Los 5 grandes pecados (y aciertos) de la Bogotá Fashion Week

A pesar de una curaduría digna, hay muchas cosas por mejorar en la reciente iniciativa de moda de Bogotá.

Por años se luchó para que el Distrito viera el tema de la moda como una industria creativa que generaba empleo, identidad y prestigio para la ciudad. Eso se consolidó con Bogotá Fashion Week, plataforma manejada por la Cámara de Comercio, donde se convocaban a nuevos creadores con una marca y una propuesta definida para guiarlos en su propuesta y construcción de empresa y de esta manera, darlos a conocer a compradores internacionales y también a la prensa, el difusor y traductor de todas estas creaciones a la gente alejada de un medio donde siempre confluyen los mismos actores. Pero este año, a pesar de los esfuerzos en todos los sectores, hubo más fallos que aciertos. Esto fue lo que destacó en la edición del Bogotá Fashion Week 2018.

Curaduría y pasarelas

bogota fashion week

Si bien hay marcas emblemáticas que ya ha presentado Inexmoda sus plataformas – como Flor Amazona y su emblemática joyería precolombina y universal o Divina Castidad y su dinámica y global visión del trópico- hay visiones también refrescantes en  joyería y marroquinería y calzado , como Metalero, Álvaro Ávila Fernanda Arias, Ana Laverde y Fifi&Mugre, creada por María José Martínez. Cada una se sale de ese sello de marca “identitario” que resulta en resaltar- por enésima vez- lo artesanal, sino que van más allá de presentarlo como único recurso y elemento. Se alaba, eso sí, el proceso que se hace con los diseñadores desde antes para dar seguimiento a sus colecciones, producto y marca, pero fue curioso ver que no hubo patrocinios para ellos y para sus pasarelas. De hecho, diseñadores emblemáticos de la ciudad brillaron por su ausencia.

Y sí: aunque hay nuevas propuestas como Experimental Couture by Andrea Castro y Hebrante, hubo más cosas nuevas el año pasado y más historias para contar. , Adriana Santacruz, con sus emblemáticas piezas artesanales e Isabel Henao, con sus ensambles de materiales contrastantes y orientales – que recuerdan mucho a Haider Ackermann-, Juan Pablo Socarrás con sus historias de origen ensambladas con tinte global y Bettina Spitz y su inspiración en Humboldt son lo mejor de un evento que pudo tener mucha mejor producción en pasarelas. Porque se debió mostrar algo para descrestar y no solo el producto per sé. Esa es la gracia de ir a un desfile: transportarse.

 

Organización

Es quizás – y por lejos- el peor pecado de esta versión del Bogotá Fashion Week. El trato hacia la prensa por la organización fue un desastre: al ser Nina García la embajadora y curadora de la Bogotá Fashion Week, se espera que los medios tengan un acercamiento para que ella hable de sus criterios ante la moda colombiana y latina – y no las frases de cajón que registra el evento en redes sociales-. Se supone que si se invita a la prensa es porque tiene historias para contar sobre el evento y su estrella, pero en todo momento se le ha subestimado: desde no dar información adicional sobre las pasarelas (solo una pequeña reseña de los diseñadores en su página web), hasta que el staff trate con malos modos y niegue un lugar visible para varias personas acreditadas, así como agolparlas en las esquinas para las ruedas de prensa. Asimismo, el cierre del segundo día fue fatal: no se sabía si había un evento luego de las pasarelas y la gente estaba tranquila… hasta que el staff la echó del lugar. ¿Qué no hubiera sido mejor ser claros con los eventos y su duración o extenderlos a otros lugares?

Aprendan de Inexmoda: a cada medio se le da su lugar fijo ANTES del desfile. Eso de andar quitando a personas porque vienen amigos y fulanos es de muy mal gusto.

Apertura

Es genial que en Colombia existan eventos que combinen lo académico, que tanta falta hace en las escuelas de formación de moda. Somos el único país cuyas ferias de moda tienen conferencias para educar. Pero, solo para los pocos que se alcanzaron a registrar y los demás, que lo vean por streaming. Está bien, pero en Colombiamoda hay un evento mucho más amplio para este tipo de conferencias. Incluso hay eventos que acercan al público con una moda que les parece lejana y elitista y eso no se logra solo los stands de marcas para que la gente vaya y se tome un trago y una foto. ¿Qué gracia tiene repartir carteles por toda la ciudad, tanto en Rosales como en Kennedy, si el evento va a ser para solo unos pocos y da igual lo que pase con ellos para el resto de la ciudad? ¿Por qué no hay un esfuerzo para hacerle entender al bogotano cuán importante es una industria que también genera empleo y en la que él indirectamente está involucrado, a través de otras actividades más abiertas?

¿Por qué no hay nuevos relatos?

En Latinoamérica se lleva años – décadas, quizás- hablando de los mismos temas.  Si bien hubo conferencias muy buenas, como las de la Universidad de los Andes y WGSN, ¿por qué se sigue hablando de lo mismo, que es cómo generar marca en lo digital y lo importante que es la moda artesanal? Sabemos que lo artesanal como receta en esta región está bien contado y bien vendido – otros países de la región como México y Brasil también lo hacen y a las mil maravillas-. Pero, ¿veremos alguna vez otras formas de contar la colombianidad a partir de la moda, de las charlas, de las actividades relacionadas al tema? ¿Podremos enfocarnos en dar otras miradas más allá de un recurso de sobra explotado?

Además (y esto está extendido a todas las plataformas del país) hay muy buenos trabajos en universidades que deberían rescatarse. En la moda hay más que aprender que solo hacer marca.

Conclusión

Definitivamente, BCapital es -por lejos y por mucho- la gran plataforma inclusiva de la moda en Bogotá. Porque en la Bogotá Fashion Week si bien hay recursos que fascinan al bogotano de a pie  que se acerca a la moda (como stands y marcas), la información que tiene este solamente llega a través de sus ojos. No hay recursos que le muestren – como se ha hecho con Inexmoda – por qué usa lo que usa o por qué una creación es tan importante para una industria como la nuestra. Asimismo, el tema de organización es un fallo gigantesco que le hace perder al evento mucha credibilidad.

Por otro lado, se alaba el lugar  y el esfuerzo para mostrar el talento capitalino. Guiarlo, darle pautas y seguimiento para conformar empleos y así industria. Pero todo se desluce en pasarela y en la falta de información que incluso se les da a los medios. Sería fabuloso hacer seguimiento a todas las marcas de esta edición, para ver si el evento está cumpliendo con su cometido y también si el dinero invertido – por los bogotanos- lo vale.

 

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