No la juzgues, ¡apóyala!

Cada mujer es distinta y su cuerpo también. Todas somos distintas y no tenemos las mismas aspiraciones y metas.

Yo no tenía en mente lactar. Durante mi embarazo no pasó por mi cabeza.

En parte creo que fue por el hecho de que no fui lactada por mi mamá, no porque ella no quisiera, sino porque en ese entonces no se promovía la lactancia. Lo que estaba de moda a finales de los 70 era la leche de fórmula.

Comienzo a conocer de la lactancia gracias a mi Doula Eugenia Rodríguez. En ese proceso de preparación para la llegada de Milena, conté con el apoyo de mi doula para educarme. ¡Qué mucho uno desconoce sobre el embarazo y el proceso de maternidad! La lactancia era un mundo desconocido para mi. Recuerdo ese día cuando Eugenia me preguntó: “¿piensas lactar?” y yo le respondí: “¿lactar? what?” poducto tal vez de mi ingenuidad o falta de educación sobre el tema. No sé cómo describirlo, pero lo que sí sé es que estuve y estoy agradecida por la pregunta de mi amiga que cambiaría mi vida –como mamá- por completo. Estoy lactando por que así lo elegí luego de educarme y conocer los posibles escenarios. No les voy a mentir: tenía pánico. Y es normal porque lo desconocido despierta ese sentimiento. Pero implementé esa hermosa frase que repetía mi doula: “Un día a la vez:” Y así fue hasta el día de hoy. No fue fácil pero superé los retos gracias al grupo de apoyo que tenía.

Ahora bien, vamos al punto al que quiero llegar: ¿qué pasa si una mamá decide, no lactar? o simplemente "se quita" porque no puede más. ¿Es justo que la juzguemos y que, en ocasiones lleguemos al punto de ser lo que yo llamo "terroristas" de la lactancia? No. No debemos juzgar. Cada mujer es distinta y su cuerpo también. Todas somos distintas y no tenemos las mismas aspiraciones y metas.

 

Hay dos escenarios muy comunes:

 

  1. Mamá decide no seguir lactando: La lactancia es un proceso hermoso pero lleno de retos. Y vamos a ser realistas: es bien sacrificado. Yo estuve a punto de "rajarme" pero mi esposo y mi grupo de apoyo fueron esenciales para seguir lactando a Milena. Yo enfrenté dos retos; el primero, que mi hija me estaba lacerando el pezón, situación que logré corregir con la ayuda de mi Doula Eugenia y una visita al Dr. Mario Ramírez. Luego les cuento esa primera experiencia. Jamás la olvidaré. El segundo reto, seguir lactando cuando regresas a trabajar. El esfuerzo de lactar una vez regresas a la fuerza laboral es muy difícil. Se puede pero requiere mucho compromiso y organización. Ser periodista me obligó a organizarme para poder extraerme leche, las tres veces que te recomiendan los educadores en lactancia, para mantener tu banco de leche al día. Habían días que no me salía ni una onza. Eso me llenaba de mucha ansiedad y frustración. Y es que si estás bajo estrés la extracción se limita. Imagínate yo corriendo entre una asignación (cobertura de noticias) a otra y buscando la forma de extraerme leche. Tuve que comenzar a extraerme en el vehículo oficial del canal mientras iba de camino a mis asignaciones. Mientras hacía eso, por recomendación de mi doula buscaba vídeos o fotos de Milena para estimularme en medio de extracción. Poco a poco lo hice parte de mi rutina. En otras instancias, luego de un largo día de trabajo llegaba a casa a atender a Milena, cocinar y tratar de mantener la casa en orden. En fin, me acostaba agotada y esos primeros seis meses fueron tan y tan difíciles; levantarme cada tres horas para lactar a mi chiquita en las madrugadas. Lloraba porque el cansancio buscaba dominarme. Una de esas noches recuerdo haberle dicho a mi esposo: “No puedo más y voy a complementar”. Julio me dice: “Eso dices ahora, pero mañana cambiaras de opinión.” Sabía porqué me lo decía. Es normal que experimentemos esos sentimientos.

 

  1. Mamá no desea lactar: Hay muchas mujeres que entienden que la lactancia no es para ellas. Y eso hay que respetarlo. Un día estaba haciendo una fila para pagar una ropa para Milena. Detrás de mi había una mamá con su bebé y se encontró con una amiga quien también estaba con su infante. La segunda le preguntó a la primera cómo le iba la lactancia (presumió que su amiga estaba lactando). Acto seguido la mamá dijo: “la lactancia no es para mi”. De inmediato le explicó sus razones en tono molesto. Y no la culpo, porque estoy segura que su amiga no fue la única quien le preguntaba o presumía que ella tenía que estar lactando. El hecho de que una mamá decida no lactar no la convierte en peor madre. Tengamos eso presente. Puede ser una excelente madre que decide no dar teta.

 

Cuando les narro estas experiencias es porque sé que a todas nos ha pasado. Y no es fácil cuando hay personas que nos presionan porque desean, de buen corazón, que lactemos a nuestros hijos/as. Sabemos que es la mejor alimentación para los infantes durante esos primeros meses. Sin embargo, si mamá no está bien, la lactancia no va a prosperar. Nosotras debemos estar tranquilas, disfrutando esta etapa hermosa. Si no la estamos disfrutando y solo accedemos -no por decisión propia- sino ante la presión de terceros, ¿de qué vale lactar? Esa no debe ser la razón. Mamá debe estar feliz para transmitirle eso mismo a su bebé. Es una conexión hermosa, mediante la cual le transmitimos todos esos nutrientes necesarios, pero también los niños perciben cuando mamá no se siente bien. Así que no podemos presionar a otras mamás a lactar o peor aún, criticarlas si deciden no hacerlo o, por ejemplo, lactar por un periodo reducido de tiempo. Son decisiones muy personales y en fin es nuestro cuerpo. Cada cual decide lo que es mejor para sí. Seamos solidarias. Vamos a apoyarnos. Eso es lo que necesitamos.