A cuatro años del Transantiago: ¿Mejor o peor que las micros amarillas?

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(cc) Caglieri

Cómo olvidar aquella frase de la ex presidenta Bachelet a un par de semanas de haber lanzado el Transantiago: “Un instinto mío me decía: suspendamos”. Recuerdo que hace cuatros años, cuando se decidió lanzar el plan a la calle, todos los medios hicieron reportajes gráficos de la catástrofe que generó. Y no era para menos: Sacaron 1.500 buses en comparación con las 7.000 micros amarillas que habían antes. Era inevitable que el sistema de transporte público colapsara.

Por esos días, el metro colapsaba y a veces debían cerrar estaciones por los conflictos que se generaban. La gente hacía lo que fuera necesario por no quedarse abajo, teniendo que viajar muchas veces de manera indigna con tal de llegar a su trabajo a tiempo, mientras las autoridades que planificar el desastre seguían yéndose en sus mismos automóviles.

Hoy han pasado cuatro años desde que se dio el “vamos” al nuevo sistema de transporte público, y, menos mal, podemos decir que ha mejorado con el tiempo. Si antes uno debía esperar media hora -o incluso más- por una micro, hoy son 12 minutos -como promedio- en hora punta.

Anduve en Transantiago cuando se lanzó y ando ahora. Hay cosas que han cambiado y hay otras que siguen igual. Partamos por lo bueno.

Los buses del Transantiago contaminan 15 veces menos a una micro amarilla normal, gracias a que cuentan con un filtro especial. Aunque solo el 31% de la flota cuenta con ellos.

Como bien señala La Tercera, dio trabajo a más de 22 mil personas, de las cuales se estima que 18 mil eran choferes que regularizaron su situación contractual y pudieron optar a beneficios laborales. Situación que era muy distinta a la de las micros amarillas en la que debían competir entre una micro y otra para quedarse con los pasajeros y debido a esto iban haciendo carreras en las calles.

Lo que nos lleva a otro gran beneficio: La reducción de accidentes de tránsito. Desde que se implementó el cambio al Transantiago, los accidentes bajaron un 52%, cifra bastante importante. En 2005 se registraron 6.366 accidentes, mientras que el 2009 solo 3.047.

Otra cifra que bajó considerablemente fue la de los asaltos a los micreros, que muchas veces nos tocó ver en las noticias de cómo jóvenes se subían con cuchillos y pistolas para robar las ganancias del día. Hoy, han bajado un 80%, lo que le da mayor seguridad al conductor y a su vez a los pasajeros.

Pese a que sin duda tiene números positivos en algunas cosas como las que nombramos, sigue teniendo todavía unos muy malos.

Todavía los micreros siguen llenando las micros hasta el borde del colapso en las horas puntas, razón por la que muchas veces los usuarios no se ven obligados a pagar debido a que van en condiciones deplorables y ni siquiera tienen acceso al validador. ¿Qué se debería hacer en esos casos? Cerrar la puerta antes y permitir un cierto número de personas por bus, porque o si no, se presta para que metan 200 personas en un bus que solo caben 100. Y eso pasa todos los días.

Otro punto negativo es la fuerte evasión que hay todos los días producto de lo señalado en el punto anterior. Esto ha hecho que el pasaje ya supere los 500 pesos y se habla de subirlo otros $20 más. Es decir, ir y volver del trabajo -si se toma una micro- cuesta más de $1.000 y si se suman los 5 días de la semana son más de $20.000 al mes. Y se espera que siga subiendo. ¿Qué genera esto?, que claramente más personas traten de evadir el cobro y que otras tantas que privilegiaban el transporte público para ser un auto menos en la calle, decidan irse a sus trabajos en sus autos sin importarles si van solos o con más personas.

El mayor problema de todos es que sigue generando pérdidas. Según el informe redactado por La Tercera, “el déficit del año 2007 fue de 151.960 millones, mientras que el año 2010 fue de 342.226 millones de pesos”.

Tener un sistema de transporte público decente es vital para tratar de reducir las emisiones de CO2 que día a día genera el sistema de transporte. Un buen sistema, más una red de ciclovías, permiten que los índices de smog bajen considerablemente en una ciudad. Y para allá es donde debemos apuntar. Es de esperar que los cerca de 800 mil millones de pesos que planea invertir el gobierno en infraestructura hasta el 2015 sigan mejorando el transporte público.