¿Qué pasa en Famatina con la Megaminería?

El pueblo argentino de Famatina vive una lucha constante contra la megaminería a cielo abierto.

Famatina está a unos mil doscientos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, en la provincia de La Rioja, y tiene más de seis mil habitantes. Es un lugar tranquilo y silencioso, porque como en todo pueblo, la siesta es sagrada. Está entre montañas de más de seis mil metros de altura, y tiene calles y veredas angostas. No hay edificios; sólo casas bajas, hechas de adobe.

“Acá la gran actividad minera es el oro y uranio. Las empresas quieren hacer volar de punta a punta el cordón cordillerano para buscar metales. Las minas a cielo abierto son económicamente rentables, pero esa forma de explotación genera grandes problemas en el ambiente y la salud, fundamentalmente porque no se cumplen las reglas ambientales”, cuenta Lucía, delegada de la Asamblea Ciudadana que al grito de No a la megaminería y sí al agua, a la tierra, al trabajo y a la justicia, se organiza desde 2007.

El clima en Famatina es un poco menos árido que todos los climas secos. Se ve el color verde de los nogales, olivos y aceitunas. Sin duda, la agricultura es la actividad esencial de los pueblerinos. Frente a la plaza principal se ve un mural, grande, pintado de colores. Que llama la atención de todos los turistas: “El Fama no se toca”.

Famatina tiene minerales de interés económico, fundamentalmente de oro y cobre. La ley argentina exige el estudio del impacto ambiental en cada una de las etapas de explotación. Desde la última reforma de la Constitución Nacional, los recursos naturales pertenecen a las provincias. Y son las provincias las que lo conceden.

“A los riojanos nos preocupa el agua que vamos a consumir, el uso de cianuros, y fundamentalmente, qué queda para el país una vez que empiecen con la explotación. La responsabilidad de control es del Estado”, reflexiona Lucía.

En el año 2002 se sancionó, la Ley  General del Ambiente (25.675)  con los presupuestos  mínimos de protección Ambiental. Y las provincias dictaron leyes con normas complementarias de esos requerimientos mínimos.

Marcha a cielo abierto

El 11 de mayo, cerca de medio día, un grupo de  un grupo de vecinos se movilizó a la plaza principal para reclamarle al gobernador para que no instale el modelo minero nacional. 

Pero no fue una manifestación como todas las manifestaciones. Ese día el centro del pueblo se inundó con una gran humareda. Y se enfrentaron. Hubo violencia y represión. Empezaron a tirarles piedras y después balas de goma.

“Fue el momento más difícil que viví en estos siete años. Sentí la bala encima mío. Fue muy triste ver a los compañeros maltratados y lastimados”, recuerda Lucía.

En todos estos años, los asambleístas riojanos lograron retroceder a tres multinacionales y frenar un negocio de más de veinticinco mil millones de dólares. Sus pancartas, banderas y carteles escriben: “Nuestras aguas y ríos nacen en las montañas del Famatina”, “Si falta agua pura es porque sobra minería contaminante”, “Somos agua, somos vida”, “La codicia del oro nos dejará sin agua”. 

La oposición de la ciudad de Famatina a la minería a cielo abierto, iniciada por los pobladores del lugar, es considerada una lucha popular de relevancia en la Argentina.

“No soy creyente pero me llamó la atención cómo una señora de 70 años ponía, todos los días, la imagen de la Virgen mirando a la montaña. Decía que Cristo iba a iluminar a la empresa multinacional y le iba a abrir el corazón. Si la gente cree eso, ya estamos… me entendés?”, dice Lucía, convencida de que Famatina le ganará la lucha a la megaminería.

Fuente: Agustina Cavalanti, FAUBA