Millonaria muere en el silencio

Sólo con la compañía de sus muñecas

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Si tuviera mucha plata, me compraría una super cámara de fotos, pediría un mes de permiso en la pega y me iría de viaje. Visitaría a mi prima en Alemania, a mis tíos en Madrid, a un tío en París y revisitaría varias ciudades de Europa con calma. Lo haría en clase económica porque soy joven y encuentro ridículo pagar las tarifas de bussiness o de primera.

Volvería y negociaría trabajar menos horas aunque me pagaran menos, me inscribiría en un gimnasio al que iría en forma sagrada todos los días; iría a todos los eventos que me invitaran, recorrería los museos, librerías, tiendas, paseos, jardines y hasta malls de mi ciudad, realizaría algún trabajo voluntario, leería todos los diarios y al menos le dedicaría dos horas a la lectura de libros al día. Tendría tiempo para todo y para todos y tendría una vida plena y feliz. Me daría lo mismo que todos quisieran sacarme fotos y entrevistarme. Sería el costo que habría que pagar. Quizá compraría un departamento pequeño que le prestaría o arrendaría a un precio simbólico a algún pariente y otro un poco más grande para vivir yo.

Quizá compraría el auto más ecológico que pudiera encontrar pero seguiría moviéndome en metro, micro, bici y pata para donde pudiera. De seguro tendría un buen plan de salud y seguro. No creo que me compre joyas, ropa de diseñador, cremas de oro o me opere entera. Al menos no altiro. No compraría ninguna cosa cara que se pudiera quebrar: ni jarrones de porcelana, ni vasos de cristal, ni vajilla fina ni nada de eso. Saldría a comer más seguido probablemente, pero jamás renegaría del placer de un plato de arroz bien hecho con un huevo frito encima y tomate picado al lado. Haría un huerto y cultivaría mis propios vegetales, y pensaría en consumir más productos orgánicos. Formaría una familia si pudiera y compartiría mi amor. Tendría una vida plena.

Pero nunca, nunca ¡Nunca! me encerraría en mis cuatro o mis 1.000 paredes y desaparecería de la tierra. No me gustaría que cuando todos se preguntaran dónde estoy, nadie se enterara. ¿De qué me  serviría mi ropa linda,  mi maquillaje  de calidad, mi cuerpo siempre descansado y mi mente siempre activa?

Eso fue lo que hizo la multimillonaria Huguette Clark cuando heredó muchos millones de dólares. Se negó a tomarse fotografías, dar entrevistas, asistir a eventos, viajar o incluso, salir a tomar el sol al parque. La hija del empresario del cobre y del ferrocarril, y que convivió en su infancia  con los Rockefeller y los Guggenheim, se escondió en su mansión con la sola compañía de sus muñecas.

¿Cómo se explica esto? ¿Habrá sufrido de algún terrible accidente que deformó su rostro?¿Habrá tenido fobia social?¿Le habrá dado vergüenza el modo tan criticado de cómo su padre amasó su fortuna? Nada se sabe; sólo que pasó sus últimos días en un centro de atención de salud, con un nombre falso en una pieza con una puerta con un número falso sin ver a nadie.

¿Cómo se lo puede explicar uno? Habiendo tanto mundo que ver, por más plata que tuviera, ni cagando me encerraría. Bueno, quizá por una  semana para dormírmelo todo. Nah, para descansar tenemos la eternidad. Y si la eternidad no existe, poco habría de importarnos, total, estaremos muertos, ¿O no?

¿Qué harías tú si tuvieras plata?