Mamá a los 18

Cuando las obligaciones te quitan juventud.

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(cc) dianalent.com

Tengo 18 años y no, no soy mamá. Pero es como si lo fuera. Soy la mayor de cuatro hermanos. La más pequeña –la Vale- está por cumplir los dos años y, para ella, soy como su mamá. De hecho, me obedece más a mí que a nuestra propia madre. Duerme conmigo, come conmigo, ríe conmigo, baila conmigo, canta conmigo, dibuja conmigo… en fin. Cuando estoy en casa, hago casi todo con ella al lado.

Mi madrina siempre me dice que a la que más me va a extrañar el próximo año va a ser ella, y tiene razón. En la mañana, lo primero que hace cuando se levanta es ir a mi pieza y gritarme para que me asome y ella tenga la certeza de que estoy ahí. Pero obviamente, los días que tengo que ir al preuniversitario eso no es posible.

Mi mamá me cuenta que va cada cinco minutos va a mi pieza, hasta que se da cuenta de que no voy a asomarme a saludarla. Y cuando llego a la casa, corre a saludarme feliz. Aunque también otras veces se arranca enojada porque salí sin ella. ¿Pero cómo le explico que no puedo ir al preuniversitario con ella, una niña de un año y medio?

En verdad, soy una mamá para mi hermano y hermana también. Les cocino, les ayudo con las tareas, los meto a la ducha, les hago la once, les llamo la atención y los ayudo en todo lo que haga falta. Mi realidad es completamente diferente a la de ellos. Por lo mismo, aprendí a cocinar a los diez años. Y mi hermano, con 13, no sabe ni prender la cocina. Yo a los nueve mudaba a la Vale, cosa que ella nunca haría con nuestra hermana chica.

Soy la niñera designada de la familia porque, como dicen ellos, tengo un magíster en niños. Nunca les ha pasado nada si están conmigo. Prefiero hacer yo las cosas antes que se manden una cagada. De cualquier forma, el reto me llega a mi igual.

Todo esto tiene su lado malo, obviamente. La prioridad son mis papás. Si ellos tienen que salir -en la mañana, tarde, noche o cuando sea- soy yo la que tengo que sacrificar mi tiempo y mis juntas con amigos para quedarme en la casa cuidando a mis hermanos. Y eso me da rabia, porque lo encuentro más que injusto. Mis amigos incluso dejaron de invitarme a algunas cosas porque me dicen: “¿Para qué perder el tiempo preguntándote,  si es obvio que no podrás ir?”. Tienen razón.

Muchos me dirán: “Bueno, eres la hermana mayor, es tu deber”. Pero yo creo que no. Cuidar a mis hermanos, es el deber de mis papás. Yo, de buena onda, los ayudo para que ellos salgan tranquilos sin tener que preocuparse de ellos. Pero esa ayuda deja de serlo cuando ocupa el 90% del tiempo que tengo para mí.

Mis amigos me dicen todo el tiempo: “Pancha, está bien que quieras ayudar a tus papás, pero tienes que poner límites”. Hasta mi abuela le dice lo mismo a mis papás, pero no hay cambios. ¿Y cómo decirles que quiero más tiempo para salir y estar con mis amigos sin parecer una egoísta que no quiere compartir con sus hermanos? Mi papá me dice que voy a tener toda una vida para hacerlo. Es cierto. Pero hay cosas que disfrutas más cuando eres más “chico”.

En fin, no me queda otra. Ellos me necesitan. Si no lo hiciera yo, tendrían que tener una nana para cuidarlos y yo no lo aguantaría. No aguanto ni que mis tíos cercanos le levanten la voz a mis hermanos. Por lo mismo, menos le aguantaría eso a una desconocida.

¿Y si le llegara a pegar a alguno? No, no y no. Le saco la cresta. Y eso, en ningún caso sería bueno.