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La aventura ecologista y solidaria de Recicleta no se detiene

La agrupación cumplió siete años reparando y regalando bicicletas a quienes más las necesitan. Esta es su historia cargada de esfuerzo y compromiso.

La primera bicicleta que regalaron en Recicleta fue a la suegra de Alejandro Vera. Él, ingeniero en computación, manejaba los conocimientos básicos de un ciclista promedio pero se dio cuenta de algo: la gran cantidad de bicis que permanecen botadas en algunas casas y, al mismo tiempo, la existencia de muchas personas que no cuentan con los medios para movilizarse en este práctico medio de transporte.

Así nació Recicleta. El primer año regalaron 50 bicicletas, luego 90 y después 120. Ahora reciben tantas para que sean reparadas y entregadas que sus manos no son suficientes. Así, los modelos que reciben se apilan en la antigua casa que arriendan en Santiago Centro a pocas cuadras del metro Rondizzoni.

En este lugar nos recibe Felipe Cuevas. Es uno de los nueve miembros que integran esta agrupación que lleva seis años arreglando y obsequiando bicicletas a quienes las necesitan. Las primeras eran destinadas a cercanos y conocidos, luego los deseos de cooperar de este grupo fueron creciendo y comenzaron a trabajar con centros comunitarios, juntas de vecinos y hogares de niños.

“A todos nos gusta andar en bicicleta, no todos sabían de mecánica, pero todos teníamos algún grado de inquietud por el medioambiente y también por hacer un trabajo voluntario desinteresado”, explica Felipe mientras se limpia la grasa de los dedos en su delantal.

El camino que han recorrido como grupo no ha sido sencillo. En los primeros meses debieron recurrir al autofinanciamiento para poder sustentar su trabajo. Además, ni siquiera tenían un lugar dónde operar, así que cada uno acumulaba bicicletas en su hogar. Ahora, se instalan con un puesto todos los domingos en la CicloRecreoVía donde realizan reparaciones cobrando sólo un aporte voluntario. También venden repuestos y llaveros confeccionados con cadenas recicladas.

Todo este esfuerzo ha valido la pena, de eso no hay duda. “A muchos niños de escasos recursos les hemos regalado bicicletas y ellos son increíblemente felices cuando se ven arriba de una bici porque para ellos es más que un medio de transporte, es un juguete todavía. Ellos se iluminan cuando se llevan una bicicleta. También le hemos regalado bicicletas a gente que la usa para trabajar y eso les ha cambiado la vida”, agrega Felipe.

Pero la función de Recicleta no se queda ahí. También realizan talleres para enseñarles a los ciclistas las reparaciones básicas y así se termine con la gran cantidad de bicicletas que son abandonadas en las casas por alguna falla. Entre sus alumnos hay desde niños de diez años hasta mujeres de 70. El objetivo de este grupo de amigos es que las bicis no estén estacionadas inservibles, sino que estén en las calles y en manos de quienes más las necesitan.

“Una de las principales razones del porqué se abandonan las bicicletas es que la gente no sabe repararlas, tratamos de abarcar todas las aristas por las cuales la gente podría abandonar una bici. No solamente las repartimos, también hacemos clases para que sea un conductor informado y sea capaz de arreglar la bici”, explica Ana María Carrizo.

En estos momentos la agrupación también realiza una labor inclusiva importante con el armado de una bicicleta tándem destinada a personas no videntes para que así ellos también puedan sentir lo que significa pedalear y manejar este medio de transporte.

Los proyectos no paran y el límite parece cada vez más lejano. Por ahora, los integrantes de Recicleta se concentran en su labor consciente, inclusiva y solidaria y con generar algo de impacto en su entorno, una suerte de llamado de atención en un país que no parece preocupado del daño que genera en el medioambiente.

“La gente en general no es consciente del impacto que tiene en el medioambiente, no saben lo que generan de desecho. No hay un trabajo en conjunto para sacar esto adelante. Hay que cambiar el chip desde que uno es chico”, añade Ana María.

En la casa que arriendan ya hay siete bicicletas de niño recién reparadas listas para ser entregadas. Pronto, los miembros de Recicleta volverán a ver las mismas caras de alegría que tantas veces los han motivado a seguir con su desinteresado y comprometido trabajo.

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