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La Haya prohibe a Japón la caza de ballenas en la Antártida

Hoy es un gran día para la naturaleza, dado a que la sangrienta tradición ya no podrá seguir aludiendo a criterios científicos para dar muerte a los cetáceos, según el fallo de la Corte Internacional de Justicia.

En medio de la crisis nuclear en Fukushima producto del terremoto, el gobierno japonés invirtió 26 millones de dólares para reactivar la matanza ballenera. Así de irracional resulta la sangrienta práctica que averguenza cada vez a más nipones, que no consumen hace décadas la baratísima carne de estos animales, que congelada, llena cientos de bodegas. Mientras en 1962 se comercializaban 230.000 toneladas, en 2009 sólo alcanzaron las 4 mil.

Este repudio local, también se comparte en el resto del mundo que hoy se oficializa por medio de el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) con la revocación del permiso de caza de ballenas con fines científicos en la Antártida, pues ya era de conocimiento público que este argumento no era más que una excusa que permitía mantener vigente una bárbara “tradición” .

“Por 12 votos a 4, la Corte decide que Japón tendrá que revocar cualquier permiso o licencia relacionado con Jarpa II y evitar pedir otros permisos en el contexto de ese programa”, anunció el presidente de la CIJ, Peter Tomka, en la lectura del fallo.

Este dictamen es vinculante y fue solicitado por Australia que demandó que Japón transgrede específicamente su obligación de cumplir el mandato de la moratoria total de la caza con fines comerciales que entró en vigor en 1986, cuando se declaró la moratoria internacional, que  retomó posteriormente bajo un programa con fines científicos (JARPA) autorizado por la comisión ballenera, a pesar del escepticismo de muchas asociaciones y países.

Es importante seguir avanzando en la prohibición total de la caza de cetáceos, no sólo en la Antártida y exclusivamente para Japón, sino también para Dinamarca, Noruega e Islandia.

Los criterios sobre conservación y sustentabilidad han cambiado,  así como la conciencia de que los cetáceos cuentan con características que les hacen merecedores, según los neurocientíficos, de la categoría de “persona no humana”.

Fuente: La Corte Internacional prohíbe la caza de ballenas en Japón

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