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Bayer quiere comprar Monsanto

El gigante farmacéutico habría ofrecido más de 42.200 millones de dólares. Mientras, la multinacional entra con fuerza en Latinoamérica y es rechazada por países europeos.

Al nombrar o escribir la palabra “Monsanto” inmediatamente las personas reaccionan. Y es que la historia de esta multinacional ha convivido con un amplio rechazo de parte de las comunidades, sin embargo, ocurre todo lo contrario en el mundo empresarial. Monsanto es el Santo Grial del futuro agrícola y científico para los ambiciosos y bueno se lo pelearán hasta las últimas consecuencias.

Hoy una noticia nos ha impactado a todos, la empresa norteamericana informó públicamente que ha recibido una cuantiosa oferta de la compañía químico-farmacéutica alemana Bayer. Monsanto no dio grandes detalles de la cifra, pero claramente al hacer público el anuncio se demuestra el interés. Según la prensa internacional se trataría de un monto superior a los 42.200 millones de dólares, ya que ese fue su precio al cierre de Wall Street este miércoles.

Los analistas inmediatamente comenzaron a sacar sus cuentas, y claro si la fusión llega a buen término Bayer podría conseguir ventas anuales por más de 67.000 millones de dólares. ¿Impactante no?

Ahora, tras esta información todos comenzamos a sacar cuentas, por ejemplo; esta unión hará que la empresa alemana maneje el 30% del negocio de semillas y químicos agrícolas. Debido a esto, serán solo tres grandes conglomerados los que manejarán las semillas del todo el mundo. ¡Tres! Para 7000 millones de humanos.

Sin duda, acá no se trata solo de un debate de millones de dólares y personas como lo muestran los medios de comunicación económicos. El trasfondo de esta información es el verdadero tema. Tres empresas multinacionales serán dueñas de todas las semillas del mundo y ahora se quiere involucrar en este negocio un gigante que fabrica medicamentos y desarrolla ciencia de la salud. Es cosa de sumar, dos más dos.

Monsanto, adeptos y detractores

Fundada en 1901 por John Francis Queeny, en poco más de 100 años, Monsanto se ha convertido en una empresa millonaria con amplia participación en el mercado mundial, pero al mismo tiempo es una de las más criticadas por su negocio. Han desarrollado una serie de campañas de comunicación, gastando millones en publicidad para reconciliarse con sus detractores, sin embargo, estos crecen cada vez más.

El desarrollo de semillas modificadas genéticamente no genera ningún tipo de confianza en los más críticos. Lo que hemos visto en torno a esta historia innevitablemente nos divide.

Naturalmente, se han creado dos bloques de países respecto del uso de semillas de Monsanto en el mundo. Los principales usuarios de estos granos son americanos. EE.UU. tiene más de 70 millones de hectáreas plantadas, le sigue Brasil con 24 millones de hectáreas y Argentina con 22 millones de hectáreas.

Por otra parte, están los europeos. Estos tienen total libertad de imponer o no restricciones a la multinacional. Y bueno, la mayoría ha decidido hacerlo. 19 de los 28 miembros de la Unión Europea han puesto fuertes barreras a las semillas transgénicas. En 2015 Alemania, Grecia, Italia, Francia, Suiza, Irlanda, Australia, Luxemburgo, Bulgaria y Hungría decidieron ser zonas libres de transgénicos. En febrero de ese año Monsanto anunció su retirada del continente europeo por las barreras impuestas. Sin embrago, hay tres países que apoyan el negocio y permiten el libre funcionamiento de la multinacional en sus tierras, República Checa, Portugal y España.

Durante los más de 100 años de vida, Monsanto se ha visto involucrada en una serie de prácticas poco éticas e ilegales. Histórico es el conflicto del Agente Naranja en la década del 60′ en plena Guerra de Vietnam. La empresa comercializó herbicidas y defoliantes que fueron usados en la guerra química de EEUU contra los asiáticos en la operación operación Ranch Hand. ¿El resultado? 400.000 personas asesinadas o mutiladas y 500.000 niños nacieron con defectos de nacimiento.

También podemos remontarnos a los 70′ cuando la misma empresa se vio involucrada en la fabricación y venta de DDT, insecticida creado para eliminar al mosquito que transmite malaria. ¿El resultado? En 1972 fue prohibido en EEUU, hubo demandas de personas con infertilidad, fallos en el desarrollo y destrucción del sistema inmunológico.

Existen incluso importantes casos de corrupción en los que Monsanto ha estado involucrado y condenado. En 2005 la empresa accedió a pagar una multa de US$1,5 millones al gobierno norteamericano ya que se descubrió que “uno de sus empleados” sobornó a un funcionario del Ministerio de Medio Ambiente de Indonesia con el fin de evitar evaluaciones de impacto ambiental sobre el algodón de Monsanto.

En 2015 Francia prohibió la venta libre del Roundup, el herbicida estrella de compañía norteamericana por ser considerado cancerígeno.

Y así suma y sigue. ¿Es posible confiar y permitir la libre acción de una empresa a la que, de acuerdo a los antecedentes, solo le importa lucrar aunque sea a costa de la salud del planeta y la humanidad? ¿Qué pasará si la venta a Bayer se realiza?

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