Sandra Cabrales: Piezas de historias infinitas

La diseñadora bogotana inaugura su nuevo espacio donde muestra su universo de envolvencia atemporal.

Alguna vez el diseñador japonés  Yohji Yamamoto dijo sobre el negro (color aún ampliamente incomprendido ), que este era “modesto y arrogante al mismo tiempo. Es perezoso y fácil, pero misterioso. Pero, por sobre todas las cosas, dice: ‘yo no te molesto. Tu no me molestes’”.

Este principio del color, donde el cuerpo y el mood se envuelven en un universo propio (o en muchos de ellos), fue el que tomó la diseñadora bogotana Sandra Cabrales para sus piezas, que tienen la fuerza de la versatilidad, pero también la complejidad de la deconstrucción y el contar de formas nunca repetidas historias con cada una de ellas. “Siento que hay prendas que no se ven igual de conceptuales en otro color. Y cuando me visto de negro, es neutro. Me siento limpia. Con el negro no desencajas en tu propio universo. Y, a pesar de tener en el taller crudo, índigo, la primera programación es el negro”, le dice a PUBLIMETRO la diseñadora, que se ha caracterizado en 30 años de carrera por hacer piezas únicas, pero no como una cualidad ligera: en realidad ninguna de sus prendas se parece a otra. Ella misma trabaja sus pigmentos, los interviene con elementos naturales como la cúrcuma, el achiote y la remolacha y los mezcla con otros tintes. Y las deconstruye, como su sello distintivo, al igual que las rosas cuya propuesta emocional y gráfica las han determinado como símbolo de su marca, al estar presentes por su abuela sastre de Ibagué, Rosa, y por las posibilidades geométricas y gráficas que da como pieza, accesorio y objeto artístico.

Pero Sandra se ha reinventado. De hecho, lo hace actualmente en su nuevo espacio de la Calle de los Anticuarios que abrió desde el pasado 9 de mayo , donde presenta sus propuestas bajo el concepto “Fragmentos”, y donde comparte espacio con otras propuestas que tienen ese mismo nivel de unicidad, como Kumas, marca creada por las diseñadoras y paisajistas Liz Bohórquez e Irma Rubiano, quienes han diseñado plantas escultóricas de origen nativo, cuyo concepto se inspira en 4 principios fundamentales de la cultura Tikuna. También se encuentra Adriana Bernal, con su proyecto GeomeTree, que mezcla arte y fotografía y otras marcas de accesorios y prendas en cuero que evocan precisamente ese espacio de atemporalidad con el que la diseñadora ha logrado lo que en un mercado ávido de tendencias y piezas efímeras para sorprender, parece imposible: perdurar a través de la versatilidad que no implica cambiar de esencia, sino al contrario, consolidarla desde una visión donde se reafirman más sus visiones de lo femenino, lo elegante, lo destacable y lo imperceptible a la vez. Múltiples historias.

Poderosa sutileza

“Yo he evolucionado en Cabrales en cuanto a una propuesta más relajada, con piezas más desenfadadas”, explica a PUBLIMETRO la diseñadora, que también tiene líneas comerciales. “Pero precisamente, la fortaleza de la marca es tener una pieza que moldeas según tus necesidades. Piensa en una ruana o pashmina, son universales, atemporales. Por eso el tema de la envolvencia, el vestir, es importante, así como la comodidad: Cabrales es para la gente que se viste como se siente. Que se halle en ella.  La gente reinventa las piezas, también, porque son de colección. Y otras personas llegan a la marca porque no se quieren ver como las demás”, explica Sandra, que es consciente de que si bien en la moda se vive el momento del ruffle, la logomanía y lo multirreferencial con Alessandro Michele, de Gucci, no todo tiene que ser literal, o ligero. Más cuando se trata de crear . De esta manera, todos estos elementos los ha creado en un universo donde no toda la la latinidad (término tan complejo como diverso) está representada por la exuberancia del estampado y la cultura de la piel insinuada o sin filtros.

Y en ese lugar ella ha encontrado su espacio y el de las mujeres que aman precisamente una prenda creada de otras formas, en otros cortes y repensada para múltiples usos. Muchas de sus clientas conservan sus piezas desde hace años, precisamente por esa virtud.

De hecho, Sandra comenzó explorando la sastrería y cuando llegaron a ella Yamamoto y los otros diseñadores del boom japonés en París de los 80, ella cambió todo: “Eso para mí fue como si te mostrara lo más chévere de la vida. Y yo pedía a la gente chaquetas y las desbarataba. Así empezó el tema de la deconstrucción. Y me siento cómoda con ella y lo hago muy bien. Es sacar los hilos, podarlos. Con un maniquí, miro la tela, y por donde va llegando voy creando. Ya tengo ciertos moldes concebidos. Ahora, si hablamos de kimonos, ninguno me queda igual a otro. Y por eso de una historia cuento seis”, afirma Sandra, que usa fibras como algodón o lino, pero también ha experimentado con materiales como el scuba y el neopreno, lo que no le ha quitado esa naturaleza orgánica a las prendas, esa elegancia sin esfuerzo que es un concepto altamente valorado, pero que en su esencia, llega solo. Y eso Sandra lo ha conseguido a la perfección con cada una de sus creaciones.

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