Javiera Wayne, Antonia Larraín, Fernanda Rodríguez en la lucha por el amor propio

Gracias a los cambios culturales, la concepción arcaica del “cuerpo ideal” se está desdibujando, dando paso a la valoración de la diversidad de cuerpos. Conversamos con estas tres potentes mujeres acerca del body positive, la aceptación personal y la destrucción de los estereotipos de belleza.

 

No es un secreto que revistas, diarios, la publicidad y la televisión reproducen estereotipos estrictos e inflexibles de belleza, cánones difíciles –si no imposibles– de alcanzar, que en muchos casos, terminan por minar la autoestima de las personas expuestas a estos mensajes. Según La Rebelión del Cuerpo, el 47% de las niñas de Chile siente presión por cómo se ve y un 36% deja de hacer lo que le gusta, incluso evita dar su opinión en público, para pasar inadvertida.

Algunas sufren en secreto las consecuencias de no encajar en la inexistente y absurda idea de “cuerpo perfecto” que deriva en trastornos alimenticios, dietas ridículas, enfrentarse a gordofobia y bullying, que puede desembocar en profundas inseguridades o en depresión. Los constantes bombardeos de la industria del marketing que hablan de “tallas estándar”, o “90-60-90”, nos quieren convencer de que nuestros cuerpos están mal, que nuestra felicidad y éxito personal estará determinado por cómo lucimos. ¿Y si abrazamos el hecho de que son parte de nuestra historia y nos reconciliamos con nuestros cuerpos?

Eso es lo que busca el movimiento body positive, que en Instagram cuenta con más de 8 millones de publicaciones asociadas al hashtag y que pretende terminar con la presión insensata de no aceptarnos tal cual somos. Si bien comenzó vinculándose a mujeres gordas para la industria de la moda, hoy se extiende a todas las personas, abarcando la maravillosa diversidad de cuerpos, marcas en la piel y tallajes, para derrocar de una vez la dictadura del ideal de perfección.

Conversamos con tres figuras de la industria de la moda nacional acerca de sus experiencias de vida, los procesos que debieron experimentar para amarse a sí mismas, de qué manera debieron lidiar con los estereotipos de belleza impuestos en la sociedad y, cómo han logrado hacer de su participación en pasarelas de diseñadores o en campañas publicitarias un acto de protesta.

 

Primera regla: buena autoestima

Con la canción No te enamores de mí de Paloma Mami sonando de fondo, tres mujeres posan con la elegancia y el carisma que las caracteriza para la sesión de fotos que acompaña este relato. Entre risas y bromas, cada una sostiene el hombro de la otra en señal de apoyo. “Estamos listas para nuestra campaña presidencial”, dice una. “Reinas de Chile”, dice otra. La confianza en sí mismas que irradian, emociona.

De pelo rubio y ojos color miel, Javiera Wayne (22), maquilladora, modelo plus size y actriz en formación, hace memoria y comienza a recordar cómo empezó a aceptar su propio cuerpo. Cuando pequeña fue víctima de bullying, sufrió bulimia y tuvo depresión. Su familia la apoyó y comenzó a desarrollarse en las áreas que le gustaban, hasta que un día decidió dejar de autosabotearse. “Durante toda mi adolescencia fui discriminada, me molestaban, lo pasé mal, sentía que tenía que cumplir con el prototipo de niña flaca”, cuenta, y agrega que, cuando estudió maquillaje, entendió que primero tenía que aceptarse. “Me repetía ‘debo quererme, debo quererme, debo quererme’”, confiesa.

javiera wayne

Cuando partió como maquilladora, una amiga le empezó a hacer fotos y, poco a poco, empezaron a aumentar sus seguidores en Instagram (@javierawayne), que actualmente suman más de 33 mil. Luego la contactó una agencia de modelos y, casi sin darse cuenta, en abril de 2018 estaba desfilando para Lupe Gajardo. La diseñadora publicó una convocatoria abierta y Javiera se arriesgó postulando, pero tenía miedo, porque la condición era medir más de 1,68 y ella mide 1,63, hasta que le avisaron que quedó. “Estaba muy nerviosa. No había visto modelos curvilíneas como yo en Chile, lo quería hacer bien y, la verdad, nunca pensé que iba a estar ahí”, dice.

A través de Instagram, la joven comparte mensajes en torno al movimiento body positive. En una de sus publicaciones más recientes, muestra una foto de su niñez y otra actual con el siguiente posteo: “Doce añitos, con mis inseguridades creciendo, depresión, self harm y bulimia. 22 años. Ahora no soy ni la sombra de lo que fui. Feliz, empoderada, amando y respetando mi cuerpo y mente”.

anto larrain

Similar es la historia de Antonia Larraín (25), comunicadora e influencer, con más de 110 mil seguidores en Instagram (@antolarrain_). Llegó al modelaje a través de un grupo de Facebook en que se ofrecían trabajos para ser extra de comerciales. Partió haciendo fotos para catálogo en las que no se mostraba su cara y, al poco tiempo, le pidieron usar su rostro y la incluyeron en campañas publicitarias digitales y para televisión.

