Colombia

"Mujeres Vestidas": un viaje por la Historia a través del vestido femenino

La crítica, ensayista y escritora de moda cartagenera Vanessa Rosales condensa en su libro todo lo que puede abarcar la moda en la sociedad.

Luz Lancheros

¿Cuál es el significado de que una mujer acorte su falda o de que una mujer de Ibagué se ponga un jean levantacola? Todas estas implicaciones, culturales, históricas, políticas y sociales, desde lo universal hasta lo local, son las que toca el libro “Mujeres Vestidas”, a través de un fascinante viaje que abarca desde la historia de la moda hasta cómo se ve el tema en la Colombia contemporánea.

Publimetro habló con su autora, la escritora y crítica de moda con maestría en Fashion Studies de Parsons, Vanessa Rosales, quien a través de temas como el feminismo, o prendas como el dénim pone a la moda como un tema intelectual a nivel editorial por primera vez en Colombia.

¿Cómo condensaste tantos temas y los hilaste hasta llegar a la moda colombiana?

Creo que los trece ensayos son un reflejo significativo de mi sentido personal de mezcla y eclecticismo. Mis intereses personales por la estética pueden ir desde la Londres post-punk de 1980 hasta la magia exuberante de La Fania, en la Harlem sesentera. De cierta manera, la idea era crear una mezcla estimulante, entre lemas atemporales, temas contemporáneos y esos grandes ejes alrededor del vestir que permiten reflexionar sobre la moda a través del tiempo. El esquema original, de mi propuesta a la editorial, tenía esa intención: que el libro fuese una cartografía ecléctica.

 

El libro es un viaje que te lleva por infinidad de épocas y crea un viaje placentero.

Una de las mayores intenciones del libro es sembrar una semilla: la de encontrar y crear literatura en español que le de a la moda un tratamiento más pensativo. Creo que esa variedad de elementos – el pasado, el presente, la actualidad, la teoría, los fenómenos actuales y la historia – hablan mucho también sobre mi perfil como pensadora. Me formé en filosofía, en historia, en periodismo vieja guardia y en teoría de la moda. Soy una mujer de la era digital, que adora el género del ensayo y que también se sumerge como en un hechizo en la literatura. Creo que toda esa hibridez es un reflejo de mi temperamento y mi forma de pensar y escribir el mundo.

¿Crees que en el panorama digital, los personajes hiperfigurativos y sobreproducidos , llegarán a aburrir para que el internauta busque otro atisbo de autenticidad, o es una palabra sobrevalorada?

Creo que la autenticidad es uno de los grandes lemas de esta era nuestra, donde el exceso de información ha propiciado estas tendencias de la consciencia y el auto-conocimiento. Pero también lo es el exceso de imagen. Y existirán, tal vez, audiencias para todo lo que encontramos en esa posibilidad constante de profundidad y de superficie. En lo personal, creo que hay temas – del alma – inefables, que se sienten, que conectan precisamente desde esa difícil y esquiva posición que es la autenticidad.

 

Ahora, hablemos de feminismo, otro gran tema en “Mujeres Vestidas”. ¿Por qué a pesar de todo lo que ha cambiado para nosotras en los últimos años , los conceptos de sexo, deseabilidad, atractivo, siguen siendo tan dicotómicos y tan polémicos? Podemos vestir pantalón, pero nos acosan y nos culpan por usar faldas cortas, por ejemplo.

Para mi eso tiene profundas raíces en la tradición religiosa, en nuestro caso, en la judeocristiana. Son siglos de concebir la feminidad desde la dicotomía que mencionas. ¿Cómo vamos a amarnos las mujeres cuando nos han enseñado, durante siglos, que solo podemos concebirnos en una dualidad improbable? ¿Cómo vamos a estar cómodas con nuestras contrariedades cuando nos han enseñado, de todas las maneras posibles, a que debemos rechazar nuestra mismísima humanidad femenina? El machismo no es solo un esquema externo que está en las expresiones del sistema judicial, en las expresiones cotidianas y afectivas hacia la mujer – también es una presencia interiorizada por las mujeres mismas. Mi segundo libro es mucho sobre esto.

Pasemos al último capítulo: ¿cómo ves el panorama de moda en Colombia, tan bien condensado en tu libro? Sobre todo en temas de identidad.

Creo que la moda, en un país como Colombia, refleja altamente rasgos inescapables de nuestra identidad. Somos un país acomplejado, que rechaza lo propio porque, en esencia, somos un lugar desraizado, colonizado, fundamentado sobre la violencia misma. También sí es cierto que hay ese elemento de señorialidad persiste por nuestro sistema de clases. Nuestra asimilación de la moda en general suele estar marcada por estos síntomas. Asimilamos desde el rechazo de lo propio, desde la aspiración a ser modernos (hoy globales), desde la literalidad.

 

Siempre en la tarea de analizar lo que significa ser mujer – a través del tiempo y en esta época. Por ejemplo: a las mujeres nos enseñan, entre otras cosas, a no confiar en nuestra voz interna. Nos enseñan a dudarnos. A no sentir certeza con lo que nos dicta el centro interior. Mucho de lo que encontramos en la atmósfera, desde que estamos pequeñas, parece estar hecho para que aprendamos pronto a dudarnos. Tendrás que ser esto o aquello para merecer la mirada del amor; lo que sientes bien puede ser falso porque no concuerda con una voz exterior; lo femenino no es confiable porque no concuerda con las lógicas masculinas de percepción. Estas ideas palpitan en lo que vamos aprendiendo es ser mujer. Esto tiene que ver con varias cosas históricas. La primera, los hombres siempre, durante siglos, tuvieron una posición de poder y acción. En esos esquemas, nos enseñaron a que, las mujeres, como seres “secundarios” e “intrascendentes”, debíamos rendir siempre pleitesía al varón. Todo lo masculino era sinónimo de verdad y de razón. Hay vestigios de eso aún. También un tema en cómo las formas de leer el mundo – analizarlo, representarlo, interpretarlo – han sido contadas desde la mirada masculina. La racionalidad instrumental se convirtió en la forma de conocimiento “verdadera”. En ese esquema, las lógicas femeninas se construyeron como “irracionales”, “sensibleras”, de una emotividad que les impide veracidad. Machismo también es que las mujeres solo concedan verdad a lo que proviene de los hombres. Machismo también es que los hombres traten los asuntos femeninos – la forma en que piensan y siente las mujeres como algo secundario y sin sentido. Confiar en esa voz interior, confiar en sí, escucharse, reconocerse – tenerse como fuente primordial de certeza y luminosidad: uno de esos grandes retos femeninos que levantan tantas espinas y que nos permiten sentir una auténtica fuerza. Ese reto que es aprender a escucharnos a nosotras mismas. No depender de guías externas. Aprender a rendir veracidad a nuestro fuero interior, nuestro sentir, nuestra percepción. Mayo, mes de #MujeresVestidas y #MujeresPoder Otro retrato del luminoso @juanmoore__

Una publicación compartida de Vanessa Rosales (@vanessarosales_) el 7 de May de 2017 a la(s) 5:32 PDT