Mano a mano con Manuel García

Inauguramos esta nueva sección con el cantautor Manuel García. Una amena charla en el restaurante Casamar atendido por Tomas Olivera.

Con licencia para divagar. Eso es lo entretenido de las entrevistas.  Y aunque nos pueda parecer que ya sabemos mucho de Manuel García, verán que no es así. Y que tiene tantas historias como Sherezada tuvo para hacer las Mil y una noches.

La conversación escurre y salpican detalles curiosos. Ejemplo: a Manuel le hubiera encantado encarnar a figuras como Elvis o Cerati, pero a él le resulta otra cosa: la folclórica, reflexiva, melódica.

¿Pero por qué estamos hablando de Elvis? Eso tiene que ver con otro Manuel García: su papá. El que a cualquier hora del día podía abrir su casa a un amigo recién conocido en la calle y armar una fiesta con guitarras, pescado frito en palanganas y vino. O al menos así era cuando Manuel, el hijo, era chico y era testigo y a veces también protagonista de esas jornadas en el patio de su casa.

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“Él todo lo toca como la Nueva Ola. Todo lo transforma en Los Ramblers, los Zabaleta. Eso cantaba mi papá. En esa dinámica, tiene un rasgueo y un sabor medio Elvis Presley, que yo trato de buscar, pero no me resulta. Él tiene un swing, una cosa deliciosa”.

Sí, esta introducción se está volviendo un poco larga, pero créanme que tiene todo que ver con lo que Manuel quiere contar hoy. Poco después del mediodía de un viernes, junto a Carlos Fonseca, su manager, llega todo aplicado a Casamar (sí, en Las Condes, díganle burgués), con el libro del chef anfitrión, Tomás Olivera, bajo el brazo. “Lo leí entero”, le dice a Olivera.

En Cocinero+Casero+De autor, Olivera (@TOLchef), habla de la acción emotiva de las comidas. Y mientras vamos probando su cebiche de salmón, tostaditas con palta y arrollado de malaya, camarones al ajillo y ostiones apanados con porotos granados de la entrada, Manuel empieza un viaje largo. Desde el patio de su casa, de cuando tenía unos 4 años, pasando por las encrucijadas que lo pusieron acá, frente a nosotros,  convertido en el trovador estrella del momento. Suena un poco feo eso de estrella con alguien como él. O no calza. Pero el asunto es que Manuel hoy llena teatros, aparece en los medios con cierta frecuencia, ya pasó por el Festival de Viña y va por más. Ahora viene una nueva gira por el norte, luego, otra por Europa. Y después, para rematar, otro gran concierto en el teatro Caupolicán el 19 de julio, “Guitarras diamante”, en que va a presentar canciones de su próximo disco, un homenaje a la guitarra.

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Foto: Wain