Ignacia Allamand en Crónicas de una Güera: "La mejor manera de meditar es la que te resulta a ti"

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Existe una práctica que sirve para todo, un método gratuito disponible 24/7 que ayuda a sobrellevar cualquier mal, cualquier problema, por complicado que sea. Este sistema no tiene ninguna contraindicación y el 100% de quienes lo usan, aseguran que es algo positivo en sus vidas y que desde que lo practican de forma constante, son más felices. Se llama meditación y consiste, básicamente, en respirar.

La respiración es lo que nos conecta con la vida, con el planeta. Es una de las pocas cosas que tenemos en común todos los animales y las plantas. Respirar profundo, detenidamente antes de hacer cualquier cosa, es una forma de dirigir nuestra atención y nuestra energía, de conectarnos con nuestras más profundas emociones. Es una pequeña pausa que nos hace conscientes, presentes, vivos.

Hace algunos años fui a aprender Vipassana –la técnica de meditación más antigua del mundo– a un centro en las afueras de Buenos Aires, aunque hay centros Vipassana en todo el mundo, y la enseñanza es gratuita. Los retiros se financian con las donaciones voluntarias de quienes ya hicieron el curso y este incluye techo, comida, y muchas, muchísimas horas de instrucción y práctica. Creado por Buda hace 2.500 años, es una de las formas de meditación más populares del mundo, a pesar de ser muy exigente y haber estado “perdida” durante siglos. La enseñanza es dura, son 10 días de absoluto silencio sin ningún tipo de estímulo, comida estrictamente vegetariana, abstinencia sexual, y cero alcohol o drogas o libros o música o cualquier otra cosa que te distraiga del objetivo principal, que es mirar para adentro y aprender la técnica. Tampoco puedes matar ningún ser vivo durante el proceso…

Sé que esto último puede parecer fácil, pero cuando estás en pleno verano, en el campo trasandino, con un alto porcentaje de humedad, durmiendo en un galpón abierto rodeada de zancudos hambrientos, se puede transformar en el desafío mas complicado de todos.

Al igual que todas las otras formas, la base del Vipassana es la respiración, o mejor dicho la atención en la respiración. Hacer consciente ese proceso que normalmente realizamos de forma automática es lo que nos entrega la plataforma para conectarnos con un campo de energía pura y de creatividad infinita. Entender que nuestras sensaciones no son permanentes, sino que surgen y desaparecen, es un descanso, al igual que saber que después de la tormenta sale el sol. Y si a eso sumamos el entendimiento de que es nuestra reacción o apego lo que prolonga la permanencia de estas emociones en nuestra vida, se transforma en una herramienta muy valiosa a la hora de encontrar la paz interior. Pero no quiero ponerme demasiado conceptual, ya que entiendo que es precisamente el prejuicio de que la meditación es una rareza hippie o new age, media religiosa, de charlatanes con nombres de pocas sílabas que se aprovechan de la debilidad humana para hacerse ricos, lo que ha alejado esta práctica maravillosa de miles de personas en todo el mundo. Y es algo tan concreto, físico y efectivo contra el estrés, la angustia, los bloqueos creativos y para mejorar la forma en que nos sentimos, como lo es comer para saciar el hambre.

A pesar de que ese retiro fue una de las experiencias más intensas y profundas de mi vida, no es el método que uso hoy. Honestamente, ser un meditador Vipassana requiere de una disciplina que no tengo. Pero hay esperanza. Hoy más que nunca existen Apps, videos en youtube y libros para aprender. La meditación no es una práctica que funciona mejor en la mitad del bosque vestido de blanco, o en el Tíbet. La mejor manera de meditar es la que te resulta a ti, aquella en la que puedes ser constante, porque al igual que con cualquier otro método, es la continuidad lo que te entrega verdaderos beneficios. Para mí meditar, o intentar meditar, que es lo que hacemos la mayoría de los mortales, es una actividad de 20 minutos diarios (en el mejor de los casos) que logro con la ayuda de Calm, una App de mindfulness. Pero estoy segura de que introducir esta práctica en nuestra vida puede ser incluso más fácil y requerir menos tiempo. Basta con un par de veces al día cerrar los ojos y respirar profundo, una, dos, tres veces. O antes de emitir un juicio. O de entrar a una habitación. O de ingresar a una red social e insultar a otro y decirle lo feo o estúpido que te parece, aunque nadie te haya pedido tu opinión. Además es gratis. Y solamente puede mejorar tu vida, y con eso, la de todos los demás.

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