El mensaje de un pediatra a las madres de un bebé prematuro: "Sé cómo te sientes"

El pasado 17 de noviembre se celebró el Día Mundial del Prematuro.

El pasado 17 de noviembre se celebró el Día Mundial del Prematuro, en homenaje a los bebés que nacen antes de tiempo. A propósito del día, el pediatra Leonardo Escobar publicó un emotivo mensaje a las madres.

A través de su cuenta en Instagram @pediatraleoescobar, el especialista indicó que uno de cada diez bebés en el mundo es prematuro. Es decir, que se adelanta notablemente a los 9 meses que debe durar un embarazo.

"Parece mentira que nazcan tan pequeños pero con una capacidad tan grande para luchar por su vida. Los padres de prematuros conocen muy bien el duro camino que se transita en esos momentos", dijo el pediatra.

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Hoy, 17 de noviembre se celebra el Día Internacional del bebé prematuro, una fecha especial para rendir homenaje a estos pequeños grandes luchadores. En los últimos años ha aumentado considerablemente el número de bebés prematuros. En el mundo, uno de cada diez bebés nace antes de tiempo. Parece mentira que nazcan tan pequeños pero con una capacidad tan grande para luchar por su vida. Los padres de prematuros conocen muy bien el duro camino que se transita en esos momentos. #Colombia #Medicine #Medicina #Pediatra #Pediatra #Uci #Ucin #Neonato #UciNeonatal #Doc #doctor #Medstudent #Bebes #Venezuela #RD #Mexico #Argentina #USa #España #Bogota #Medellin #medstudentlife #Prematuro #MamaPrimeriza #Bucaramanga

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Este fue su mensaje

"Querida madre de un bebé prematuro:

Sé cómo te sientes en estos momentos. Puedo sentir tu terror al saber que el parto es inminente y casi puedo oír cómo contienes la respiración deseando con todas tus fuerzas que tu bebé rompa a llorar justo después de nacer, como hacen todos los bebés normales.

Puedo notar desde aquí tus remordimientos de conciencia al saber que tu cuerpo no ha sido capaz de cuidar debidamente de quien más querías. A pesar de que tu 'yo' racional te repita una y otra vez que lo que ha pasado no ha sido culpa tuya.

Interrogarás con tu mirada desesperadamente a todo el personal médico que te rodea. Tratando de adivinar qué están pensando, qué están viendo, en qué situación está tu hijo exactamente. Afinarás el oído más que nunca y captarás algún término médico suelto cuyo significado no alcanzarás a entender, pero que te traerá a la mente los peores presagios.

Conozco la impotencia de oír, con los brazos vacíos, cómo estallan en llanto todos los bebés de la planta de maternidad, mientras tú lloras en silencio. Puede que incluso sin lágrimas, preguntándote cuándo podrás coger al tuyo en brazos aunque solo sea un mísero minuto

"Por favor, lucha, no te mueras"

Lo primero que sentirás al ver a tu bebé por primera vez no será el amor que toda madre siente hacia su bebé, sino MIEDO. Así, con mayúsculas, mucho miedo. Te impresionará su aspecto; la claridad de su piel, arrugada y finísima, casi transparente. Y esos ojos saltones que te miran sin entender nada

Puede que ni siquiera puedas cogerlo en varios días. Quizá tengas que conformarte con tocarle metiendo la mano en la incubadora a través de una pequeña apertura circular. Y después te llevarás la mano a la nariz tratando de identificar su olor. El olor de tu bebé.

Lo primero que le dirás a tu hijo no será 'te quiero' ni 'bienvenido al mundo', sino 'por favor, lucha, no te mueras".

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Querida madre de un bebé prematuro: Se cómo te sientes en estos momentos. Puedo sentir tu terror al saber que el parto es inminente y casi puedo oír como contienes la respiración deseando con todas tus fuerzas que tu bebé rompa a llorar justo después de nacer como hacen todos los bebés normales. Puedo notar desde aquí tus remordimientos de conciencia al saber que tu cuerpo no ha sido capaz de cuidar debidamente de quien más querías, a pesar de que tu yo racional te repita una y otra vez que lo que ha pasado no ha sido culpa tuya. Interrogarás con tu mirada desesperadamente a todo el personal médico que te rodea tratando de adivinar qué están pensando, qué están viendo, en qué situación está tu hijo exactamente. Afinarás el oído más que nunca y captarás algún término médico suelto cuyo significado no alcanzarás a entender pero que te traerá a la mente los peores presagios. Conozco la impotencia de oír, con los brazos vacíos, como estallan en llanto todos los bebés de la planta de Maternidad mientras tú lloras en silencio, puede que incluso sin lágrimas, preguntándote cuando podrás coger al tuyo en brazos aunque sólo sea un mísero minuto Lo primero que sentirás al ver a tu bebé por primera vez no será el amor que toda madre siente hacia su bebé, sino MIEDO, así, con mayúsculas, mucho miedo. Te impresionará su aspecto; la claridad de su piel, arrugada y finísima, casi transparente, y esos ojos saltones que te miran sin entender nada Puede que ni siquiera puedas cogerlo en varios días, quizá tengas que conformarte con tocarle metiendo la mano en la incubadora a través de una pequeña apertura circular, y después te llevarás la mano a la nariz tratando de identificar su olor. El olor de tu bebé. Lo primero que le dirás a tu hijo no será “te quiero” ni “bienvenido al mundo“, sino “por favor, lucha, no te mueras“. Parte 2 —–>

