Cuando mi madre se fue yo fui criado por…

Cuatro historias y cuatro vidas con un común denominador: la ausencia de la madre en sus vidas.

Hay un adagio que dice que “madre no hay sino una” y para muchos esta es la realidad. Sin embargo, por azares de la vida, muchos están destinados a no tener a esa figura presente en sus vidas.

Muerte y abandono son las principales causas para que un niño crezca lejos del ser que los trajo a este mundo. Es por eso que, a esas personas que lo dieron todo para suplir ese papel de madres les queremos hacer un homenaje y decirles en esta fecha ¡Feliz día, mamá!

Mi padre es mi madre

Para Ximena Velásco, fue muy dificil entender, a sus 8 años, que su madre ya no estaría más:  una enfermedad le arrebató al amor de su vida.

Velásco recuerda con mucha nostalgia cómo ella y su hermanita tuvieron que continuar sus vidas sin su mamá.

“Desde ese entonces fue él, mi papá, quien sin dudarlo se puso el delantal para cuidar de mi y de mi hermana”, le contó a Nueva Mujer. De esta manera, Danilo Velásco fue cabeza de hogar y gracias a su esfuerzo, nunca les faltó nada a Ximena ni a su hermana. “Por el contrario, él trataba de complacer todos nuestros caprichos” señala ella con gratitud.

“Mi papá es un hombre ejemplar y determinado a quien no me alcanzará la vida para agradecerle por habernos demostrado lo bonita que es la vida”

Mi abuela es mi madre

Por su parte, Natalia Martínez recuerda cómo su abuela tuvo que ser madre y abuela al mismo tiempo, luego de que sus padres decidieran separarse. Además, doña Lilia Medina esperaba con ansías a su nieta primogénita.

Martínez recuerda que a sus 9 años recibió la noticia de que sus padres se iban a separar y la tensión en la familia fue creciendo. Fue por eso que su abuela decidió adoptarla y llevarla a vivir con ella. Doña Lilia la quería lejos de todo el conflicto y por eso, ella terminó de criarla. Y de “malcriarla”, dice Natalia misma entre risas.

Para ella, su abuela es el amor de su vida y quien le enseñó todo lo que sabe. Gracias a la educación que recibió de Doña Lilia, Natalia se considera a sí misma una persona llena de amor y comprensión por los demás.

Yo soy la madre de mi hermana

A sus 17 años, Diana Guerrero tuvo que dejar de ser hija para convertirse en la madre de su hermana menor.

Una enfermedad acabó con la vida de su madre. Luego de tener que vivir el duelo de perder a su ser más querido,  Diana tuvo que llenarse de valor y seguir adelante, no solo por ella sino por su hermanita.

Así, ella se ocupó de su hermana menor, porque tenía tan solo 13 años.  Este proceso demandó inmensos sacrificios, como abandonar sus estudios en Bogotá y regresarse a Florencia, Caquetá, para poder estar pendiente de ella.

Sin embargo, su inmensa determinación la llevó a trabajar duro en Florencia y reunir un dinero para poderse regresar a Bogotá y, de esta manera, ayudar mejor económicamente a su hermana. Así consiguió que pudiera seguir estudiando y no perdiera su horizonte.

Yo fui la madre de muchos niños abandonados

Ana María Rojas fue madre de más de 120 niños de todas las edades por 20 años. Esto, al estar al frente de su antigua fundación, Asovivamos.

Para ella, cada llegada de un pequeño a su casa, era un nuevo comenzar. Asovivamos  se convertía para ellos en un hogar, pero a su vez era una casa común y corriente con sala, comedor y habitaciones. Todo equipado para que los menores se sintieran en familia.

Asimismo, Ana María se esforzaba hasta en el más minimo detalle de  la decoración. Con esto buscaba que los pequeños se sientieran como en casa.

Pero el sueño no pudo durar: luego de varios años, Asovivamos cerró. Con tristeza, Ana María dice que prefirió clausurar el lugar. Esto, debido a que el papeleo se ha vuelto mucho más estricto y complejo en los últimos años para mantener una fundación como la suya funcionando leglamente.

Sin embargo, le queda la satisfacción de haber cambiado vidas: muchos de los chicos estuvieron con Ana María hasta cumplir su mayoría de edad. “Pasamos navidades juntos, se generó un vinculo muy fuerte entre ellos y nosotros”, relata ella con alegría.

“Al mirar que solo fueron 120 niños, digo que poco hice, pero luego analizo y pienso es una cadena, no son 120, son muchos más. Son hombres y mujeres de bien” puntualiza.