Cultivan el cacao y prueban el chocolate por primera vez

Uno creería que quienes viven recolectando el fruto del cacao están hartos de comer chocolate, pero la verdad es que no se pueden permitir este lujo.

Chocolate, manjar de los dioses. Muchas veces comemos una tableta sin pensar de dónde viene ni gracias a quién podemos degustar este delicioso alimento, simplemente la disfrutamos. Para que sepan, el primer ingrediente para producir chocolate es el cacao, que se obtiene principalmente en Costa de Marfil.

Los recolectores de cacao de Costa de Marfil pasan su vida rodeados de esta semilla. A pesar de esto, nunca han probado el producto terminado, ¿por qué? porque están en lo más bajo de la cadena de producción. Los comerciantes, procesadores, exportadores y fabricantes del chocolate se sientan encima de los agricultores en la cadena y exigen un margen de beneficio. Los agricultores tienen poco poder de negociación y reciben el mínimo indispensable para su producto.

Es más, muchos recolectores de cacao ni si quiera saben para qué lo cosechan. Es por eso que cuando prueban el chocolate por primera vez se ven tan sorprendidos.

¿Cómo es que las personas que recogen y muelen la semilla del cacao no han comprado chocolate? Porque ganan alrededor de 9 dólares al día, y una barra les cuesta casi 3 dólares.

“Nos quejamos porque hacer crecer el cacao es un trabajo duro. Ahora nos gusta el resultado. ¡Qué privilegio poder probarlo!”, dice uno de los trabajadores tras haber probado el primer bocado.

Los trabajadores comen la barra con buen humor y admiración, sin poder creer que lo que ellos hacen termina en este resultado. La injusticia es clara, pero ellos no dicen nada, solo se resignan. Y lo mismo pasa con muchos productores de distintos tipos de materias primas, que no ven el resultado o sus sueldos no les alcanza para tenerlo.

Si la Madre Tierra nos da el cacao y nosotros podemos procesarlo para que su sabor sea cada vez mejor, es injusto que quienes se rompen la espalda para darnos estas semillas sean tratados casi como esclavos, con una paga que es prácticamente una miseria, y que las grandes empresas se lleven todo el crédito. Sin los recolectores no habría chocolate. Son el primer escalón y debiesen ser tratados de manera más digna.

A veces nos olvidamos que los demás son personas, sobre todos los grandes empresarios, y tratan a sus trabajadores como simple mano de obra que no tienen dignidad. Pero no es así. Todos somos igualmente dignos, sin importar en lo que nos desempeñemos.

Debemos informarnos de cómo se produce lo que comemos, lo que usamos, lo que nos ponemos, para evitar que se siga explotando a los trabajadores que están más abajo en la cadena de producción, y que son igual de importantes que los que les siguen.