Bogotá Fashion Week 2019: El loable esfuerzo por crear una industria de moda viable

La plataforma se muestra como única en su género al poder integrar negocios y moda. Ahora hay que ir hacia la ciudad.

Una gran decisión de la Cámara de Comercio de Bogotá, con respecto a la edición del año inmediatamente anterior, fue abrir a la prensa y al público en general  la información sobre el proceso y los creadores elegidos para 2019. Eso ayudó a entender, de muchas maneras, el inmenso trabajo que hacen de la mano del Instituto Europeo de Diseño a la hora de acompañar a los diseñadores convocados y depurar su trabajo creativo para que construyan una marca que tenga salida. Ayuda a entender cómo los eligen, cuáles son sus procesos, qué es lo que tienen que hacer, en cuanto a creación y también en cuestión empresarial, para lograr expandirse según los proyectos que tengan para su marca. Y eso se vio, claramente, en varias pasarelas de esta edición y también en el Market Experience, donde se puede ver que no importa el origen de la marca, sino las interesantes promesas de valor que puedan dar para construir, desde distintos ángulos, una industria de moda boyante.

Al lado de diseñadores con experiencia ( y con una riqueza narrativa impresionante) como Isabel Henao y Jorge Duque, creadores emergentes como Cubel y Papel de Punto muestran que el talento colombiano puede evolucionar e incluso separarse de ese bolero Caribe por el que hemos sido conocidos a nivel internacional. Y que incluso puede enriquecerse, tal y como se vio con propuestas como la de Socarrás y Silvia Tcherassi. También es emocionante y fascinante descubrir que tenemos miles de universos para descubrir en cuestión de accesorios en el mercado de lujo. Desde lo precolombino contemporáneo, con Flor Amazona, hasta la innovación en este terreno a través de la técnica, como Edén. Geometría e historias de origen, con Fernanda Arias y Metalero. E incluso nichos de mercado desatendidos, como el de las drags en Bogotá, a través de la marca de zapatos y accesorios Zandan. En cada edición se nota el esfuerzo de los curadores por encontrar nuevos relatos a través de varios sectores de moda y a su vez nuevos mercados. Y a esto debe apostarle más la Cámara de Comercio: a exhortar a los creadores a buscar nuevos mercados que en este país han sido prácticamente ignorados. Y claro, seguir dándoles opciones concretas y realistas para hacer matchings con compradores y así mostrar su talento ante el mundo.

Según las cifras oficiales, hubo más de 350 citas de negocio que cumplieron las expectativas de los diseñadores. Al evento, en los tres días, asistieron más de 15 mil personas. En lo que coincide la institución, así como Nina García (quien estuvo en el conversatorio principal al lado de Edgardo Osorio de Aquazzura y Silvia Tcherassi) y también los compradores, es que la moda colombiana tiene un diferencial importante por el valor originario, las técnicas ancestrales y artesanales y por la variedad de productos que ofrece el país en el sector. Creadores como Isabel Henao, Pamela Lamus, Palmacea y Alejandra Valdivieso, entre otros, se mostraron satisfechos por las oportunidades de negocio que generó la feria, que es excelente en su curaduría al tener a Ana Sabater, del Instituto Europeo de Diseño, a la cabeza del proyecto. También fueron notables los conversatorios académicos (se agradeció enormemente que el de Tcherassi, García y Osorio fueran abiertos al público). Sí, la Cámara de Comercio de Bogotá ha cumplido su objetivo y por la industria de moda, es maravilloso que sigan trabajando en ello. Pero si se habla del evento, la feria debe apuntarle más a la ciudad.

La ciudad es el Ágora

En esto puede dar ejemplo México Fashion Week: pasaron del Campo de Marte, un espacio centralizado, a realizar pasarelas en los puntos más icónicos de la ciudad. Esto hace que se sienta más la presencia de moda en el espacio urbano y también para el ciudadano de a pie que ve la moda como algo lejano y muchas veces elitista, por más que nos pese. ¿Por qué no pensar lo mismo para Bogotá Fashion Week? Incluso, se podría pensar en integrar, a futuro, otros sectores de moda, como los más comerciales y masivos si esto no va en contravía de la naturaleza del evento.

