Marcelo Cicali: “Si vienes al Liguria por primera vez pide un Clery con un sánguche de pescado frito”

Conversamos con el Gerente Espiritual de Bar Restaurante Liguria sobre el libro que lanzaron, lo que ha visto en su trabajo estos últimos 26 años y la emotiva presentación íntima de Jorge González hace unos días.

Esta semana se lanzó el primer libro del bar restaurante Liguria donde los lectores se encontrarán con grandes historias ocurridas en sus 26 años de vida y las recetas emblemáticas de su carta. Además, de una excelente selección de fotografías y retratos de los personajes más icónicos del bar, los diversos locales y cocinas.

“1990, primer año del retorno de la democracia. En medio de la amarga resaca que nos dejó el innombrable después de 17 años. Se inauguró Bar Liguria para invitarnos a vencer la inercia y recuperar un espacio de libertad que habíamos perdido. Y así hemos seguido. Desde hace 26 años, el Liguria es un tugurio de buena muerte para comer y tomar. O para comer, tomar y conversar. O para comer, tomar, conversar, coquetear, cantar, conspirar, despedir, llorar, dar jugo, volver a comer y tomar, correr las sillas y bailar. Siempre con música fuerte y harto vino. Estas son las memorias de un bar sin memoria”.

Así arranca “Bar Restaurante Liguria. Memoria y Sabor” (libro editado por La Bonita Ediciones) con una crónica escrita por uno de sus fieles parroquianos Don Tinto (Álvaro Peralta), conocido columnista gastronómico chileno. Si alguno de los lectores es asiduo a este Bar Restaurante, seguro se sentirá ampliamente identificado con el relato de Tinto e incluso hasta podría sorprenderse con algún pasaje protagónico de esta historia que se ha escrito en los últimos 26 años.

Conversamos con el Gerente Espiritual del Liguria y socio, Marcelo Cicali quien se refirió al libro, nos explicó el por qué de la identidad orgullosa de sus creadores y parroquianos y además, comentó algunos detalles de lo que fue la presentación íntima, casi secreta, de Jorge González hace algunos días en el local de Manuel Montt.

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Una de las fotos del libro. Por Pin Campaña.

-¿Qué significa y qué implica ser Gerente Espiritual del Liguria?

Esto nació como un homenaje a Pato Fernández, director del Clinic, quien en un momento se tuvo que apartar de medio y luego regresó como Director Espiritual un poco haciendo el chiste con lo religioso. Yo me agarré de eso porque lo encontré muy bonito y bueno, me cargaba ser “Gerente”. A parte hay que transmitir un espíritu que, por lo menos en el bar, significa compañía, contención, cariño, una mirada más pausada que una meramente transaccional que ocurre en el comercio de vender piscola, sanguches o borgoña. Sino de la creación de espacios que sean distintos, espacios de cariño. Y yo soy el guía de eso.

-¿Por qué decidieron que Liguria fuera un lugar de recetas y comida tradicional en los 90’ donde la mayoría prefería un bar esnob con pinta de yuppie y especialmente donde abrieron el primer local?

Por casualidad y porque no sabíamos hacer otra cosa, yo vengo de lo que aprendí de mi abuelo y mi papá que siempre tuvieron este tipo de restaurantes. Y nosotros no sabíamos hacer otra cosa y estamos orgullosos de eso. Creemos que acá hay muchas cosas por contar, no creo en LA cocina chilena, creo en LAS cocinas chilenas. Chile es muy largo para pretender sintetizar en un restaurante de Providencia LAS cocinas de Chile. Lo que nosotros sí podemos sintetizar es la cocina urbana, la cocina de Santiago, con una pequeña pincelada de lo italiano que sigue quedando en nuestros genes.

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Foto: Denisse Leigthon.

-El Liguria es un referente de la cultura nacional, han promulgado el respeto por la identidad, que en general en Chile no es tan típico…

En este Chile, en el Chile de los 90’ pretendieron ignorarlo, por eso aparecieron los restobares, los pubs. Pero nosotros tenemos una memoria que fue transmitida por mi papá y mi abuelo. También por las personas que se acercaron al bar. Este lugar no solo es una construcción mía. Yo he sido un guía espiritual, pero esta es una comunidad, hay parroquianos que vienen; este cuadro que tu ves acá con una familia sobre un barco me lo trajo un hijo de inmigrante que me contó que es el mismo en el cual se vino mi abuelo.

Hemos ido armando algo y no en la medida que vamos comprando sino más bien con lo que hemos recibido. Y eso es lo que quisimos sintetizar con este libro, esa fue la idea original que ni yo ni mi hermano Juan Pablo (socio) la tenía. Pero sí Gabriela Precht que es la editora de editorial La Bonita quien soñó con el libro, nos persiguió y nos convenció de hacerlo. Hizo todo por este libro que fue ideado en Chile, diseñado en Londres e impreso en China. Imagínate que viajó por los océanos hasta llegar acá, bonito, esa es otra historia también. Estamos viviendo un momento en el que la gente sí puede hacer cosas, hay que proponérselo no más.

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Libro: “Bar Restaurante Liguria. Memoria y Sabor”.

