La trilogía de Lastarria: Zabo

Esta es la primera parte de una trilogía de restaurantes para visitar en el barrio Lastarria de Santiago.

Sushi y alcohol es la apuesta bien honesta de Zabo, en la plaza Mulato Gil de Castro. Lleva unos pocos años de vida, y se ha convertido en un pequeño clásico, de aquellos que repites varias veces en un año.

Ofrece un agradable ambiente, atención diligente y una amplia variedad de vinos y platos, y aunque el nuevo Zabo se lleva toda la popularidad por estos días, el de Lastarria toma nuevos aires y se conserva tan bueno como en el comienzo.

En general, los platos llegan rápido por lo que no es necesario pedir una entrada. Más vale reservarse y atacar directo el largo listado de rolls, aunque las gyosas aquí no defraudan.

Después de varias visitas debemos confesar que, siempre, hay dos que no pueden faltar en nuestra mesa. La combinación tempura con tinta de calamar del “Mulato” es muy atractiva para el ojo y la boca.

El “Mirinda“, un poco tradicional roll con pollo, almendras tostadas y bañado en salsa de mandarina, es agridulce y realmente bien especial, si es que te lo sirven con abundante salsa.

La extensa carta del Zabo merece ser explorada. La última vez nos atrevimos con el “Ibérico Roll” de albahaca, jamón serrano y una fantástica salsa de cilantro, una mezcla no muy japonesa pero muy bien lograda.

El “Acevichado” roll es distinto (en la foto), y da pie para una sub carta de platos más Nikkei, o fusión… como quieran llamarlo.

Los postres no son el fuerte de éste restobar, pero para terminar, funciona el cheesecake de frambuesas -para compartir entre dos- y el mousse de chocolate. Suficiente dulce para contrarrestar lo salado del sushi. Sumando y restando, pagas por algo bueno, con un ambiente muy bien pensado y a un precio que te deja completamente satisfecho.