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El fin de una década perdida para la naturaleza

En el balance de estos primeros 10 años de inicio del milenio, el tema ambiental evidencia múltiples esfuerzos y acuerdos declarativos realizados por la ONU y pocas o ninguna acción posterior de los mismos países convocados para detener la vil agresión que hoy se le infringe a la naturaleza. A continuación, se reseñan los hechos más notorios de esta década perdida.

La década de la impunidad ambiental

La contaminación de las aguas por petróleo, mercurio y sustancias tóxicas en estos últimos años, aún con el gran avance de las tecnologías, fue terriblemente desproporcionada en comparación a décadas anteriores, donde además de los mares y lagos, más de la mitad de los ríos del mundo están contaminados. El derrame en el Golfo de México es señalado como la mayor tragedia ambiental de la historia. Cientos de derrames de importantes magnitudes ocurrieron alrededor del mundo en esta década y no hubo ningún tribunal internacional que juzgara a los responsables de estos genocidios ambientales. La administración de justicia para los contaminantes no existió. Estos diez años serán recordados como la década de la impunidad ambiental.

Desastres naturales

La naturaleza nos devolvió con creces tanto castigo recibido y en esta década por lo menos cada año 250 millones de personas se vieron afectadas. Sufrimos acontecimientos únicos en su magnitud, como el tsunami de Indonesia en el 2004, de 8,9 grados Richter con epicentro frente a la isla indonesia de Sumatra: el mayor tsunami de la Historia causando 226.408 muertos en doce países ribereños del océano Indico; el 2006 el tsunami de la isla indonesia de Java, dejando cerca de mil muertos y 110.000 desplazados, de 7,7 grados de magnitud; el 2007 el tsunami en las Islas Salomón, provocado por dos terremotos, uno de 8,1 grados Richter seguido de otro de 7,6 grados, con más de un centenar de muertos y más de 5.409 desplazados.

Vivimos escalofriantes inundaciones como la del 2000 en Mozambique, las cuales dejaron como resultado cinco millones de personas afectadas. Entre el 2001 y el 2006, el mundo fue testigo de las inundaciones masivas en Vietnam, Laos, Camboya, Malasia y Tailandia, igual en el 2007 en los estados de Tabasco y Veracruz en México, con más de 25 mil evacuados. Paquistan, India, Rusia y Centroamerica, sufrieron en el 2008 fuertes inundaciones con pérdidas de cientos de vidas y millares de desplazados. Uruguay y Brasil también presentaron importantes movimientos de desplazados por inundaciones en el 2009 y al cierre del 2010 al Norte de Colombia y Venezuela las inundaciones desplazaron a más de medio millón de personas.

Huracanes como el Julitt en el 2001, Isidoro y Kenna en el 2002, Charley, Frances, Ivan y Jeanne en el 2004, Wilman, Katrina, Junior, Emili y Stan en el 2005, sembraron el terror en el Caribe y sismos como el de Aceh Indonesia en el 2004 de 9,5 grados con 230 mil muertos, Pakistán Cachemira en el 2005 con 73.275 muertos de 7.6 grados, Láquila Italia en el 2007 de 6,3 grados, China Sicuani en el 2008 con 87.587 muertos de 7.9 grados; en Piscu Perú en el 2009 de 7,9 grados; el de Haití con 250 mil muertos de 7 grados y el Chile de 8 grados en la escala de Richter en el 2010, entre otros.

Los países contaminantes, no conformes con todas las emanaciones de CO2 que su parque automotor y fábricas movidas por combustibles fósiles envían a la atmósfera, se dedicaron a ensayar nuevas tecnologías nucleares en los océanos, produciendo alteraciones sísmicas. Así, como también lo han hecho los múltiples experimentos secretos realizados en la troposfera, que también, ha traído como consecuencia, trastornos en la dinámica climática del planeta.

