Vitrinaboga: Texturas para el frío ¡Atención hombres!

No te pierdas la columna de Benja Valdés.

Cuando dicen pata de gallo, lo primero que se me viene a la mente son esas curiosas hendiduras que cada vez se hacen más frecuentes y profundas alrededor de mis ojos. También me imagino un matadero de gallinas, y nada precisamente elegante. Pero la verdad es que nos referimos a un patrón geométrico de cuatro puntas que abstractamente se asemeja a su nombre. Por suerte tiene otras derivaciones, como pied de poule, su denominación en francés, y en inglés obedece al término houndstooth.

Básicamente se trata de un dibujo bicolor, tradicionalmente en blanco y negro, pero con estas cosas de la moda y la modernidad, lo hemos visto resplandeciendo hasta en colores flúor.

El tejido, de origen escocés y oriundo de Lowlands, entra de lleno en el mercado un día de primavera en 1933, cuando una casa de modas de Nueva York llamada De Pinna lo introdujo en su colección de verano para trajes de caballeros.

Usarlo es bien sencillo, ya que es un print que no interfiere con otras prendas porque se manifiesta casi como una textura. En trajes queda perfecto, y muy estiloso; en bufandas es un clásico para levantar un look, y hoy se ha visto incluso en poleras y camisas, y funciona bastante bien, aunque me parece que es la versión más pop y menos elegante.

El legado de aquel elegante punto perdura todavía, y nuestros ancestros han sido testigos de su constante reinvención a lo largo de los años. Por esa razón se desempolva con éxito cada invierno en mi sección de bufandas, un exquisito ejemplar que robé años atrás de la casa de mis abuelos, sabiendo que esta herencia forzada sería una carta ganadora para el resto de mi vida.