Fiesta de graduación para adultos: ¿Repetirías tu graduación?

Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad

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Yo no tuve tiempo para buscarlo y mis papás no tenían lucas para comprar un vestido nuevo. Mi hermana me prestó uno que me quedaba bien pero no era lo que yo quería, y me regaló la peluquería, pagándome una promesa que me hizo cuando yo era muy chica. Me hice un peinado digno de los Oscar, totalmente adhoc con mi larguísimo pelo y pésima chasquilla que me cortó una compañera pocas semanas antes.

Fui con un amigo al que ya no veo (y que fue con camisa manga corta: siempre lo odié por eso) me tomé sólo dos de los cinco tragos que me correspondían y el café que me sirvieron en una taza picada me cayó pésimo a la guata.

Sin embargo, igual  lo pasé bien, y creo que no lo repetiría; me gusta arreglarme y todo eso, pero gastar tanta plata por las puras… creo que paso. Pero no todos piensan así.

Navegando por el NY Times, me encontré con esta curiosa noticia: adultos reviven su fiesta de graduación. No se trata de reuniones de ex alumnos, sino de organizaciones benéficas que vieron en esto una excelente oportunidad para juntar fondos: Decoración tipo “Prom”, con elección de rey y reina incluidos. También hay varios detalles retro, como fotos instantáneas de los candidatos que circulan por las mesas para “hacer campaña”.

En el artículo entrevistan a una mujer que está lo entusiasmada: se compró un vestido llamativo y zapatos brillantes  gastó unas buenas lucas en un spray de bronceado y otras más en un súper peinado, maquillaje y uñas postizas. Ella fue con su marido, quien le regaló un tremendo “Corsage” (arreglo floral que se coloca en la muñeca de las señoritas). Otras mujeres refaccionan sus vestidos de novia o se las arreglan para usar EL MISMO  vestido que para su fiesta. Igual tiene un poco de sentido; en la adolescencia frenillos, inseguridades o cero gusto estético pueden habernos hecho parecer unos verdaderos esperpentos. Al menos yo soy mucho menos fea ahora que a mis 17; hay que decirlo.

Obviamente no hay chaperonas que vigilen el comportamiento, ni un padre que espera en la puerta con el reloj en la mano y el alcohol fluye con facilidad. Así que las posibilidades de “Wild on” son bastante más grandes; aunque finalmente, igual los invitados se van temprano, ya que están medios cansados pues ya no tienen 17 años.

¿Y tú, irías de nuevo a una fiesta de graduación?