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Friburgo, la capital ecológica de Alemania

La ciudad se ha transformado en un referente ecológico en la Unión Europea.

Ayer viendo la película Home -que la dejo más que recomendada para quienes aún no la han visto- me llamó la atención cerca del final de la cinta unas imágenes de una ciudad llamada Friburgo en Alemania que mostraban varias casas con grandes paneles solares en sus techos, por lo que hoy me puse a investigar en Internet y encontré bastante información de la que varios sitios corroboran como la capital ecológica de Alemania y como la ciudad con mayores instalaciones ambientales en toda la Unión Europea.

La energía solar es una de las medidas sustentables que más caracteriza a esta ciudad, ya que es la ciudad del mundo que ocupa más energía solar por persona y además cada año se realiza la “Intersolar” -la mayor feria de energía solar de la orbe-, por lo que bien podría ser denominada también como la capital de la energía solar.

Pero no sólo de energía solar vive el hombre, por lo que los líderes políticos de la ciudad saben que para ser realmente una ciudad ecológica hay varias otras medidas que deben funcionar tan bien o mejor como esta fuente de energía. Y una de esas es el transporte sustentable. Para eso implementó un circuito de ciclovías que contemplan 500 kilómetros de rutas conectadas entre sí y la remodelación del sistema de trenes de la ciudad para que así cada vez más gente opte por el transporte público o bicicletas en vez de usar autos por su cuenta.

Pero de qué serviría una ciudad con tanta energía solar y transporte sustentable si no tuviera un buen pulmón para respirar. Es por eso que el 40% de la ciudad sigue siendo bosque (6.533 de las 15.306 hectáreas que tiene Friburgo).

Otro de los puntos altos que destacan en la ciudad es el barrio Vauban, que fue diseñado acorde a la filosofía sustentable que pretende mostrar Friburgo y que le ha valido una serie de artículos y reportajes en medios de todo el mundo debido a su carácter ecológico.

Sin duda una ciudad que vale la pena conocer. Y por qué no, irse a vivir.

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