La dieta hipocrática

Es con Hipocrátes cuando la dietética se incorpora a la medicina, aumentando el aspecto técnico de la misma, y fundamentalmente el higiénico

Si nombramos a Hipócrates (460 a 377 a.C.) seguro que a muchos os sonará por el juramento hipocrático, pero al igual que hicimos con Pitágoras y su dieta, también podemos hablar de una dieta hipocrática. Y es que es con Hipocrátes cuando la dietética se incorpora a la medicina, aumentando el aspecto técnico de la misma, y fundamentalmente el higiénico.

En qué consiste la dieta hipocrática

La salud se entendía como el equilibrio entre lo que nutre (los alimentos) y lo que desgasta (principalmente los ejercicios). De esta forma se podían dar varios supuestos, uno en el que había exceso de alimento que se conocía como “plétora” y otro en el que había falta de ejercicio que se conocía como “vacuidad”. Y la dieta entraba en juego para corregir estos desvíos desde un punto de vista de mejorar las características del individuo.

Por supuesto estamos en una época donde los eruditos creen en ciertos elementos un tanto filosóficos y juegan parte también del escenario elementos fundamentales como el fuego, el agua, la tierra, las emociones, el alma, etc. En la base de la dieta estaban los individuos “bobos” que eran los individuos en los que predominaba el agua sobre le fuego, esto daba como consecuencia un alma lenta a la que la alcanzaban las emociones. Su dieta era clara: almentos secos y poco cantidad. Ejercicio abundante y activo. Baños y después de los baños vómitos. Así de clara era.

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cc Christian Frausto Bernal

De esta forma la dietética de la época se sustentaba en seis pilares básicos: la alimentación, el ejercicio, los baños, la actividad sexual, las evacuaciones y los sueños.

  • La alimentación era importante su cantidad, calidad, gusto, procedencia, aspecto, grado de frescura y de preparación (de gran importancia esta última, clasificándose en función de ésta en naturales y artificiales).
  • En cuanto a los ejercicios también se clasificaban en naturales y artificiales, siendo los naturales, la vista, el oído y el pensamiento, que al parecer secaban el cuerpo (en antítesis con los bobos que lo tenían hiperhidratado).
  • Los baños podían ser fríos o calientes y con o sin ungüentos.
  • La actividad sexual se consideraba que adelgazaba, humedecía y calentaba.
  • Entre las evacuaciones se hablaba de purgas y de vómitos, que servían para corregir excesos alimentarios.
  • Y por último los sueños que debían ser controlados en cuanto a duración, relación con las comidas, y calidad del lecho.

La sabiduría popular de la dieta hipocrática

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cc goodiesfirst

Para llegar al pensamiento de la dietética hipocrática tenían en cuenta dos corrientes, uno el pensamiento por analogía y otra corriente que era la sabiduría popular. De esta se obtenía el conocimiento de las propiedades de los alimentos como la mayor flatulencia de las habas que de los guisantes, la mayor energía del trigo que de la cebada y el mayor poder laxante de esta última sobre el primero, etc.

En cuanto al pensamiento por analogía se obtenían propiedades de los alimentos en función de sus características, por ejemplo las carnes más fuertes son las de los animales que mayor ejercicio hacen, y de las regiones más ejercitadas, o las mejores cualidades de los alimentos poco elaborados por estar más cerca de lo vivo, y el mayor poder laxante de los alimentos madurados por estar más cerca de la corrupción.

La dieta ideal no existe

En la dieta hipocrática cada dieta debía diseñarse ex proceso para cada individuo. En este sentido las dietas tenían dos principios fundamentales, el de compensación y el de conformidad. Por el principio de compensación se trataba de paliar los excesos, por ejemplo en invierno (época húmeda), se debía consumir una alimentación seca, poca bebida y de predilección debería ser vino lo más seco posible, así como asados y pan, siendo consumidas las verduras en poca cantidad. La edad y el sexo también eran definitorios de compensación ya que se consideraba a los jóvenes secos y duros y a las mujeres y ancianos como húmedos y flojos.

El principio de conformidad indicaba que todo cambio brusco era nefasto, y por tanto que el acúmulo de cambios también lo era, por lo que los cambios en la dieta debían realizarse de forma progresiva.