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Salsa barbecue

Una enérgica santiaguina, madre de 3 niños y microempresaria se sintió tan inspirada con la película Julia & Julie que decidió atreverse con un desafío similar, es así como nace la “Buena Mano” donde Cristina Goyeneche se embarcará en su propia aventura intentando cumplir la misma idea.

Llorando a mares me encontraron los niños hace un par de días. Se asustaron un poco, pararon sus juegos, vieron que el origen de mis lágrimas eran un par de cebollas que intentaba cortar, y siguieron en lo suyo.

Preparar esta salsa fue un acto de confianza al 1000%. La mezcla de ingredientes, en el papel, no auguraba nada muy bueno. Azúcar rubia, vinagre, mostaza, pulpa de tomate…Lo peor vino cuando algunos se acercaron a pedir que les convidara un poco para sus carnes. Horror.

No siempre me pasa, y tampoco sé porqué ocurre…será el tipo de cebolla, en fin. Lo único nuevo que puedo acotar al respecto es que nunca había rallado cebolla, sí apreté una mucho el otro día para conseguir jugo de cebolla porque no se me ocurría cómo obtenerlo.

Pensando en que no sería nada del otro mundo la pelé y empecé… rucucu rucucu rucu rucu (más o menos así es el ruído que hace). De repente, los ojos me comenzaron a picar y lagrimar con toda su fuerza, la boca se me llenó de un sabor amargo, la garganta se me puso apretada y comencé a sentir que la cebolla, en vez de rallarla, la estaba masticando. Me aguanté lo más que pude, terminé la faena y salí a tomar aire para volver a la normalidad. Rápidamente cobré la compostura, sin embargo quedé durante un buen rato, con esa sensación de alivio que produce el haber llorado un largo rato, pero de verdad, no por la cebolla. Qué les puedo decir, bien raro. Lamentablemente se trataba del ingrediente número 1 para esta salsa.

Mi única experiencia con la salsa barbecue son las veces que he ido a alguna de las clásicas cadenas estadounidenses, tipo Fraidays, donde siempre es parte de algún plato.Y la verdad es que nunca me convencieron mucho, algo pastosas, muy dulces, en fin… intuía también que esa cosa tan industrializada tampoco juega a favor de la salsa. Pero el desafío es el desafío y esta salsa es parte del libro. La tenía muy marcada para cuando tuviésemos la primera oportunidad de asado. Y esta se presentó justo este sábado.
El viernes en la noche la dejé lista mientras todos dormían.

La sensación fue muy cercana a estar preparando una pócima mágica. Todo oscuro, siguiendo las indicaciones de un gordo libro al pie de la letra y echándole a la olla con mantequilla los ingredientes más raros. No raros cada uno, pero sí la mezcla. Ya les conté lo que me pasó con la cebolla, luego vino el azúcar rubia, el vinagre, la salsa inglesa, la mostaza dijon y el concentrado de tomate. Lo freí todo como se indicaba, lo cociné por 10 minutos, y lo guardé en el refri.

Ya instalados en la parrilla al otro día, saqué mi pócima y con propiedad me puse a adobar la carne. Parece que le puse tanto empeño que mis compañeros parrilleros me comenzaron a pedir prestado. Con todo relajo la presté, pero la verdad mi susto era grande, de gusto no estaba malo, pero quién sabe qué podía ocurrir. El misterio se reveló una hora después…la carne quedó deliciosa y mi salsa barbecue (señora Lucía mediante) fue la estrella!

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