HidroAysén en suspenso

Las mega represas están altamente obsoletas a nivel mundial, no son infinitas, ni limpias, ni renovables, ni baratas. Todo lo contrario, es la sociedad quien subsidia estos costos que no son admitidos por Hidroaysén… y más aún, si el tendido eléctrico “se lo regala” el Estado.

Luego de que la Familia Matte por medio de su empresa Colbún (accionista en 49% de la sociedad compuesta por ellos y Endesa), anuncia que es “que no están dadas las condiciones” para presentar el estudio de impacto ambiental del tendido eléctrico que necesita Hidroaysén -para llevar la electricidad de las represas de la Patagonia hasta Santiago – el Gobierno ha querido entregarles un salvavidas llamado “carretera eléctrica”. Es así como estos últimos días hemos visto una serie de anuncios por parte de empresarios del sector energético y del Gobierno de que esta “carretera” es altamente necesaria, y que a partir de la primera semana de julio# comenzará la discusión en la Cámara de Diputados.

Para “sorpresa” de los ciudadanos, el Gobierno está altamente comprometido en apurar este “salvavidas” antes de que su periodo termine, y así, dejar “las condiciones” para que HidroAysén se realice. Aunque en HidroAysén no quieran reconocerlo, cada día que pasa se encarece más el proyecto, por lo tanto, les urge ir obteniendo los permisos que aun no poseen para tener las represas “ancladas” y comenzar con la presión de que HidroAysén es altamente necesario hacia la sociedad y el Ejecutivo. Sin embargo, por muy fast track que quieran obtener la carretera eléctrica como solución, no se realizará dentro de los próximos 7 años.

HidroAysén aún no posee los derechos de agua para hacer sus represas; no posee las concesiones eléctricas definitivas; no tiene tendido eléctrico asociado y falta que el Comité de Ministros “sesione” para atender las reclamaciones ciudadanas que se interpusieron y que aun no les entrega el permiso ambiental del todo a sus represas (sesión que debería ser a fin de año).

En este escenario, a HidroAysén no le queda más que seguir a la espera, entregando becas, mantener sus instalaciones y “realizar más estudios” para ver la factibilidad del tendido eléctrico a la espera de que el Gobierno anuncie de qué se trata la carretera eléctrica. Los dichos de Bernardo Matte, indicando que “HidroAysén comenzó el 2006 y estamos a 2012”# solo indican desesperación porque el proyecto no avanza y nada garantiza de que efectivamente se llevará a cabo, considerando además que más del 74% de la población está en su contra de acuerdo a las encuestas.

Así las cosas, hay que recordar que las mega represas están altamente obsoletas a nivel mundial, no son infinitas, ni limpias, ni renovables, ni baratas. Todo lo contrario, es la sociedad  quien subsidia estos costos que no son admitidos por HidroAysén… y más aún, si el tendido eléctrico “se lo regala” el Estado.

Colbún reconoció que no existe una política energética por falta de “visión de Estado” que asegure las inversiones del sector. Efectivamente hay una carencia en visión a largo plazo en materias como los recursos a priorizar para la generación energética, ubicación de estos proyectos de generación, para qué o quienes necesitan la electricidad, quiénes se benefician y a quiénes perjudicamos, la escala de estos proyectos, qué tan cerca están de los centros de consumos y a qué sector del territorio sacrificamos en “pro” de esta industria.

Cada día que pasa, las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) son más competitivas y existen estudios que demuestran que la demanda necesaria  para el “crecimiento” se puede obtener mediante estas tecnologías en complemento de lo ya existente. Por lo demás, las ERNC tienen una escala de impactos mucho menor a las mega represas, generan más fuentes de trabajo, diversifican la matriz energética y se pueden ubicar más cerca de los centros de consumo.

Al parecer, llegó la hora de dar un vuelco de voluntad en incentivar estas tecnologías y dejar a las mega represas de lado. No es necesario cometer los errores de otros países para luego darnos cuenta de que Hidroaysén no era necesario y de que las alternativas existían, pues puede ser demasiado tarde.