Los bordados ecuatorianos, reconocidos en las vitrinas internacionales, por su toque cultural andino

Los bordados de Zuleta, en Imbabura, buscan el Sello de Denominación de Origen (D.O) por su riqueza cultural en sus prendas. Cacao Arriba y el Sombrero de Montecristi son dos productos nacionales que ya lo obtuvieron.

Por Gabriela Vaca Jaramillo

Los colores vivos, el relieve y las formas de los bordados hechos en varias localidades ecuatorianas dan una autonomía cultural a las etnias indígenas del país. 

Ivonne Jaramillo, una ecuatoriana que vivió en Roma, por más de dos años, cuenta que en las plazas europeas pudo distinguir las prendas con bordados nacionales. "Acá llegan muchos compatriotas a ofertar gastronomía pero también artesanías y ropa andina, algo que encanta. No son los únicos porque también hay varios comerciantes mexicanos que también tienen una moda étnica muy particular y, en algunos casos, parecida a nuestras culturas.

Pero uno que conoce su tierra se da cuenta cuáles son las prendas que nos caracterizan. Son especiales, llevan nuestros recuerdos ancestrales y sobre todo el color. Sus bordados están plasmados en sombreros, camisas, blusas, carteras, billetaras, bufandas, en fin, hay un amplio abanico de ellas con este toque indígena", cuenta.

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Jaramillo, quien ha trabajado en el consulado ecuatoriano en varios países, detaca que en  Europa, aquellos productos trabajados con procesos ancestrales y a mano, tienen un alto valor. Esto, principalmente, porque son prendas exclusivas, es decir, una camisa nunca va a ser repetida por alguien, todas son elaboradas con distintivos originales y únicos porque no se producen en masa.

Varias marcas de ropa se han creado a nivel nacional e internacional acopladas a los diseños de los bordados andinos, incluso le han dado el plus en la fusión de moda moderna con la ancestral.

Los artesanos de la Sierra son los expertos en este arte, principalmente aquellos de las localidades de Juigua, Natabuela, Otavalo, Salasaca, Cacha, Cañar, Sigsig, Salcedo, Carchi, Zuleta, Cuenca, Cotopaxi, Cayambe, Colta, entre otras.

Por ejemplo, los bordados de Zuleta, comunidad ubicada al suroriente de la provincia de Imbabura, son uno de los productos nacionales que buscan obtener el Sello de Denominación de Origen (D.O), que se entrega por ser originario de una localidad o región que, por su calidad y características, pertenece de forma exclusiva a ese medio geográfico y los bordados de Zuleta cumplen con estos estándares, al igual que los productos nacionales Cacao Arriba y el Sombrero de Montecristi que ya tienen el sello.

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Con este distintivo D.O., tanto el comprador como las bordadoras tienen la garantía de tener un diseño que pueda ser preservado y con la restricción de ser plagiado además de mantener un saber ancestral parte de una cultura del patrimonio inmaterial de la humanidad.

Puede que en otros países vean a los bordados como algo fashionista y distintivo pero para quienes los diseñan tienen un significado que trasciende. Por ejemplo, las blusas y camisas tejidas a mano, las más compradas a nivel mundial, simbolizan su arte, pensamiento y trabajo. En las comunidades son usadas en actos de relevancia y son consideradas de lujo.

Tanto los puños como el cuello tienen una tela más fina, que representa la limpieza espiritual de quien la usa y en el caso de las blusas que llevan figuras de flores coloridas se busca mostrar el amor y la luz que desprende quien la luce.

Según registros, las prendas fueron introducidas en los años 50 como influencia española. Las mujeres llevan en sus bolsos: lanas, hilos agujetas y crochet. Esta costumbre la mantienen hasta la actualidad, pues su creencia era siempre mantener las manos ocupadas y además representa un ahorro económico, al ser ellas quienes diseñan y crean las prendas.

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Hoy en día, no sólo la moda prima en este arte sino que los accesorios como bolsos, tapetes, manteles, billeteras y otros artículos son asediados en los mercados locales y de afuera.