-Justamente hablando del libro, hay una parte con las recetas pero también hay otra donde cuentan algunas anécdotas…

Existe una miscelánea al medio y una crónica que es la historia desde que abrimos el bar hasta el día de hoy narrada por Álvaro Peralta, “Don Tinto” en las redes sociales. Habla de cómo ha cambiado Chile o cómo Chile no ha cambiado en estos 26 años visto desde la barra del Liguria con una piscola o una cerveza comiendo maní y viendo la tarde y todas las tardes, meses y años. Se han permeado ciertas formas culturales de asumir nuestro patrimonio. Ojalá existieran muchos bares, como el Cinzano en Valparaíso, La Bomba en Valdivia.

Existen un montón de lugares repartidos por todo el país y el mundo. Quizás los bares sintetizan eso, van las personas solitarias o por ejemplo cuando fracasaste fuiste a un bar, cuando tuviste éxito también, cuando te patearon, cuando conociste a alguien, cuando nació una guagua, cuando falleció alguien… nosotros recogemos todas esas emociones en este libro y quisimos entregárselas.

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Foto: Denisse Leigthon.

-La fauna del Liguria no es la misma que la de todos los bares. Hay muchos artistas y creadores que han decidido que este sea su bar. ¿Por qué crees que se ha dado ese fenómeno?

Claro, yo creo que algo tiene que ver Providencia. No solamente nosotros, no son solo los cuadros, el piso de ajedrez, no son solo las maderas, también la decoración. Puedes comer mejor en otros lugares, puedes encontrar una carta de vinos más grande,

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pero hay un sin fin de múltiples actividades que ocurren en tu mente cuando vienes para acá y que ven ciertas personas que son más sensibles. Además, Providencia tiene un encanto, estás más o menos a 3 o 4 lucas de todas partes, puedes venir al Liguria desde cualquier lugar.

También tiene que ver con la gente que trabaja acá, que atiende… muchos de nuestros garzones son invitados a matrimonios de los clientes. Somos un tipo de habitantes a los que nos gusta relacionarnos. Hay relaciones en las que yo, el dueño, no tengo que ver. Ocurre en otros lados, por ejemplo Las Lanzas en Ñuñoa o antes El Dante al lado del teatro de la Universidad Católica o lo que fue mucho antes el Café Torres, son comunidades. Gente que quiere envejecer con una copa de vino y conversar con otro parroquiano.

-Si una persona viene por primera vez ¿qué le recomendarías?

Si vienes al Liguria por primera vez pide un Clery (borgoña blanco con chirimoya) con un sánguche de pescado frito en marraqueta, porque ahí muestra un poco la síntesis del Chile nuestro, de la Zona Central. Le diría que viniera un miércoles porque hay tango, chachachá con una pequeña gran orquesta de viejos músicos chilenos. Y que cuando fuera a partir la segunda jarra de borgoña se fuera para atrás, porque va a terminar piscoleando quizás con quién y bailando apretado también. Quién sabe, pero es muy entretenido.

– Para finalizar, me gustaría que me contaras cómo estuvo la experiencia del concierto íntimo que hizo Jorge González hace unos días atrás.

Lo que pasó con Jorge también es algo que caracteriza el cariño que nos tenemos mutuamente las personas que vienen este lugar. Jorge tocó muchas veces acá y siempre lograba crear, yo lo conversaba con gente, como unas misas. Y esta vez quisimos cerrar el bar e invitar amigos, precisamente para tener un espacio de amistad, contención, cariño y respeto mutuo para que Jorge volviera a mostrarnos su música y cómo la música se eleva por sobre el músico. Y las canciones envejecen tal como nosotros y las seguimos cantando a todo pulmón. Jorge cantaba y cantaba y en un momento se quedó callado, riéndose y nos miraba como nosotros cantábamos sus canciones de hace 30 años y también las nuevas, ya que por ejemplo el disco “Libro” es fundamental en mi vida.

Jorge logró crear, en conjunto con nosotros, un momento muy mágico y muy especial. Aparte yo puse una sola condición para los invitados: En este mismo privado donde estamos ahora, tu dejabas el celular, le poníamos una cinta y el número de carnet y a la salida lo retiraban. No se permitían los celulares, no solo por la fotos y videos, sino porque yo quería lograr dos cosas; uno la conexión con Jorge y dos la conexión y la emoción para compartirla con el que estaba al lado y eso no se iba a dar si estaban mirando Facebook, buscando likes en Instagram o twiteando. Y para las 200 personas que estuvimos acá, muchos lloramos, nos emocionamos, quisimos tocar a Jorge, fue un momento muy íntimo, muy superior.

Para mí Jorge además está a la altura del Gato Alquinta, de la Violeta, de Victor Jara. Jorge estaba con chaqueta de cuero cuando acá todos andábamos con poncho, hablaba contra la violencia hacia la mujer hace 30 años atrás. Jorge hoy llega y se muestra tan vulnerable e íntegro, tan de verdad y esa es su rebeldía. Mientras todos andamos disfrazados con sombrero, el pelo teñido, lleno de aros o lo que sea, Jorge se muestra tal cual es. Ser revolucionario hoy es ser bondadoso.

Ficha Técnica: “Bar Restaurante Liguria. Memoria y Sabor”

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La Bonita Ediciones

Idea original: Precht + Gaggero
Edición y dirección editorial: Gabriela Precht
Textos: Marcelo Cicali, Elena Pantoja, Lorena Penjean y Alvaro Peralta
Dirección de arte y diseño: Constanza Gaggero
Fotografía: Pin Campaña

PVP: $34.990
ISBN: 978-956-9844-00-3

Formato: 17 x 24 cm, 288 pp, tapa dura
+ sobrecubierta + stickers y cinto