Sigrid Alegría: “Me da pudor equivocarme”

Espontánea, enérgica y reflexiva. La actriz, que interpreta a Jacinta en Yo soy Lorenzo, de Mega, hace un repaso por su exitosa carrera, describe parte de su historia y revela sus miedos

En la teleserie Yo soy Lorenzo, de Mega, encarna a Jacinta, una mujer que describe como rebelde, pero sin querer, porque se convirtió en madre soltera en los años 60, cuando era una realidad condenable. Sigrid Alegría se siente identificada con su personaje en algunos aspectos, aunque critica ese momento de la historia.

“El deber ser era mucho más fuerte. Ahora nos acompaña más el “sí, ¿y qué?” Existe una exigencia hacia la tolerancia. Agradezco no haber nacido en esa época, a pesar de que la ropa era hermosa, y los hombres y las mujeres siempre estaban muy arreglados. ¡No sé a qué hora se levantaban para hacerse esos peinados! Era una época muy bella y, musicalmente, muy atractiva. Salieron los instrumentos eléctricos y el rock and roll, pero el deber ser era una prisión”.

Con una exitosa trayectoria, la actriz de 45 años es conocida por su actuar libre y desinhibido, y cada vez se siente más cómoda siendo ella misma. Si ahondamos un poco en su historia, se convirtió en madre de Alonso a los 23 años, luego de terminar la universidad, fruto de su relación con el también actor Andrés Velasco. En 2010, vinieron Baltazar y luego Luciano, junto a su ex marido, Juan Andrés Ossandón.

A ellos quiere incentivarles la creatividad, porque cree que es una herramienta clave en la vida. “Los creativos son inmatables. La gente obediente, los que dependen de que te digan lo que tienes que hacer, están medios fritos. Si ese alguien no existe, ahí se quedaron detenidos. El creador siempre va a salir adelante y por eso estoy convencida de que hay que cuidar que el cerebro no se ponga flojo”, dice.

Sigrid Alegría

Esta entrevista la realizamos antes de que comenzaran las manifestaciones en nuestro país. Nos contactamos con la actriz para preguntarle acerca de sus reflexiones sobre la actualidad, ya que ha apoyado de forma activa el movimiento a través de distintas publicaciones.

Su vida, de alguna forma, ha estado marcada por la política. Recordemos que Sigrid nació en Alemania durante el exilio de sus padres, que luego emigraron a Holanda, para regresar a Chile en 1984. “Me crié en una tribu, prácticamente. A los chilenos nos metieron en un edificio y todos íbamos al mismo colegio. Éramos como una manada, estoy acostumbrada a formar parte de un clan”, revela.

Te hemos visto bien activa en redes sociales estos días convulsionados para nuestro país. ¿Cómo te llega esta situación?

Tengo un hijo de 22 años que es parte de la generación que necesita una esperanza para poder levantarse. Así de cerca.

Chile despertó. ¿Qué despertó en ti?

Estoy en un carrusel de emociones. Río y lloro al mismo tiempo. ¡Estoy viva! Hacetiempo que me perseguía una sensación que no quiero más. Por ejemplo, me preguntaban “¿cómo estás?” y mi respuesta era “aquí, persiguiendo responsabilidades y con miedo a envejecer.”

¿Cómo lo has vivido emocionalmente?

Siento algo nuevo. Hoy, persigo que mis hijos sientan la vida como una oportunidad, no como un castigo. Que ser chileno es un honor y no un alguien perdido en el culo del mundo atrapado entre mar, cordillera, desierto y hielo.

En algún momento dijiste que eres buena para las terapias…

¡Me he terapeado tanto y durante años!

¿Por una búsqueda?

Primero, por obligación, porque otros dijeron que necesitaba hacerlo. Entonces, evidentemente, empecé súper molesta. No entendía por qué se me cuestionaba tanto. Después, empecé a cachar que era entretenido. Vas a un lugar donde abiertamente puedes decir ‘¿hablemos de mí?’, y no tienes que preguntarle al otro cómo está (ríe). Súper egocéntrico, pero me gustó. Después, empecé a disfrutar conocerme, me sentí más segura. He sufrido, porque crecer duele, pero me siento más tranquila.

¿Qué procesos viviste?

Aparecieron preguntas, porque tuve una infancia bastante complicada y compleja. Siempre fui distinta. Nací extranjera y colorina, y ahora vivo en un país donde la gente me conoce, lo que también te hace diferente. Partí con las terapias tradicionales y después busqué alternativas. Quiero seguir aprendiendo.

¿Qué recuerdos tienes de esa infancia difícil?

Mis papás estaban en un estado especial. Partieron cuidando sus vidas en un país en el que no hablaban el idioma. Mi mamá estaba embarazada, sin familia y sin apoyo más que los otros chilenos que estaban en la misma situación. Mucho miedo durante muchos años, porque nadie pensó que esto iba a ser tan largo. Toda esa situación era estresante, y te diría que casi todas las parejas se separaron, desaparecieron muchos sueños, quedaron con muchos vacíos. Cuando volvieron a Chile ya no era lo mismo. Somos una generación criada por personas rotas.

“LA VEJEZ TIENE UN VALOR”

Sigrid Alegría

¿Cómo ves a la mujer actual?

