Qué son los alimentos funcionales

Descubre qué son los alimentos funcionales y los diferentes tipos que existen. Y nunca olvides que no curan enfermedades de forma individual aunque puedan aportar beneficios a nuestro organismo.

Desde hace algunos años, es muy común escuchar en diversos medios de comunicación y encontrar en la tienda habitual de compra, ciertos tipos de alimentos enriquecidos con ácidos grasos omega-3, ricos en calcio o en fibra, con fitoesteroles, etc., que reciben el nombre de alimentos funcionales. Hoy en día, los conceptos básicos de nutrición han experimentado un cambio sustancial en su planteamiento debido a este tipo de alimentos y los beneficios que aportan.

El tradicional concepto de “nutrición adecuada”, definía al alimento como “cualquier producto, natural o transformado, que suministra al organismo que lo ingiere, la energía y las sustancias químicas necesarias para mantenerse en buen estado de salud”, y consideraba a los nutrientes, como “las sustancias químicas contenidas en los alimentos que el organismo utiliza, transforma e incorpora a sus propios tejidos para cumplir tres fines básicos”.

Poco después, esta definición fundamental se amplió con una función secundaria que atribuía a los alimentos la capacidad de estimular el apetito, según el grado de aceptación o rechazo que provocasen, que dependía de forma directa de sus propiedades sensoriales (color, olor, y textura). Esta segunda función que se podría clasificar como “sensitiva” ejerce una influencia favorable sobre las secreciones gástricas, hepáticas y pancreáticas, así como sobre la motilidad del tubo digestivo.

Finalmente, surge el concepto de “nutrición óptima”, denominación moderna en la que además de las anteriores características, se le otorga a ciertos alimentos una “tercera función” saludable por la que nos aportan un efecto positivo en la promoción de la salud, mejora del bienestar y reducción del riesgo de desarrollar cierto tipo de enfermedades.

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Entre los diferentes tipos de alimentos funcionales encontramos: los probióticos, prebióticos, fibra dietética, aceite de oliva, pescado azul, ácido linoleico, frutos secos, el ajo, la soja, vinos frutas, té, tomates, zanahorias, pimientos, y muchos más de los que podremos hablar más adelante en profundidad.

Hay que aclarar que aunque estos alimentos funcionales nos aportan un valor añadido a nuestra salud, no deben ser supervalorados y deben ser considerados como un complemento más a una dieta equilibrada y saludable y un estilo de vida activo.

Por lo tanto afirmaremos que los alimentos funcionales no sirven para curar o prevenir enfermedades de forma independiente, y que por consiguiente, no son indispensables en nuestra dieta diaria. De hecho, ciertos profesionales de la nutrición advierten que con ciertos nutrientes (ciertas vitaminas y fotoquímicos), si no se controla el consumo de estos alimentos, se pueden superar con creces las recomendaciones diarias de ingestas eliminando su efecto positivo.