Crisis de alimentos y biocombustibles

Aparece en el mercado internacional la tecnología de los biocombustibles y se inicia el desplazamiento de tierras dedicadas a la producción de alimentos para sembrar en ellas las plantas con propiedades biocarburantes. Las reglas del mercado de la oferta y demanda se imponen, porque es más rentable producir una tonelada de biocarburantes que una tonelada de papas o arroz. Aún, cuando esté en juego la vida de millones de personas, producto de hambrunas, que cada día tienden a ser mayores en los continentes de Asia, África y América. En esta década se crearon las condiciones que los científicos agroalimentarios han denominados el “tsunami silencioso”, que no es más que el pronóstico de una severa inflación por alimentos a nivel internacional producto de su cada vez mayor escasez, aunado a las sequías o inundaciones de tierras fértiles por el cambio climático. Esto avizora enfrentar la nueva década con hambrunas sin precedentes en países pobres que estarán indefensos ante este nuevo fenómeno.

Cambio Climático y el Club de los contaminadores

Hubo 13 Cumbres para tratar el Cambio Climático: Cumbre de Trieste Marzo 2001, Cumbre de Marrakech Noviembre 2001, Cumbre de Johannesburgo Agosto 2002, Cumbre de Nueva Delhi Noviembre 2002, Cumbre de Milán Noviembre 2003, Cumbre de Buenos Aires Noviembre 2004, Cumbre de Canadá Diciembre 2005, Cumbre de Nairobi Noviembre 2006, Cumbre de Bali Diciembre 2007, Cumbre de Polonia Diciembre 2008, Cumbre de Copenhague Diciembre 2009 y Cumbre de Cancún Noviembre 2010.

A pesar de este importante número de convocatorias, donde el cambio climático fue una “verdad incómoda”, el club de los países contaminantes, “eficientemente” sí logró ponerse de acuerdo, pero solo entre ellos, para bloquear todas las iniciativas mundiales y no permitir avanzar ninguna resolución obligante y coordinada contra el calentamiento global.

Agua potable

Los conflictos por controlar ríos, lagos o acuíferos, se hicieron presentes en esta década. Millones de personas murieron en el mundo por la falta de agua potable. A esta realidad, se le unió los efectos del cambio climático que inició un acelerado deshielamiento de los glaciares, con lo que se pierde también una posibilidad tener agua potable a futuro porque ésta se va al mar y se contamina. Las tecnologías para desalinizar que transforman el agua de mar en agua potable, en términos de una solución masiva, no está al alcance de los países pobres. Según los pronósticos científicos, para esta nueva década, se producirá una disminución de las precipitaciones. Y cuando éstas se produzcan, van a ser seguidas y concentradas, de forma mucho más violenta y las sequías serán más intensas.
Todo indica que las naciones con capacidad bélica se preparan en la próxima década para “administrar” los grandes reservorios de las aguas potables.

Biodiversidad

El siglo XX cerró con 100 especies en peligro de extinción. La primera década del Siglo XXI se inventariaron 1500 especies amenazadas. La deforestación amazónica, que nunca cesó, a pesar de cientos de protestas y sacrificios de muchos ambientalistas, fue una de las principales amenazas que ha puesto en peligro una gran variedad de especies de su flora y fauna. La agresiva pesca de ballenas, delfines y atunes disminuyó en proporciones dramáticas esas poblaciones. En Asia y en África, el inventario de especies en extinción fue tan grande como el realizado en el Amazonas. Aún cuando la ONU declaró el 2010 el año de la biodiversidad con el interés de dar a conocer la importancia y necesidad de proteger y conservar todas las especies existentes en el planeta, sigue siendo visible la poca voluntad política de las naciones en agendar acciones sobre este vital tema.

El compromiso ambientalista para las nuevas décadas

La vida de todos quienes habitamos en este planeta está comprometida. Ya no es la visión de científicos “locos” anunciando hechos apocalípticos: Es el clamor de millones de afectados por catástrofes climáticas, hambrunas y sedientos por falta de agua potable. Las evidencias son abrumadoras, se requiere un nuevo rumbo desde una perspectiva ambiental y conservacionista, un nuevo orden mundial capaz de lograr verdaderos acuerdos y compromisos que frenen la agresión a la naturaleza y nos permita sobrevivir juntos al nuevo milenio. Sin embargo, mientras los acuerdos terminan de llegar, si es que llegan algún día, la defensa de la vida propia y de los seres que nos rodean, está en manos de cada uno de nosotros. Lo que hagamos por ellos desde el presente será lo valedero. Lo trascendente.

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