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Valparaíso, la joya del basurero

Una columna del porteño Cristian Zuñiga, respecto a la crisis sanitaria que vive la ciudad puerto declarada Patrimonio de la Humanidad.

Columna de Cristian Zuñiga Lucero, porteño de nacimiento y licenciado en Historia de la Universidad de Playa Ancha.

Eres un arcoiris de múltiple basura en plan, cerro y quebradas, con perros quiltros revolcándose en ella, ratas gigantes paseando de carnicería a panadería y agua potable que transita por cañerías fabricadas antes de la segunda guerra mundial.

Ahora eres un arcoiris con alerta sanitaria, intervenida por el Gobierno Central, pues tu Alcalde no dio el ancho para hacer frente a la crisis de la basura. No dio el ancho el alcalde Jorge Castro, aquel pintoresco locutor radial de la UDI que ni siquiera ha sido capaz de cumplir con la pega básica de un edil: aseo y ornato.

Eres un loco puerto despeinado y que en esta fecha toma la forma de una ruleta rusa para los habitantes que se encumbran en las alturas. Los basurales clandestinos de quebradas suelen derivar en sendos incendios que consumen casas y vidas. Frente a esto, Municipio y Gobierno Regional sólo se limitan a reaccionar post catástrofe, lamentando los hechos y culpando a los pirómanos del barrio. Para muestra un botón: hasta febrero de este año sólo se había cumplido con el 5% de desmalezamiento en quebradas de la comuna. Esta información se develó posterior al incendio de Rodelillo que arrasara con cientos de casas.

Y es que del cerro Los Placeres te pasas al Barón, entre escuelas y liceos fabricantes de mano de obra barata. El 80% de tus estudiantes no alcanza los 500 puntos en la PSU. Mientras arquitectos y poetas del plan se apasionan defendiendo al joven patrimonio del siglo XX, tus hijos se educan al ritmo del regatón y la mandanga.

A estas alturas los hijos de Valparaíso sueñan con una embarcación mercante que les lleve a otra dimensión. Pero no, lo más probable es que terminen en el empaque del supermercado Líder o vendiendo papel confort en la cuneta. La formación del futuro porteño también debiera ser declarada en situación de alerta.

Para el habitante del cerro, la discusión sobre “Mall” o “Puerto” es exclusividad de gente superior. Al final del día e independiente de quien gane, el “choro de puerto” terminará haciendo la pega de estibador o vendedor de Mac Donalds, no más que eso.

Se pregunta el buen porteño ¿Qué tanta diferencia hay entre ser peón de Von Appen o Falabella?

Llegando al lado político de Valparaíso, la cosa se cuadra con el líquido percolado que rodea al moribundo Mercado Puerto. La Intendencia Regional es el mejor ejemplo de la putrefacción política de esta ciudad. En Valparaíso todos los gobiernos de turno han terminado acusados de fraude o corrupción. El caso más descarado ocurrió el 2009 en la administración del ex Intendente y actual candidato a CORE Iván de la Maza. Entonces 1200 millones de pesos del fisco fueron robados por caja del Banco Estado y en bolsas negras de basura. Si bien en este caso ya hay sentencias dictadas, nunca se supo en que fue gastado el dinero. Legítimamente uno podría sospechar que ese dinero, hoy se está usando para financiar campañas políticas.

Quién mejor grafica la dinámica política de Valparaíso, es la estatua del palacio de tribunales porteño, estatua cuya vista, se encuentra desvendada.

Y como me dueles Valparaíso, soy parte de tus entrañas. Nacido y criado en tus quebradas, entre alcayotas y quiltros. Entre popeyes impunes y camisetas del Wandereres. No soy un santiaguino adoptado. Soy nacido y criado en el cerro Playa Ancha, ese de los ventisqueros suicidas. Por lo mismo es que me siento con la propiedad de escribir desde la autoflagelación, porque te siento mío, puto y amado puerto. Porque soy un choro más. Porque me legaste la maña del bohemio y me marcaste con el chupón de la prostituta.

¿Y como se salva Valparaíso?

No lo sé. Quizás Valparaíso nunca ha sido de otra manera, salvo en el paréntesis del boom comercial portaliano. En otra columna abordaremos las propuestas y todo eso. Por ahora, vomitaré en el delirante calor de la basura, apuntando a la joya del basurero.

Nota del Editor:

En Valparaíso, ciudad Patrimonio de la Humanidad, se demuestra la negligencia de la administración política frente a un pueblo carente de opciones viables para acabar con temas tan importantes para el buen vivir como lo es el tema de los perros abandonados y la basura.

La urgencia de definiciones estratégicas desde el Estado como plataforma principal que resguarde y garantice en bienestar social y por consiguiente medio ambiental, es la forma no sólo de salvar a Valparaíso, sino a todo un país que se encuentra a merced de la decadencia de una clase político empresarial que ha descuidado su labor por realizar negocios con las necesidades básicas del pueblo.

Es por eso que la educación de excelencia, gratuita universal y laica que incluya en sus planes y programas la educación medio ambiental, es vital para desarrollar un cambio cultural. Por otra parte, contar con infraestructura para hacer del reciclaje una oportunidad de negocio sustentable. La tecnología en vertederos, puede corresponder inclusive la fórmula perfecta para conseguir energía, compost, reutilización de desechos y por supuesto una buena ganancia para el fisco.

La voluntad política debe atender a estos problemas generales, haciéndolo desde la visión de un estado garante, sin transferir la responsabilidad a gobiernos de turno o “autoridades” que cuentan con un prontuario y que son elegidas por electores que se han formado en el clientelismo y la asistencia por bonos y prevendas. 

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