Persiguiendo la vacuna antigripal

vacunas1.jpg

http://todosobresaludyenfermedades.blogspot.com

Hace rato que quería ponerme la vacuna anti influenza, más por insistencia de mi madre, sobre todo este año, en  que por primera vez vivo lejos de casa y cuando ella más se preocupa  por mi salud. Igual tenía mis razones para quererla,  sobre todo, porque  el poco tiempo que llevo en Santiago en la época semi fría bipolar, me he resfriado unas tres veces, por lo que mantener analgésicos y antigripales a mano es algo habitual.

En fin, se me fue pasando el tiempo, y ahora ya estaba en el límite de la temporada para adquirir la anhelada inyección de anticuerpos. En otras ocasiones me habían puesto la vacuna por el sistema público ¿ya les conté que soy asmática? Y bueno, uno siempre tiende a creer que cuando lo pagas, el servicio es mejor y más fácil. En mi caso, no fue así.

Primero, me enteré de que en todas las farmacias vendían la vacuna, pero para mi sorpresa en muy muy pocas de ellas existe un servicio de enfermería para que efectivamente la recibas. Tomando en cuenta que la famosa bolsa de bichitos tiene una vida fuera del refri de una hora, simplemente no puedes llegar y comprarla. Por el contrario, debes tener certeza de que te la podrás poner a tiempo. Ahí empieza el dilema ¿alcanzo o no alcanzo? Desde el lunes empecé a pasar a farmacias, hasta finalmente enterarme de donde había una que tuviera el servicio aquel.

Por fin, hoy, pedí permiso en la oficina para arrancarme unos minutos- pensé- ya que justo la farmacia con enfermería se hallaba a unas dos cuadras de la empresa.  Llegué, saqué mi numerito y pacientemente, muy pacientemente esperé la escurridiza vacuna.  “¿Tiene la vacuna antigripal?”, pregunté esperanzada, “sí”, dijo la dependiente desapareciendo tras los estantes. Volvió con un paquete envuelto en una bolsa que mantiene la temperatura, de color aluminio.  “Excelente”, pensé. “¿Aquí hay enfermería?”, siempre es bueno confirmar. “Sí”, volvió a responder.

Todo bien hasta ahí, la vendedora marcó el producto y estaba punto de pasar la red compra, cuando otra le dice “estás segura de que hay, ayer no habían”, sin darme explicaciones, la que me estaba haciendo la venta desaparece, le habla a alguien y vuelve sin mi vacuna. “Lo siento, estaba vendida”, dice. La quedo mirando plop y le pregunto, dónde más puedo comprarla, y me dice que vaya a otra farmacia de la misma línea a varias cuadras o a la de la competencia y que tras cancelar la postura igual la podía recibir.

Indignada y sin mucho tiempo, a esas alturas tenía entre ceja y ceja que no volvería  sin mi dosis, así que emprendí camino hasta la farmacia de la competencia, donde no me supieron decir dónde más había vacunatorio. Seguí avanzando tres cuadras y me encontré otra farmacia de la misma cadena de la primera. Así que  tras volver a esperar pacientemente mi turno, adquirí la vacuna y corrí de regreso a la primera.

No obstante, la dependiente me indicó que la enfermería no estaba allí, sino  ”a la vuelta”, en una galería. Resignada, pues ahora que tenía la vacuna no podía retroceder, porque los bichitos morirían, fui al lugar indicado. Toqué la puerta, salió la enfermera y me dijo que la esperara  “un minutito”, que resultó ser el más largo de mi vida. Media hora después, por fin, me vacunó. No se tomó ni 30 segundos en atenderme.

Mientras corría de vuelta al trabajo, me decía que definitivamente pagar por tus medicamentos no garantiza una buena atención. Ahora sólo espero que la vacuna haga efecto y que todo esto haya valido la pena.