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El anunciado negocio de marihuana de Monsanto en Uruguay

George Soros, el financista del lobby pactado con Mujica para asegurar la legalidad de la cannabis, es uno de los accionistas mayoritarios de Monsanto.

Nada es perfecto. Lo sabemos, pero debemos reconocer que nos ilusionamos ante la legalización del autocultivo, compra, porte y consumo de marihuana en Uruguay, y más aún por el líder que lleva a cabo esta iniciativa, que rompe con el mito y acaba con el narcotráfico: Pepe Mujica.

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El semanario The Economist eligió a Uruguay como país del año 2013, y su homólogo The Guardian hizo un llamado por un premio nobel de la paz para el presidente uruguayo.

Todo viento en popa, salvo por las interrogantes que surgen luego de ponerse en vigencia esta medida. ¿Quiénes podrán consumir? y ¿a quiénes el Estado les dará la tarea de proveer cannabis? Dos preguntas cruciales dado a que de sus respuestas dependerá el éxito de esta política pública.

De la primera surge el problema de quienes no quieran aparecer en ningún registro, el cuál se exige para tener control sobre el gramaje de marihuana vendido, por lo cuál se estimulará de todas formas el mercado negro. Además, maestros, policías y todo aquel que tenga un trabajo público, no querrá exponer su consumo en una lista para no tener algún tipo de sanción social.

De la segunda, recordamos lo planteado en la columna“La marihuana: los desafíos de la legalización”, donde se menciona el problema del monocultivo en los campos, la privatización de la semilla por gigantes de la agroindustria, los trasngénicos, el abuso de pesticidas y la colosal industria de la manufactura.

Considerando que ahora que la marihuana es ilegal, ya un 5%de la población es activa consumidora en Uruguay y, ante la legalización, el turismo crecerá exponencialmente a motivo de probar la marihuana. Este es un millonario negocio bajo la tutela del Estado, que a su vez hará parte a privados, y si esos privados son Monsanto. La cuestión se pone compleja.

Monsanto y la legalización de marihuana en Uruguay

Gracias al dato de Pepe Flores y a la traducción esmerada de @Matistrato, contamos con el artículo “Monsanto und die Marihuana-Legalisierung in Uruguay” que expone lo siguiente:

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Jamen Shively , un ex gerente de Microsoft , está planeando una marca comercial de la marihuana al estilo de café Starbucks para los estados de Colorado y Washington en Estados Unidos. Shively quería importar la marihuana de México, dado que la situación jurídica en los EE.UU todavía no está del todo clara, pero como en México la legalización de la marihuana no está en los planes, Shively está considerando el lanzamiento de su marca Diego Pellicer en Uruguay .

Esto en un sistema capitalista como el actual no debería asombrarnos. Ni siquiera que el magnate húngaro-estadounidense, George Soros, financiara la campaña lobbista para asegurar la legalización de la cannabis en Uruguay luego de reunirse con Mujica en la ONU en Nueva York. Lo que pone en alerta es el siguiente dato: Soros es uno de los mayores accionistas de Monsanto.

Se hace más fuerte que un rumor de internet, si tomamos en cuenta que Mujica quiere un código genético único para las plantas, con el fin de distinguirla de los productos del mercado negro.

El artículo continúa explicando que, desde hace algún tiempo, se teme que el grupo agrícola esté planeando una patente sobre las semillas de cannabis genéticamente modificadas.

“Monsanto no tiene su foco en esta área”, dijo el portavoz de Monsanto, Darren Walli, y agregó que incluso si fuera a cambiar , se necesitarían más años para desarrollar semillas aptas para las masas. Pero la declaración de Wallis no es del todo verdadera.

Y ¿cuál es el problema?

Muchos defensores de la investigación genética podrán levantar la proclama en favor de las agrotóxicas que entren al mercado uruguayo como licitantes del negocio cannábico. El problema, no es simplemente la modificación de la semilla, es acabar con las cooperativas de campesinos que caracterizan la Región del Chaco.

Sabemos sobre los graves conflictos que Monsanto ha tenido con los pequeños agricultores a lo largo y ancho del mundo; ya pasa con el arroz, el trigo y la soya, y no tardará de suceder también con la cannabis. Más aún cuando, desde hace años, la trasnacional cultiva maíz y soya en Uruguay. Incluso la compañía agrícola de América del Sur, Adecoagro, que hace biocombustible, tiene también como accionista a George Soros.

Transformar una economía que respeta sus oficios y la autonomía del pequeño agricultor, puede resultar ser tan dramático como el caso de Paraguay, que sufrió un golpe de Estado a causa de los intereses del capital.

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