Los zapatos que quiero usar

Todo por ser alta

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No es que no me gusten los zapatos altos. No es que no tenga. No es que no use. Pero la verdad, no uso. Hasta ahora, que me compré unas botas tipo vaqueras color camel de ocho centímetros de alto. Aún no me atrevo a usarlas todo el día. Es que yo no las vi tan altas cuando las compré. Mi vieja me dijo “cámbialas por las otras más bajas”. No lo haré, me gustan demasiado.

Pasa que tengo varios zapatos con taco: zapatos azules brillantes, sandalias de fiesta, botas bucaneras negras en punta con taco clásico, mafaldas de charol que no he debido usar en conciertos, y ballerinas de taco chino. Pero no los uso regularmente. No porque no me gusten, sino porque simplemente no se da la ocasión.

Durante un tiempo, encontraba que nada que ver que una mujer joven usara tacos de día. Creo que tenía que ver con que por esos años, estaba de moda un cierto tipo de taco que no me gustaba no más. Probé con unas botas, pero me sentía una vieja ridícula. Las usa mi mamá. Bueno, ella las pagó así que qué tanto. Pero ella no se ve ridícula. Así que durante los años que siguieron, compré exclusivamente zapatos planos. Botas, botines, ballerinas, sandalias, zapatillas. Todo plano. Mala idea.

¿Por qué?

Porque lo único que quiero ahora es que todos mis zapatos sean tacos. Compré unas plantillas “elevadoras” pero no funcionaron: sólo funcionan para los zapatos que están más de moda, tipo bootie o sueltos en la pantorrilla (que permiten el ingreso tanto de la plantilla como del pie). Pero con las “anticuadas” botas planas con cierre, es lo uno o lo otro: plantilla o pie. Por suerte la niña que me vendió las plantillas me permitió devolvérselas.

Como eso no funcionó, y no voy a endeudarme comprándome de una muchos pares de zapatos para reemplazar los que están buenos, tuve que asumir que durante un tiempo usaré zapatos planos. Tampoco es tan malo. Es cómodo y bueno para la salud. Y una le cae mejor a las hormigas.

Pero pucha, quiero ser alta. Sólo un poco. Así que cuando mis botines beige gamuzados dijeron no más (Nota, los zapatos gamuzados tienen pésima vejez, no los compren). Dije: me merezco botines con taco. Eso fue el año pasado. Quería encontrar el zapato perfecto para mí.

Los requisitos de los botines que quería comprar eran:

1.- Que su color fuera  camel. No beige, no taupé (que es una mezcla entre beige y gris), no marfil. Camel. O  caramelo.

2.- Que estuvieran hechos de cuero por fuera y por dentro. O al menos de badana. Más abrigado, dura más y se ve mejor.

3.- Costara menos de $40.000

4.- Tuviera un taco cómodo de al menos 5 cm. Ojalá taco interno o taco chino.

5.- Su punta no fuera “directa” al suelo. O sea, que la suela sobresaliera algunos milímetros. Odio las puntas peladas.

6.- Que no fueran modelo vaquero, ni bucanera, ni bototos.

Si bien siento que mis requisitos no eran tan exigentes, me costó mucho encontrar unos botines de mi agrado. Debe ser porque están de moda los bototos, zapatos estilo Oxford (ojo, estuve en esa ciudad y nadie usaba eso) o botines con cordones. Y de otros colores, no camel. O de un largo a la rodilla que me hace ver chiquitísima. O que cuestan 100 lucas.

Pero un día, cuando estaba camino a una inauguración con una amiga los vi. No tenían taco interno ni taco chino, y el modelo tenía reminiscencias vaqueras; sin embargo, no eran tan puntudos ni tan dibujados. Me gustaron, y mucho. Los vi en el barrio Bellas Artes, en la tienda Karmyka, en la calle Merced, en el número 336 y Local 5 (Aunque da directo a la calle, que las encontré) “Pucha, pero son muy altos” dije “nah, si son como cinco centímetros no más” (Dijo mi amiga). Cinco centímetros, pensé… no es tanto… y sólo se salen $4.990 del presupuesto… no es tanto tampoco…

Entendí que  debía meditarlo un poco más por lo que salimos de la tienda y seguimos caminando por ahí mientras hacíamos hora… llegamos a la inauguración y me dije, ya, si saliendo de acá la tienda aún está abierta, me las compro. Y lo estaba. Y los compré.

Llegué a la casa y me di cuenta de inmediato que el taco era muy alto. Tomé una regla y lo medí. Ocho centímetros.

He postergado vestirme con colores que ameriten usarlas; con la excusa de que tengo que ir para allá o para acá y que caminar más y porque quiero ponerle una suela especial antes de echarlas al trajín. Las usé un rato algunos días y cuando he llegado temprano, me las he puesto en vez de ponerme mis pantuflas. Me tengo que acostumbrar. Me tengo que acostumbrar. Me tengo que acostumbrar. Lo he decidido, mañana las usaré todos los días. Les cuento como me fue.

Ustedes, ¿Tienen algún zapato de taco que están tratando de usar y no lo logran?