¡Se me olvidó comprar el almuerzo!

No todas somos la mamá perfecta

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En estilos de maternidad hay de todo. Están las mamás absorbentes, que pretenden modelar todos los procesos del hijo o la hija. Están las hippies, que buscan resguardar a sus bebés de toda influencia del mundo transgénico, y los educan libres como el viento…y estamos las “disfuncionales “ o alternativas, para ser más suaves. Esas que comemos papas fritas con ellos o ellas, que seguimos durmiendo si olvidamos lavarles los dientes, o que le bajamos la histeria al pediatra con los medicamentos y enfermedades.

Pero olvidar pagarle el almuerzo y recordarlo en la tarde ¡fue mucho! La imagino, cándida, muerta de hambre, y luego furiosa, con cara de “pero mamáaa”. Imagen instantánea,  ¡soy el peor ser humano del mundo! Segunda imagen, llamar al colegio, solucionar. Tercera, escribir para hacer algo productivo con la experiencia.

Es así como funciona la culpa, sobre todo con el ser madre. Si queremos ser mujeres también,  humanas autónomas, lindas, libres y locas (como dice el grafitti), tenemos que endurecer la piel, o pagarnos una gran terapia. Todo el mundo opina y lo peor es que no es frecuente la solidaridad de género. Muchas veces podemos ser lapidadas sin piedad por otras mujeres que adhieren  a un modelo más tradicional.

El ser “buena madre” o “mala madre” se comienza a hacer una frase demasiado repetida, los auto cuestionamientos a todo lo que hacemos y dejamos de hacer se vuelven crónicos y muchas veces terminamos con una sensación de desesperación y soledad insoportable.

Para las que olvidamos comprar el almuerzo, ¡ánimo!, la culpa no nos sirve de nada y convenzámonos de que los “recién llegados al mundo” que estamos acompañando, o sea, nuestros bebés, concebirán el mundo de otra manera… las niñitas aprenderán a ser mujeres antes que madres y los niños conocerán la empatía y des/aprenderán prepotencia.

Y moraleja, ¡dejar establecidos planes de emergencia por mil!