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Mis dudas a la hora de la colación

¿Y qué les mando?

Hubo un tiempo -mucho antes de Internet- en que comer entre comidas era visto como una maña, un vicio y algo perjudicial. Quizá por la estructura de que comer era algo que se hacía a la mesa, en silencio, que había que comerse todo y una colación dificultaba eso porque “quitaba el hambre”. La gente no era gorda a pesar de comer mucho en el almuerzo y cena porque tenía mucha más actividad.

Ahora, el aumento del sedentarismo obliga a buscar otras fórmulas para acelerar el metabolismo. Comer entre comidas es, justamente, la fórmula para hacerlo. La colación, esa comida que se come a media mañana entre el desayuno y el almuerzo, cobra un vital protagonismo en la vida de todos, pero más especialmente entre los niños.

“Mi hija nunca ha comido comida chatarra” decía una joven madre primeriza de una niña de dos años que tenía las mejores intenciones. “Sólo le mando frutas y cosas sanas”: Uvas desgranadas, durazno picado, manzana rallada, yogur hecho en casa, huevo duro, alcachofa y palitos de apio eran las colaciones que le enviaba a su hija al jardín.

En la primera reunión de apoderados, supo la verdad: su hija había comido papas fritas, ramitas, galletas con alto contenido en grasa y azúcar, dulces, chocolates, y “cereales” (de esos que son pura golosina) de todos los colores y formas habidas y por haber.
La tierna criaturita cambiaba la colación con sus compañeros, quienes, intrigados por las extrañas combinaciones de la chica, le pasaban felices todos sus paquetitos brillantes llenos de calorías, sodio y grasa.

Y es que siempre la tendencia de los niños ha sido a preferir aquellas cosas más “ricas” y sabrosas, y que además llaman su atención por los monos, colores y juguetes que traen en su interior. Para los padres del siglo XXI, las colaciones son todo un tema; requiere preocuparse de tener una cierta cantidad de alimentos que, por su propia naturaleza, no se estropeen en el camino al colegio y durante el tiempo que estas permanecerán sin refrigeración en la mochila o lonchera. De todas maneras, la colación debe ser pequeña y de no más de 200 calorías y de 150 los más pequeños.

Chocolates, galletas, queques, muffins, facturitas, medias lunas, fruta picada y cocida lista, frutos secos, cereales, semillas de girasol, pasteles, pedazos de torta, frutas normales, sandwiches, verduras picadas, y de un cuanto hay está disponible en el mercado y en el imaginario colectivo de todos los que alguna vez fuimos al colegio; la oferta es amplia y hay para todos los bolsillos.

Lo que me parece curioso, es que mi mamá nunca se complicó para mandarme colación. Un pan con lo que había y una fruta. Y listo. Nada de juguitos en caja, ni galletitas, ni menos paquetes de cosas bacanes que venían con tazos de Mario Bros o tatuajes de princesa. Hubo algunos tiempos felices en que alguien había estado de cumpleaños y me mandaban torta, pero ese era otro cuento. ¿Plata para comprar en el kiosko? jamás.

Y creo que la mayoría de nosotros creció así. Siempre había un compañero cuya abuelita lo consentía pasándole plata en secreto para que se comprara golosinas, y todos lo envidiábamos. Obvio, éramos niños. Creo que mi madre me hizo un gran favor al educarme que las frutas son maravillosas, que la zanahoria se puede comer a cualquier hora del día y que el pan integral es rico.

Luego, al ir a la Universidad, seguí llevando colación. Mi universidad está en la punta de un cerro y el monopolio del kiosko era como el del aeropuerto, por lo que esos días que tenía clases de 8am a 21:15 pm, se agradecían las colaciones de casa: frutas varias, zanahorias, sandwiches y algunas veces queques, galletas, restos de torta y yogur. ¿Para tomar? agüita de la llave no más.  Y ahora que estoy en el trabajo, sigo trayendo colación.

Lamentablemente, y como le pasó a la madre de la chiquilla pícara que cambiaba la colación, ahora es muy difícil poner a competir una manzana con un súper dúper monicuaco two thousend que viene adentro de las papas fritas. Así que no queda más que ponerse creativos al momento de organizar las colaciones, para que su hij@ no tenga nada que envidiarle a los más engolosinados.

Se me ocurren ciertos básicos para llevar las colaciones:

Papel aluminio: Para envolver sandwiches, trozos de queque hecho en casa, y cosas por el estilo. Es un poco más caro, pero  se puede reutilizar. Mi mamá me retaba bastante cuando no lo llevaba de vuelta.

Bolsas con cierre: echar ahí el envase de yogur, zanahoria o apio picado en palitos, frutas secas, galletas varias y cereales es muy cómodo. También se puede reutilizar, es cosa de lavarla.

Cajitas plásticas: aún no he visto en Chile una cajita para el plátano que encontré en Internet, pero si alguien la importa, por favor que avise. El plátano y otras frutas suelen machucarse volviéndose poco apetecibles. Otras cajitas sirven para echar un huevo duro o e general todo aquello que sea más frágil o blando.

El sitio web eligevivirsano.cl y portalnutricional.com, tienen varias ideas de colaciones sanas que se pueden hacer en la casa.

¿Qué es lo más raro que han llevado o mandado de colación?

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