Antonia participó en Amor sin banderas, un docureality de talento musical, luego apareció en un comercial de una reconocida marca de cuidado personal en el que debía aparecer en traje de baño, por primera vez, luego de haberse convertido en madre. “Con el embarazo tu cuerpo y tu piel cambian. Antes de mi hijo no tenía estrías en la guata, se te caen las pechugas. Lo más duro fue verme así, porque además no tenía referentes, nunca había visto algo así en ningún lado”, dice, y agrega que siempre le escriben para saber de tips para eliminarlas. “Lo que yo hice fue hacer las paces con mi cuerpo y me dije: ‘Ésta soy, éste es mi cuerpo, tiene una historia y, si lo cambio para encajar, dejaría de ser yo’”.

Habitar un cuerpo es un acto político

A Antonia le costó más de un año decir que es modelo. Estudió Comunicación Audiovisual y, por este motivo, ocupa todas sus plataformas para transmitir el mensaje de la aceptación de la diversidad de cuerpos. “Que yo sea modelo hoy es un acto de protesta, porque estoy dentro de una industria que me discrimina, pero, aun así, estoy dando la cara”, reflexiona.

Tras su participación en el docureality, descubrió que representaba a un grupo de personas que no tenía un referente en la televisión. Cuando hablaba de sus inseguridades, o de que le pasaban el mismo traje a ella que a otras participantes más delgadas, los televidentes comenzaron a enviarle mensajes contándole que se acomplejaban igual que ella. En ese momento notó que no estaba sola y sintió un llamado a hacer algo al respecto. “Lo entendí como una realidad compartida, me propuse entregar lo mejor y aproveché la vitrina para mostrar que, si yo podía, otros también van a poder”, cuenta.

Es por eso que, a fines de 2018, la comunicadora decidió lanzar su manifiesto con el proyecto #TallasParaTodes, produjo el casting, elaboró el guión y la dirigió. La campaña hace un llamado a la eliminación de la talla única y establece las preguntas: “¿Cuántas veces hemos escuchado que no somos suficiente o que somos demasiado? ¿Cómo es posible que exista la talla estándar si todos nuestros cuerpos son diferentes”. En la producción, participaron 16 rostros en cámara, una chica XXL, otra XXS, una persona trans no binaria, alguien con vitiligo, de tal modo que fuera lo más representativo posible de la diversidad de la población.

Como una referente en la industria de la moda en Chile, Antonia está comprometida con contribuir a desestigmatizar los cuerpos y se ha convertido en una activista desde el feminismo y el movimiento del body positive. “Suena muy millennial, pero quiero tratar de cambiar el mundo, seguir trabajando en ayudar a otras personas y compartir herramientas”.

A nadie le debería importar cómo te ves

Muchas veces, algunas personas se sienten con el poder de criticar cómo luce el cuerpo de otra persona. Sea bueno o malo el comentario, nadie espera escuchar nada acerca de su aspecto físico. En el caso de las mujeres, estamos constantemente expuestas al acoso callejero, o incluso, al abuso sexual. Además, con las redes sociales también se traslada a internet con el ciberacoso o ciberbullying.

nan rodriguez

Así le sucedió a Fernanda Rodríguez (33), quien estudió coreografía y bailó en el Ballet Folclórico de Chile varios años, pero se desempeña como make up artist y, durante 2018, ganó uno de los concursos más importantes en este rubro.

Hace poco más de un año alguien usurpó su cuenta de Instagram (@nanrodriguez.cl). En lugar de su nombre ahora aparecía “Gordita, te cagué”, además de una serie de insultos y amenazas. La mayoría de los mensajes estaban orientados a juzgar su físico: “Los gordos no son felices” o “nunca vas a triunfar, porque eres gorda”.

Esta situación la afectó profundamente, pero hizo público el hackeo en sus redes de trabajo y aumentó su número de seguidores, que hoy son cerca de 17 mil usuarios. En ese momento, tomó conciencia de que tenía un tema pendiente con su apariencia desde su formación como bailarina, que le exigía ser muy delgada. Incluso una vez la echaron de un ballet por su contextura.

Sin embargo, un día decidió subir una foto a la red social que más utiliza, dejando a la vista sus rollos. “Conté todo lo que me había pasado y escribí que tengo rollos, estrías, que me faltan dientes, pero soy así y a nadie debería importarle”.

Hasta hoy, comparte con sus seguidores su experiencia, quienes le entregan su apoyo y se identifican con su historia. Su principal motivación es concientizar a las futuras generaciones y pavimentar el camino para los más jóvenes. “Opinar sobre el cuerpo de una está mal. Mucha gente dice: ‘Que estás flaca’, pero ¿qué pasa si la persona está enferma? ¿O no quiere que le reconozcan eso?”, plantea.

Con respecto a la violencia que significa criticar los cuerpos de otras personas, Antonia también ha recibido ataques mediante Instagram y, junto a Javiera, coinciden. “Puedes tener la opinión que quieras, pero si vas por la calle hablando sobre el cuerpo de otra persona, eso no está bien, nadie te lo pidió. Vulnera la libertad de la otra persona, no lo hagan”, sentencia.

Estas influencers consideran que en la actualidad estamos ante un cambio de mentalidad. Probablemente falta todavía que se abran espacios en la industria de la moda, pero ha habido progresos de la mano de los movimientos sociales. “Todavía hay gente que sigue con el pensamiento de que sólo deben existir tallas chicas, pero, gracias al feminismo, estamos evolucionando y los viejos cánones están cayendo”, comenta Javiera.

body positive

 

 

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