Me siento cada vez más cómoda, porque antes era rupturista sin quererlo, igual que mi pobre Jacinta (en la teleserie). Pero no con un propósito, no de punky. Bueno, sí lo soy. Por ejemplo, el hecho de haber querido tener un hijo sin casarme, que se traduce en madre soltera. Terminé de estudiar y el vértigo de la libertad absoluta fue tremendo. ¡Me dio miedo poder hacer lo que yo quisiera! Sé hablar idiomas, me podrían haber recibido en otro país. Podía estudiar otra cosa, porque contaba con las posibilidades económicas para hacerlo, pero decidí tener un hijo para tener un ancla que me mantuviera en la tierra.

Recordemos tu participación como reina de Viña…

¡Hice cuerpos pintados! (ríe). La teleserie salía en marzo, y la pregunta era ¿cómo podíamos hacer la promo si toda la prensa estaba en Viña? ¡Metiendo a la protagonista a un reinado! Dije que sí y me puse a pensar cómo hacer la diferencia, manteniéndome dentro del mundo artístico, y esa fue la propuesta (ríe). Fue una rebeldía, pero sin querer, no hay maldad detrás de eso. Hoy, las mujeres tenemos más permiso para ser así, por lo tanto, las consecuencias son menores.

¿Siempre tuviste la idea de que las mujeres podíamos hacer de todo, sin limitaciones?

Sí, porque mi mamá y mi abuela eran mujeres muy guerreras. Vengo de un grupo familiar femenino muy fuerte, que podemos hacerlo todo, pero no queremos hacerlo todo. También es rico tener a tu compañero que te apañe, que te acompañe. La pareja se convierte en un par. Nosotras tenemos habilidades que ellos no y al revés. La igualdad, por ejemplo, debiera ser cuando hablamos de derechos y de sueldos, pero no somos iguales.

¿Te afectan los comentarios negativos en las redes sociales?

Al principio, no era capaz de leer los comentarios. Era terrible, pero ya estoy vacunada. Uno denuncia, bloquea y chao. Antes, quedaba tres días dolida. Me acostumbré a que me insultaran… qué loco eso. Lo que pasa es que soy de una generación en que uno se hace cargo de sus palabras. Cuando no existían las redes y decías algo, terminabas defendiéndolo, echándote para atrás o pidiendo disculpas. Había consecuencias. Ahora puedes decir cualquier brutalidad y no pasa nada. Lo entendí y me acostumbré. No me gusta, pero tampoco me quedo pegada.

Algunos se quejan de que las mujeres somos buenas para criticar…

Cuando nos vestimos, nos maquillamos y nos peinamos, lo hacemos para que otras opinen que tú estás hermosa, porque ellos no saben de qué color tienes el pelo, no cachan si te delineaste así o asá. Si otras mujeres te dicen que estás linda, estás linda. Les damos ese poder y hay muchas que abusan de eso: ‘Igual estás linda, pero ese color no te queda’, y te echan a perder el día. Se me acaba de ocurrir una teoría: en el minuto en que la vejez dejó de ser respetable y dejó de relacionarse con la sabiduría, empezó la competencia, porque no podemos envejecer. En las culturas donde la vejez es respetada, no pasa eso. Es linda la vejez, tiene un valor, no cualquiera llega a viejo.

¿Es un tema la imagen para ti?

Sigrid Alegría

Sí, le tengo miedo a la vejez. Es muy contradictorio con lo que dije antes, pero más allá de cómo me veo, le tengo miedo al dolor, que uno camine y te duelan los huesos. Que tu cuerpo no responda a lo que tú quieras hacer. Soy muy juguetona, entonces, si se me ocurre saltar y me quebro una rodilla y me tengo que quedar un año en cama, es algo que me da temor. Me gusta sentirme sana, linda. No soy trapera, no vivo en la peluquería ni nada de eso, pero me gusta sentirme ligera y saludable.

¿Qué otros miedos tienes?

En mi trabajo, me da pudor equivocarme, que digan ‘qué es mala actriz la Sigrid’. Es un temor con el que vivo, no quiero que nadie sienta eso conmigo. Hay personajes más entretenidos que otros, pero si me dicen ‘amiga, dedícate a otra cosa’ o ‘¿no quieres estudiar algo más?’, me muero. Soy autoexigente en ese sentido. Me da temor hacer el loco, aunque lo he hecho igual, pero en otro sentido (ríe).

¿Qué atributos te han ayudado a mantener tu carrera?

Saber trabajar en equipo es fundamental. Tienes que dejar fuera la envidia y la competencia, porque esas energías no te acompañan para pertenecer a un equipo. Si no tienes ese poder, porque nos crían siendo competitivos, la verdad es que es difícil que te mantengas mucho tiempo en un mismo lugar. Tener talento es sólo una parte.

¿Tu trabajo te da seguridad para todo lo demás?

Sí, mi trabajo me da fuerza. También me da miedo no ser querida por la gente que me importa, esa soledad. Me gusta estar sola, me entretengo harto, pero soy dependiente emocional con mis hijos, mi familia, mis amigas, mi equipo. Me da miedo pensar que algún día nadie se preocupe por mí. En resumen, morir sola.

Créditos ropa:

Overol, Opposite en Paris

Aros, Mery Satt

 

Vestido y collar, Mango

Zapatos, Steve Madden

Aros, Forever 21

Pulsera, Mery Satt

 

Blusa y abrigo, Alaniz

Pantalón, Mango

Aros, Forever 21

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