A un año del derrame de petróleo en México: Un modelo que no sirve

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(cc) SkyTruth

Hace ya un año que se registró el derrame petrolero en el Golfo de México como resultado de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon, propiedad de la empresa British Petroleum (BP). Esto ocurrió el 20 de abril de 2010.

Por ello, Greenpeace publicó hace unos días el informe “Deepwater Horizon: Un año después” en el que revela cómo BP trató de ocultar la magnitud del desastre e influir sobre el grupo de científicos creado para investigarlo, con el objetivo de minimizar el alcance y el impacto de la catástrofe. El informe fue elaborado a partir de la información de miles de documentos internos obtenidos gracias a las solicitudes de información ambiental relativas al vertido de petróleo.

Desde el instante en que se incendió la plataforma Deepwater Horizon hasta hoy, la principal preocupación de la industria petrolera ha sido la de minimizar la importancia del vertido y sus impactos, que aún perduran:
– 80 por ciento del crudo del vertido aún no ha sido recuperado.
– En ningún momento BP o la Guardia Costera de EUA realizaron mediciones precisas de la cantidad de crudo que se había vertido.

– La compañía petrolera intentó desviar la atención de la investigación científica de los impactos ambientales; y trató de impulsar un mensaje positivo aportando fondos de financiación a aquellos grupos de investigación dispuestos a aceptar las condiciones de la compañía.

– BP alegó que sólo se vertían 1.000 barriles de crudo al día. Sin embargo, la cifra real se estima en por lo menos 62 mil barriles diarios: un total de 4,9 millones de barriles durante los casi tres meses que BP tardó en sellar las fugas en el pozo.

Ante los graves impactos ambientales que han dejado accidentes como el derrame petrolero en el Golfo de México y la crisis nuclear en Fukushima, Japón, y los conflictos ambientales que surgen a partir de la instalación de proyectos energéticos en base a carbón cuyo impacto ambiental no ha sido correctamente sopesado evidenciando la falta de compromiso político en la búsqueda de alternativas energéticas limpias y renovables Greenpeace exige a los gobiernos dejar de lado el modelo energético actual, basado en energías sucias y peligrosas. Este modelo que hoy aún persiste a escala global ha demostrado que no es una solución sustentable para el planeta. Tanto la energía nuclear como los combustibles fósiles están muy lejos de contribuir a un futuro energético viable que permita a su vez mantener el desarrollo económico de las naciones, generar empleos y contribuir a mitigar el cambio climático.

Un cambio no sólo es posible y necesario, es además económicamente viable si se levantan las barreras que hoy subsidian y protegen a las fuentes sucias, si se revisa la norma ambiental que permite un fast-track de vía libre para la aprobación de proyectos nocivos, riesgosos y contaminantes y se fomenta de forma decidida y definitiva una política de aprovechamiento de los enormes potenciales de energía renovable que Chile tiene.

El derrame petrolero en el Golfo de México es una muestra más de que la industria no se detiene -y no aprende lecciones- a pesar de los impactos que provoca en el medio ambiente la explotación de hidrocarburos y la exploración en aguas profundas. México en particular tiene un amplio historial de derrames petroleros en las costas de Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche. En Japón TEPCO, la empresa responsable por Fukushima, tiene un historial de encubrimiento respecto de las crisis que han afectado a sus centrales durante los últimos años que puede verse graficado en la línea de tiempo que da cuenta de las peligrosas irregularidades ocurridas sólo durante los últimos 10 años en la industria nuclear.

En efecto incluso hoy existen planes de exploración de aguas profundas en las costas del Golfo de México, lo que incrementa la incertidumbre por los daños que puede provocar esta industria del lado mexicano; por ello, Greenpeace en México está exigiendo a los senadores que revisen la Estrategia Nacional de Energía, que no aprueben más proyectos de exploración petrolera y que en vez de ello, el presupuesto se oriente a detonar las energías renovables, que no producen más cambio climático y que no dañan el ambiente de nuestro país.