Ahora bien, Ágora se reveló como un espacio donde se centraliza la experiencia de moda. Y está bien si esto se ajusta a las necesidades de la organización. Pero si eso va a ser así, ¿por qué no traer la experiencia de Bogotá a su espacio? Para la próxima edición se podría hacer la experiencia de moda un poco más integral: lugares más "instagrameables" para que los asistentes puedan subir sus fotos a redes sociales. También lugares más amigables y "cool" (se podrían adecuar) donde la gente pueda beber, comer y cargar sus aparatos electrónicos en calma y donde puedan disfrutar de un buen plato o un buen trago  tranquilamente  sin necesidad de irse en taconazos a buscar comida fuera del espacio a altas horas de la noche. O incluso, aliarse con restaurantes para poder dar esta experiencia completa de ciudad, que también tiene una oferta de gastronomía increíble. Claramente, también se podría mejorar al asignar lugares y entradas a la hora de los desfiles (se podrían numerar las escarapelas, por ejemplo) y revisar juiciosamente la convocatoria de influencers y medios. Pero estos son detalles que se pueden mejorar sustancialmente en un evento que ha trabajado por un objetivo diferencial y claro y que lo ha logrado paso a paso. Sí: lo han logrado en lo más importante . Y ese es un esfuerzo loable en un país y una ciudad desbordantes de talento que ellos mismos se han encargado de encausar y hacer florecer de maneras sorprendentes.

5 pasarelas de Bogotá Fashion Week 

Jorge Duque

Su esencia de exploración con materiales y siluetas, así como una construcción juiciosa de concepto siguen siendo claves en su ADN. Pero Jorge se reinventa: esta vez le apuntó a lo originario sin tener que irse a lo meramente artesanal y primario como sucede con tantísimos diseñadores colombianos. Tomó símbolos como el cacao, los animales sagrados y los trasladó a vestidos con PVC y otros materiales únicos (incluso los monolitos de San Agustín en prendas sporty y statement), con calidad única de ejecución. Como siempre.

Isabel Henao

La fluida, ligera, ensoñadora sensualidad evolucionan en el trabajo textil. La diseñadora paisa se conoce bien, conoce que su visión se puede renovar a través de la exploración de los materiales,  del contraste sutil entre texturas y con siluetas que ya son características de su marca y que han dado ese aire onírico a sus colecciones. Su base la renueva con terciopelo, cuero, con telas ricas en texturas, para dar una elegancia poderosa, sensual y sutil, como una caricia, una leve pero inolvidable imagen visual.

Cubel 

Pitt Cubel también se enfocó en explorar lo originario y su universo sagrado, pero a través de su esencia urbana, genderless y provocadora. Estampados poderosos, una puesta de escena impecable (diríase que la mejor de toda la feria). Capas, prendas oversized, degradés, contrastes geométricos. Cubel le apunta a lo global, al sentir actual de lo joven y urbano en espacios donde se desdibujan géneros y convencionalismos.

Carolina Estefan

carolina estefan

El poder está en los estampados, en la historia que cuentan. Prana refleja laconexión, la espiritualidad, la esencia. Constelaciones, lamés, estampados que evocan las rocas, la naturaleza, la inmensidad se conjugaron en siluetas fluidas y románticas para que todo ese trabajo textil que siempre ha caracterizado a la diseñadora hablara por sí solo.

Papel de Punto

Prendas de siluetas accesibles, juveniles, simples, pero con todo el poder de contar historias a través de las ilustraciones y las técnicas de punto. La colección se llamó "Delfín hasta el fin" y la marca fue pura diversión: suéteres, abrigos oversized con formas geométricas e ilusiones ópticas. Delfines, tigres, mapamundis. Piezas y looks altamente deseables y vibrantes. Ellos fueron los que se ganaron la beca con el Instituto Europeo de Diseño y con razón: han rescatado de manera totalmente juvenil un arte que parecía condenado a estar en el estereotipo de la senectud.

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