La stevia, un maravilloso edulcorante al descubierto

Su popularidad va en aumento, colocándola como el edulcorante natural por excelencia. Pero ¿sabes de donde viene?, ¿lo que está detrás de esos sobres o los productos que la contienen?

En los últimos años ha surgido una revolución verde, una tendencia al consumo natural y local que cada vez suma más adeptos. Entre estos círculos encontramos vegetarianos, veganos y practicantes de ciertos estilos de vida, que buscan alimentos orgánicos, para garantizar su pureza. En uno de estos lugares tuve mi primer contacto con la stevia; al ver esos sobres me pregunté ¿realmente es la última maravilla en edulcorante?

En sentido comercial, conocemos a la stevia como un edulcorante que venden como un polvito blanco que endulza intensamente bebidas y alimentos en general. La anuncian como una alternativa natural de otros productos (esos mismos que encuentras en sobres), sin efectos secundarios, ideal para diabéticos, sin aportes calóricos. La última maravilla que aporta diversos beneficios para mantener una buena salud.

Entre todas estas ideas, en algún momento recordé que ese polvito blanco que venden es resultado de un proceso. Pero ¿cómo se obtiene? En muchos casos, como el azúcar refinada, estos edulcorantes se logran después de exposición a altas temperaturas, algún proceso extracción y de blanqueado. Entonces, ¿cómo puede ser bueno para la salud?

La stevia (estevia) que conocemos en polvo proviene de una planta del mismo nombre, la que realmente ofrece esos soñados beneficios. Es considerada una planta medicinal para los indios Guaraníes, quienes la conocen como Ka’a he’e. La han utilizado por lo menos en los últimos 1500 años. Contiene sustancias conocidas como steviósidos, lo que aporta esos beneficios que tanto le atribuyen a la stevia.

Entre sus beneficios ayuda a regular la diabetes, estimular la actividad del páncreas, regular la tensión e incluso disminuir la ansiedad por la comida y reducir la grasa. Además tiene propiedades antioxidantes y diuréticas. Sí, estos son los maravillosos beneficios de la stevia cuando se consume como lo hacen los Guaraníes, desde la pureza de sus hojas. En la versión de sobres, sólo queda el “alma” de la planta.

En realidad, la stevia que se utilizada en la mayoría de productos carece de estos beneficios y las propiedades medicinales que se le atribuyen. De la misma stevia se producen otros derivados, como la truvia, utilizada en algunas bebidas gaseosas y productos que se disfrazan como naturales. En este caso sólo contiene en su composición un 20% de stevia; el otro 80% se complementa con eritritol, un polialcohol que, de hecho, aumenta la glucosa en al sangre.

Por otro lado, Monsanto ha creado su propia versión de stevia genéticamente modificada, sin steviósidos, sin beneficios, para producción masiva de edulcorantes. Como ocurre con otras cosechas, se teme por la contaminación a otras plantas, modificando su material genético. Entonces perderíamos a la stevia natural, esa que los guaraníes conocen desde hace años. Entonces, ¿cuál es la stevia que  llega a esos sobres?

En una última reflexión, como todo en esta vida, la stevia produce un efecto secundario muy importante: tiene propiedades anticonceptivas. Tradicionalmente se utilizaba por las tribus guaraníes como una forma de control de la fertilidad. Es uno de esos temas que poco se conocen, que aún los científicos se encuentran estudiando y aún queda pendiente conocer las respuestas, en especial considerando que ese polvo comercial está llegando a las mesas de familias en todo el mundo.

La stevia ofrece beneficios, pero como todo, debemos estar conscientes de los efectos secundarios, las consecuencias de su consumo. Lo mejor es regresar a los orígenes, consumiendo la planta natural; ya es fácil conseguir las hojas secas para hacer infusiones o endulzar nuestros tés. Claro, siempre recordando los beneficios y las contraindicaciones pertinentes.

Siempre que salga a la luz la última maravilla en nutrición, el hilo negro que resuelve todo, preguntémonos que tan cierto es esto.

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Foto: Victor Barro (Flickr) / (cc) by-nc-sa