada vez mejor, por lo que los avances físicos que comenzaste a percibir al inicio del entrenamiento fueron parando. ¿La solución? Intenta probar algo nuevo y que esté relacionado con tus objetivos: si quieres mejorar la flexibilidad puedes inscribirte en una clase de yoga, si necesitas aumentar la musculatura, añade algún tipo de entrenamiento con resistencia. Todo está en saber escoger.

No comas lo que no debes

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Llegas de tu entrenamiento y calculas que gastaste una cierta cantidad de calorías, lo que, en teoría, te permitiría comer algo que está fuera de la dieta, o lejos de ser un producto sano. Si tienes un pulsómetro tal vez te estás dejando engañar, puesto que generalmente arrojan datos por encima de lo real. Por otro lado, si lo que quieres es bajar de peso, sí o sí debes mantener un déficit calórico saludable. Haz un esfuerzo por comer más sano y en cantidades aptas para una dieta equilibrada. Procura comer sentada y saborear cada bocado, te sentirás más satisfecha.

Más esfuerzo, mayores resultados

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En general, está demostrado que para perder peso importa más la intensidad del entrenamiento que su duración. Como ya leíste arriba, tu cuerpo se adapta rápidamente a la misma rutina de ejercicios, ya sean tramos de velocidad o largas jornadas de trote suave. Si incorporas algún tipo de trabajo intenso de forma gradual, y a intervalos,  podrás notar mejoras considerables

Adiós cansancio

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Si no estás durmiendo lo suficiente, o estás en una semana crítica en tu trabajo, tu cuerpo no podrá adaptarse bien a la influencia que tiene el ejercicio sobre tu cuerpo. Dormir lo suficiente es algo fundamental para que tu musculatura se recupere después de una rutina de ejercicio. Por otro lado, el estrés puede afectar tus hormonas y hacer que se acumulen adiposidades donde no deseamos. Intenta dormir al menos siete horas y busca formas de eliminar el estrés de tu cuerpo y mente.

¡Levántate!

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Tal vez estás pasando mucho tiempo sentada cuando no estás realizando actividad física. Ser sedentario es un mal hábito, y aunque muchos trabajos obligan a pasar largas horas frente a un escritorio, procura tener tiempo para moverte. Intenta caminar durante la hora del almuerzo, sube siempre las escaleras y evita los ascensores.

No seas tan dura contigo misma

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Quizás tus expectativas respecto al tipo de entrenamiento que estás realizando son muy altas. Muchas somos las que tenemos una imagen fija en nuestra cabeza sobre lo que deseamos ver en el espejo, o lo que deberíamos estar pesando, y llegamos decepcionadas cuando no conseguimos las metas que nos propusimos en un principio.

También suele suceder que nos enfocamos demasiado en una zona que no nos agrada de nuestro cuerpo, dejando de mirar las otras que sí han avanzado más. Intenta darte cuenta que estás cambiando cuando tus jeans te suben de forma más rápida, o cuando puedes subir escaleras sin cansarte. Estas pequeñas victorias te ayudarán a seguir.