Aprendiendo la lección

María Gracia Subercaseaux reflexiona sobre cómo nos sentimos en la enfermedad.

Como extrañamos y añoramos la salud cuando la perdemos. Llevo tres días sintiéndome morir de resfrío, congestión y fiebre y no hallo la hora de mejorarme. A esta edad con 37.2 grados de temperatura uno piensa que se la llevará el señor. No soy nada de supersticiosa, sin embargo no me parecería muy auspicioso empezar el 2010 de esta forma. Hecha un estropajo. Tampoco soy de las que necesita de una gran fiesta y carrete para el cambio de año, pero una rica comida en familia o con amigos me queda perfecto y al paso que vamos mi colchón será mi más cercano acompañante.

Lo único rescatable de estar moribunda en cama es que tienes la obligación de permanecer en estado horizontal que es algo que disfruto profundamente. Tengo dos hijos deliciosos que aparecen cada tanto para preguntarme si necesito algo y se echan a mi lado a ver películas, lo que me conmueve muchísimo. Parece que sin quererlo en estos momentos se hacen reflexiones. Podemos dar cuenta de lo necesario e indispensable que es detenerse a pensar y también realizar lo fuerte que es hacerlo a raíz a una enfermedad.

Esto me hace recordar lo que postula el Doctor Edward Bach sobre la enfermedad.

Él hace una revalorización de la experiencia de la enfermedad, colocándola como parte de un proceso y de un proyecto. Sólo leyéndola dentro de esa realidad se puede entender.

La enfermedad no es un mal a suprimir sino un beneficio a comprender.

Es beneficiosa porque el dolor, el sufrimiento y el malestar sirven de señales que nos indican la necesidad de aprender algo “que de otro modo nos habría pasado desapercibida y que no puede erradicarse mientras que no se aprende la lección”. La enfermedad es una oportunidad de vida. No es algo negativo sino que es la expresión manifiesta de un defecto a corregir para seguir avanzando en el proceso de evolución.

La finalidad de ésta es hacer tomar conciencia de los errores para no llevar demasiado lejos las actitudes equivocadas. Habría que entenderla como “un toque de atención”. Las enfermedades del cuerpo son síntomas. “Nuestros temores, nuestras aprehensiones, nuestras ansiedades y demás son los que abren la puerta a la invasión de la dolencia”.

De esta forma la enfermedad podría concebirse como parte de la estructura existente del hombre. No se tiene enfermedad: se es enfermo y ésta es el fruto de un conflicto entre el alma y la personalidad. El alma representa nuestra orientación trascendente y la personalidad nuestros intereses inmanentes. El conflicto entre estas dos orientaciones representa la lucha entre la voluntad de transformación y la voluntad de conservación.

Conocí de estos postulados cuando trabajé fotografiando a las mujeres con cáncer para la Exposición Instantes.

Durante un tiempo buscamos personas afectadas por esta enfermedad que pudieran mirar, de alguna forma, más allá del drama que estaban viviendo (lo que es sin lugar a dudas, dificilísimo) y que esta les hubiera servido para dar una vuelta de tuerca al sentido de la experiencia. Por meses oí, me emocioné y lloré con las historias más bellas y dolorosas, sin embargo también aprecié como cada una modificó aspectos fundacionales de su ser en pos de cambios reveladores que las hicieron renacer. Todas ellas, después de un período de rebeldía y rabia lograron preguntarse para qué y no por qué.

Creo que esa debiera ser una forma de mirar la vida frente a cualquier adversidad. Ahora puedo decir que este maldito resfrío me ha servido para detenerme y reflexionar todo esto.

Aprendiendo la lección se llama este capítulo.