Ignacia Allamand en "Crónicas de una güera": "Never give up and let it be"

La mayoría de las veces no podemos elegir lo que nos pasa, pero siempre podemos escoger cómo reaccionamos. Y qué importante fue para mí, en ese minuto, recordar que efectivamente tenemos la capacidad de tomar cualquier situación, por complicada que sea, y convertirla en una oportunidad

Dicen que cambiarse de casa es una de las situaciones más estresantes que puede vivir una persona, junto con la muerte de una ser querido y un desastre natural. No sé realmente cómo se llega a esa estadística, ni cómo se mide, pero la semana pasada fue mi tercera mudanza en menos de dos años y me atrevo a decir que es altamente posible que sea cierta. Calculando, me di cuenta de que he vivido en un total de 14 casas en cinco países, lo que me pareció una cifra ridículamente alta incluso para una persona con alma nómade como yo. Y pensé que, si efectivamente cambiarse es algo tan traumático, mi historia debía estar marcada por el estrés. Sin embargo, a pesar del desgaste y el cansancio que ha significado, cada vez que me he movido ha resultado ser un nuevo comienzo y mucho aprendizaje, además de uno que otro milagro. Y mientras subía maletas sudando la gota gorda -en esta pasada me tocó hacer el cambio totalmente sola a un cuarto piso sin ascensor-, me puse a reflexionar sobre la maravillosa capacidad que tenemos los seres humanos de reinventarnos y dar vuelta situaciones muy difíciles.

Cuando me divorcié, una de las cosas que más me costó fue renunciar a la idea, que yo misma me había hecho, de cómo iba a ser mi vida. Me sentía profundamente desilusionada, triste, y muy fracasada. No sabía por dónde partir. Y me acuerdo que en una de las conversaciones que tuve con mi mamá, salió el tema de volver a empezar. Partir de cero, aunque la página nunca está completamente en blanco, porque cuando venimos de situaciones complejas siempre traemos información nueva, suele ser la base para reconstruirnos. Y en esa conversación, que me quedó para siempre grabada, ella me dijo, entre otras cosas, que en la vida me iba a tocar empezar de nuevo muchas veces, y que la clave estaba en la manera en que elegíamos enfrentar este comienzo. La mayoría de las veces no podemos elegir lo que nos pasa, pero siempre podemos escoger cómo reaccionamos. Y qué importante fue para mí, en ese minuto, recordar que efectivamente tenemos la capacidad de tomar cualquier situación, por complicada que sea, y convertirla en una oportunidad.

Hoy, creo que la clave está en saber equilibrar el “Never give up” de Phil Knight con el “Let it be” de McCartney. Combinar el estado de esfuerzo con la difícil habilidad de soltar y confiar en que las cosas se ordenan a nuestro favor si somos conscientes y constantes.

Pocas semanas antes de la fecha límite que me había auto impuesto para dejar el departamento amoblado en el que viví durante mi primer año en Ciudad de México, todavía no había encontrado otro que se adaptara a mis necesidades y, sobre todo, a mi presupuesto. Tampoco tenía muebles, ni la menor idea de cómo iba a lograr habitar un lugar si dentro de mis pertenencias no había ni un tenedor, menos un refrigerador o una cama. Pero sabía que tenía que moverme. Además, ya había avisado que me iba y llegaba un nuevo inquilino, así que tampoco había opción de desistir.

Estaba aterrada. La fecha se acercaba y nada. Y aunque a ratos entraba en pánico, seguía buscando, llamando, mirando, visitando, confiando y, honestamente, rezando. Todos los días insistía a pesar de lo frustrante de la situación. Never give up.

Y cuando por fin abrí la puerta del departamento desde donde escribo ahora, supe que quería vivir aquí. No sé cómo logré convencer al dueño que me bajara el valor del arriendo y que desistiera de la cláusula del aval. Y después, las magias. Una amiga tuvo que dejar su casa inesperadamente y me prestó lo básico. En un día pasé de estar en crisis a tener lo imprescindible, y de la forma más inesperada. Let it be.

Sé que soy una persona muy afortunada, pero también tengo la convicción de que lo que nos llega, encuentra el camino hasta nosotros porque está en nuestra misma frecuencia. Y aunque es totalmente válido deprimirse y llorar y tener miedo, tenemos la capacidad de dar vuelta la realidad. Se puede partir de cero muchas veces, algunas voluntariamente, otras obligados por las circunstancias. Lo importante es la actitud que tomamos frente a eso que enfrentamos. Los finales tristes pueden ser comienzos maravillosos. Nunca es fácil, pero se pude, siempre y cuando no te rindas y aprendas, finalmente, a soltar.

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