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Los conflictos en la Patagonia chilena, según New York Times

Aaron Nelsen fue como enviado especial hasta la comuna de Cochrane, por donde pasa el río Baker, principal fuente de agua, en suma con el río Pascua, del proyecto HidroAysén.

Con fecha del 1 de marzo, fue publicada la columna editorial “In Patagonia, Caught Between Visions of the Future“, en el prestigioso periódico New York Times.

Aaron Nelsen fue como enviado especial hasta la comuna de Cochrane, por donde pasa el río Baker, principal fuente de agua, en suma con el río Pascua, del proyecto HidroAysén: una represa que inundará una porción no despreciable de la Patagonia, en donde se encuentran  tres parques nacionales representando una ilegalidad constitucional, lo que hasta ahora mantiene frenada la construcción de este emprendimiento de Endesa Italiano-Español y la empresa chilena Colbún.

Con un telón de fondo adornado por la presencia de árboles de  lenga, ñire, ciprés y el coigüe, además con la certeza de encontrarse rodeado por huemules,  guanacos, ñandúes, zorros, pumas, liebres y aves como los cóndores, halcones, águilas, patos, zorzales, el periodista constató los conflictos dentro de la misma zona, que podría terminar siendo “otra”, en pos del “progreso”.

Lejos de las protestas capitalinas, de personas que solidarizan soportando los gases lacrimógenos y los chorros del carro lanza aguas, sin nunca haber puesto un pie en esta tierra, se puede tener una idea original de qué es lo que les preocupa a los patagones, acostumbrados al aislamiento tanto como a un mate amargo al calor de una fogata.

En este “paisaje personal de la Patagonia”, Nelsen ,descubre  las dos visiones opuestas por un “descarado” sentido ideológico. La una es la generación de energía cueste lo que cueste para surtir de 2.750 megavatios a las mineras del norte de Chile, a miles de kilómetros de distancia, y la otra que prefiere un desarrollo sustentable apelando a las  bondades territoriales in situ, para convertirse en un destino turístico de clase mundial.

La situación de la ciudadanía es entonces, estrechada, como si se encontraran en el medio apretujados, sin poder poner en discusión lo que a ellos les parece como habitantes de la Patagonia.

Los ofertones de HidroAysén, hablan de empleos y 150 becas universitarias para quienes hoy recién terminan su educación secundaria, y el recientemente inaugurado Centro de Capacitación o de Formación para el trabajo, tiene a las personas sintiendo un poco como el gaucho Sepúlveda, quien piensa que “El desarrollo está llegando, y tenemos que adaptarnos lo mejor posible porque tarde o temprano no vamos a tener otra opción”.

Es así como se han ido sumando unos cuantos lugareños, que ya saben maniobrar una retroescabadora. El problema es, para la señora María Ester Quijanes, una miembro del Concejo Municipal, que van a desarrollarse económicamente solo unas pocas personas que entren en la lógica de trabajo, creando una desigualdad social sin precedentes en la Patagonia.

El otro problema, que no advierte Nelsen, es el escaso cumplimiento de los compromisos que adquieren las empresas con las comunidades, además del deterioro ecológico de un lugar que se encuentra protegido por el Estado Chileno.

Fuente: In Patagonia, Caught Between Visions of the Future (The New York Times) 

 

 

 

 

 

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