La doble cara de los zoológicos

En México fallece la osa polar más longeva, residente del zoológico de Chapultepec. Una reflexión sobre estos espacios donde se preserva la vida entre jaulas y tráfico de animales.

El zoológico de Chapultepec se encuentra en luto por el fallecimiento de Nanuka, la osa polar más longeva en el mundo. Llegó en octubre de 1984, a la edad de 2 años, en compañía de otros 3 ejemplares. Estos animales llegaron a México para evitar un rechazo por otro grupo de osos que, de haberlos rechazado, los hubiera mandado directo a las filas de la eutanasia.

El caso de Nanuka me hace pensar en el debate en torno a los zoológicos, lugares donde permanecen animales encerrados como una cárcel. Al mismo tiempo estos espacios hacen posible la reproducción y preservación de especies, ¿bajo qué costo? En el caso de Nanuka, le dio la oportunidad de extender su tiempo de vida, siendo que en libertad los osos polares llegan a un promedio de 23 años.

Lamentablemente los zoológicos ofrecen la cara bonita de la moneda, cada que los visitamos o cuando nacen crías de especies en peligro de extinción; en México estos espacios han logrado con éxito la reproducción del jaguar y el lobo gris nativo. El otro lado del panorama demuestra que todavía existe irregularidades en el sistema, que expone a los animales a peligros y malos tratos.

Hace unos días la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) anunció que realizaría inspecciones a zoológicos de toda la República Mexicana, para verificar que todo se encuentre en orden. Se observará desde la procedencia de cada ejemplar hasta los cuidados que reciben. No todos los lugares son iguales, ni tienen los estándares o el apoyo como el zoo de Chapultepec.

Existen muchos casos donde se dan “donaciones” o intercambio de especies como programas de conservación, es cierto. Lo que a veces no nos dicen, o no nos detenemos a observar, es que estas donaciones resultan tráfico de animales. No existe orden, ni registro de traspaso y, al final, no se sabe del destino de estos animales. Se han dado casos como monos saraguato y jaguares, especies en peligro de extinción.

En lo personal considero que los zoológicos son necesarios, siempre y cuando ofrezcan de condiciones adecuadas para la vida de sus ejemplares. Más que verlo como espectáculo o explotación de animales, hay que darle un giro hacia la educación y la conservación de especies. Si no generamos conciencia, en un futuro puede que estos sean los únicos lugares donde puedan vivir especies determinadas, que en libertad se encuentran amenazadas o inexistentes.

Los zoológicos tienen una gran responsabilidad en sus manos. Algo que deben reconocer y asumir, no nada más por el beneficio de sus bolsillos. Es hora que las autoridades hagan saber esto, para que regulen sus operaciones y, de ser posible, inviten a sus visitantes a unirse a programas de conservación de especies y consciencia ambiental.

Link/Foto: Excélsior