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En un segundo posteo, el pediatra Leonardo Escobar prosigue:

"Vivirás con el temor a que el teléfono suene en medio de la noche. Cada mañana, al despertar, te lanzarás sobresaltada a coger el móvil antes de terminar de abrir los ojos, rezando para que no haya ninguna llamada perdida.

Te lavarás las manos de forma enérgica, casi obsesiva, antes de coger a tu bebé en brazos. No solo durante su estancia en neonatología sino mucho tiempo después. Dudarás antes de darle un beso temiendo que haya, en tu aliento de madre doliente, un maldito virus traicionero que pueda poner en peligro su vida por culpa de tu necesidad de amarle.

Verás a otros bebés, compañeros de neonatología de tu hijo, sufrir como nunca debería sufrir alguien que ni siquiera ha empezado a vivir. Y cada día te preguntarás si tu hijo será el siguiente.

Quizá un día oigas cómo las máquinas que rodean a tu diminuto tesoro empiezan a pitar sin control. Y te toque salir precipitadamente de allí, mientras cargas con la impotencia de saber que no hay nada en el mundo que puedas hacer para ayudar a tu hijo en estos momentos. Probablemente te sentirás inútil, prescindible, una mera espectadora del que se suponía que iba a ser uno de los momentos más importantes de tu vida.

Conserva la esperanza

Sentirás tristeza, decepción y rabia. Te enfadarás con el mundo preguntándote por qué le ha tocado a tu bebé pasar por algo así. Oirás comentarios que, por desconocimiento o inconsciencia del interlocutor, te harán mucho daño. Habrá gente de tu entorno que te sorprenda, y otros te decepcionarán profundamente.

Quiero pedirte que seas fuerte, aunque esto no significa que no tengas derecho a derrumbarte. Solo te pido que dentro de todo ese dolor, miedo, rabia, impotencia e incertidumbre que todas hemos sentido al estar en tu lugar, conserves siempre un hueco para la esperanza. Por muy remota que esta te parezca.

Aprenderás que la vida es un milagro, que respirar en sí mismo también es un milagro. Que hay cosas que ni los propios médicos pueden explicarse del todo y que los bebés prematuros son verdaderos especialistas en desafiar cualquier pronóstico negativo.

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Parte 2 Vivirás con el temor a que el teléfono suene en medio de la noche y cada mañana, al despertar, te lanzarás sobresaltada a coger el móvil antes de terminar de abrir los ojos, rezando para que no haya ninguna llamada perdida. Te lavarás las manos de forma enérgica, casi obsesiva, antes de coger a tu bebé en brazos, no sólo durante su estancia en Neonatología sino mucho tiempo después. Dudarás antes de darle un beso temiendo que haya, en tu aliento de madre doliente, un maldito virus traicionero que pueda poner en peligro su vida por culpa de tu necesidad de amarle. Verás a otros bebés, compañeros de Neonatología de tu hijo, sufrir como nunca debería sufrir alguien que ni siquiera ha empezado a vivir, y cada día te preguntarás si tu hijo será el siguiente. Quizá un día oigas como las máquinas que rodean a tu diminuto tesoro empiezan a pitar sin control, y te toque salir precipitadamente de allí, mientras cargas con la impotencia de saber que no hay nada en el mundo que puedas hacer para ayudar a tu hijo en estos momentos. Probablemente te sentirás inútil, prescindible, una mera espectadora del que se suponía que iba a ser uno de los momentos más importantes de tu vida. Sentirás tristeza, decepción y rabia. Te enfadarás con el mundo preguntándote por qué le ha tocado a tu bebé pasar por algo así. Oirás comentarios que, por desconocimiento o inconsciencia del interlocutor, te harán mucho daño. Habrá gente de tu entorno que te sorprenda, y otros te decepcionarán profundamente. Quiero pedirte que seas fuerte, aunque esto no significa que no tengas derecho a derrumbarte. Sólo te pido que dentro de todo ese dolor, miedo, rabia, impotencia e incertidumbre que todas hemos sentido al estar en tu lugar, conserves siempre un hueco para la esperanza, por muy remota que esta te parezca. Aprenderás que la vida es un milagro, que respirar en sí mismo también es un milagro, que hay cosas que ni los propios médicos pueden explicarse del todo y que los bebés prematuros son verdaderos especialistas en desafiar cualquier pronóstico negativo.

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