La contaminación transgénica es una realidad en Estados Unidos

Como resultado de una reciente encuesta, los campesinos estadounidenses dedicados a la producción orgánica confirman que han sufrido contaminación transgénica.

La coexistencia de cultivos orgánicos con cultivos de transgénicos en el campo ha sido uno de los temas controversiales desde que fueron desarrolladas semillas genéticamente modificadas. Estados Unidos ha sido el país pionero en adoptar prácticas de agricultura industrial desde 1996, pero también el primero en experimentar los efectos negativos de éstas.

De acuerdo a una reciente encuesta a productores orgánicos, realizada por Food and Water Watch, en colaboración con Organic Farmers’ Agency for Relationship Marketing (OFARM), la situación de los campesinos estadounidenses no es muy alentadora.

Uno de cada 3 productores orgánicos han tenido problemas de contaminación de cultivos transgénicos cercanos a sus terrenos. La mitad de ellos han tenido problemas con sus compradores, pues su producto ha sido rechazado por no ser orgánico, lo que se traduce en una pérdida de aproximadamente USD $4,500 dólares por carga.

Además, el 80% de los agricultores encuestados dicen estar preocupados por el impacto de los organismos genéticamente modificados en sus cultivos, y cerca del 60% están “muy preocupados” por ello.

Esta encuesta se da un momento clave. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) extendió el plazo para recibir comentarios respecto un estudio sobre las formas en que los cutivos transgénicos pueden coexistir con los convencionales y orgánicos.

Durante 2011 y 2012, el Comité Consultivo de la USDA en Biotecnología había hecho una revisión de la situación pero concluyó que no había suficiente información para determinar si efectivamente había contaminación transgénica y los costos de ésta. Se tenía la sospecha que este resultado fue consecuencia de la presión de la industria biotecnológica y su poder de cabildeo.

Los encuestados también dijeron que lo que hace falta es una regulación menos laxa y una inspección adecuada por parte de las autoridades. Quienes siembran semillas genéticamente modificadas no tienen obligaciones al respecto, dejando todo en manos de los agricultores orgánicos. Por más medidas que los agricultores están tomando -a su costa y con pérdidas económicas significativas- para evitar ser contaminados, esto no ha sido suficiente

Ejemplo para el resto del mundo

Debido al boom que la industria biotecnológica ha tenido a nivel mundial, es inevitable ver la experiencia de Estados Unidos como indicador de lo que podría pasar en otros países que apenas empiezan a adoptar estas tecnologías.

En especial, en los países en los que los costos ambientales, sociales, culturales y económicos podrían ser mayores. Uno de ellos es México con el maíz, pues es centro de origen de 59 especies. Es decir, en este país fue donde surgieron estas especies a raíz de un largo proceso de domesticación.

Desde hace unos años se ha denunciado la contaminación transgénica sin que las autoridades mexicanas tomen medidas al respecto. De hecho, el mismo gobierno sido de los principales promotores y defensores de la introducción de maíz transgénico, a pesar de que varios investigadores y científicos han advertido sobre el gran riesgo para la diversidad que el maíz transgénico implica.

Este es un caso más que nos recuerda que antes de copiar tecnologías por el simple hecho de ser algo innovador, hay que analizar sus implicaciones y el contexto local para una mejor toma de decisiones.

Fuente: U.S. Farmers Report Widespread GM Crop Contamination (IPS News)